SE FUE EL ROMANCE Y LA COPLA
En el 90 aniversario de Lorca, Antonio Gutierrez rinde homenaje al poeta granadino con “Se fue el romance y la copla”, un poema nacido de un recuerdo de infancia y de la convicción de que Federico sigue vivo en sus versos y en Granada.

En el 90 aniversario del asesinato de Federico García Lorca, quiero rendirle homenaje con este poema, “Se fue el romance y la copla”, nacido de un recuerdo que me ha acompañado prácticamente durante toda mi vida. Yo tenía cuatro años cuando le mataron y, desde que tengo uso de razón, lo tengo presente. Su figura, su poesía y aquella muerte injusta han permanecido siempre de algún modo en mi memoria.
En estos versos he querido recorrer algunos de los grandes símbolos que identifico con Lorca y con su tierra: Granada, la luna, los gitanos, la guitarra, los olivares, Sierra Nevada y la Alhambra. Con ellos intento evocar aquella madrugada trágica de 1936, pero también recordar que su muerte no consiguió acabar con su voz.
Siempre he pensado que quienes quisieron silenciarlo consiguieron justamente lo contrario. Federico quedó para siempre en sus poemas, en su teatro y en esa manera tan particular de cantar a Granada y a Andalucía.
Noventa años después, sigo sintiendo que García Lorca no ha muerto. Vive en sus versos, en sus personajes, en el recuerdo de su tierra y en todos aquellos que continuamos leyéndolo y nombrándolo. Por eso termino convencido de algo que he querido dejar reflejado en el poema: Granada es Andalucía y García Lorca, Granada.
SE FUE EL ROMANCE Y LA COPLA
Granada cristiana y mora,
bella flor de Andalucía,
en sus perfiles romanos
hay una fragua encendida.
Se quemaron sus ojeras,
sintió fuego en las entrañas
y con llanto fue apagando
los juncos de sus pestañas.
Le arrancaron de tirón
el clavel de la pechera
y quedó su corazón
sin lunas de primavera.
Sus manos de bailaora
son dos palomas heridas,
que se fueron con la aurora
una noche fratricida.
Olivares en silencio,
aire frío en la enramada,
el duende de los gitanos
va con las manos atadas.
Una maldición gitana
lleva Granada en la boca:
murió el poeta andaluz
Federico García Lorca.
Y sin doblar las campanas
se fue el romance y la copla,
la guitarra de sus versos
quedó con las cuerdas rotas.
Enmudeció Andalucía,
se estremeció la Giralda,
se apagaron las farolas
que iluminaban la Alhambra.
Tembló la noche y la luna,
se enlutó Sierra Nevada
y lloró el pueblo andaluz
por su sangre derramada.
Manos sucias le mataron
como alimaña en la sierra,
sus verdugos no pensaron
que le daban vida eterna.
Quisieron y no pudieron
borrarle su trayectoria:
Yerma y Mariana Pineda
son su bandera de gloria.
En los tablaos del cielo
dice una placa grabada
«Aquí estuvo García Lorca,
pero se marchó a Granada».
Cádiz, Málaga, Jaén,
Córdoba, Huelva, Sevilla
y Almería soleada
se han puesto traje y mantilla
para cantarle a Granada.
Y Granada se divierte,
Granada tiene alegría,
García Lorca no ha muerto:
está vivo todavía.
El Romancero gitano
lo lleva en su letanía
para que el mundo
no olvide su copla y su poesía.
Verde, que te quiero verde,
verde pino, verde rama.
Granada es Andalucía
y García Lorca, Granada.

