EL PAPEL DE LA MUJER EN DISTINTAS SOCIEDADES
María Vives Gomila analiza el papel de la mujer en distintas sociedades a través de la historia y de las protagonistas de Profetes de silencis: Kàhina, Agnès y Lara.

Conocemos el papel de la mujer a lo largo de la historia y cómo ha sido relegada su función a actividades domésticas y al cuidado de su esposo e hijos.
Los cuatro periodos del feminismo han sido determinantes para reivindicar el papel de la mujer en la sociedad. Tras numerosas peticiones a favor de sus derechos y su correspondiente rechazo, no fue hasta finalizada la Primera Guerra Mundial cuando el Reino Unido aceptó el sufragio femenino. De este modo, este derecho consiguió ser una realidad a finales del siglo XIX en Nueva Zelanda y posteriormente fue aceptado en Australia, Finlandia, Rusia y Estados Unidos[1].
En el mundo judío, la sumisión era aceptada por ley, la mujer estaba al servicio del hombre y su familia. También se minimizaría su papel en el ámbito científico, social, político económico y religioso[2].
A pesar de reducir su valoración, la mujer ha dejado huella a lo largo del tiempo. Tenemos numerosos ejemplos: como María de Magdala, apóstol de apóstoles en los primeros tiempos del cristianismo y con un papel activo dentro de su comunidad; Clara de Asís, en el siglo XIII, sigue los pasos de Francisco, El Poverello; Teresa de Jesús, en el siglo XVI deja su huella con la reforma del Carmelo; Simone de Beauvoir en 1949 sostiene que ‘la principal tarea de la mujer es la de reconquistar su propia identidad’ y numerosas teólogas actuales reivindican el papel de la mujer en la iglesia[3].
La lectura de Profetes de silencis[4] me ha permitido adentrarme en el mundo femenino a través de sus respectivas protagonistas: Kàhina, Agnès y Lara, que, perteneciendo a épocas y culturas diferentes, tratan de resolver determinados problemas en los que se ven involucradas. Cada una de estas historias refleja no sólo la capacidad de las protagonistas para gestionar sus dificultades, sino que nos permite observar el trato similar que la mujer ha recibido de su entorno.
Kàhina (1231), la enviada almohade a Menorca, fue artífice del Tratado de Capdepera (Mallorca), al llevar a buen término las negociaciones entre Jaime I de Aragón y el Cadí de Menorca.
Ante la imposición que sugería el Consejo de ancianos, Kàhina intentó hacerles ver la importancia de ponerse en la piel del enemigo, de tratar de dialogar para no perder la independencia de la Isla, de ceder para ganar y de pagar un tributo para evitar ser dominados.
No obstante el beneficio que suponía el tratado para cada parte, una frase despectiva del rey, en la que desmerecía a Kàhina como mujer y ensombrecía su función diplomática, hizo que recayera en él el éxito del tratado que ella había propiciado. Este hecho situaba a Kàhina en un lugar irrelevante: ‘el que se merecía como mujer y según sus enemigos, una mujer prostituida’. A su regreso a Menorca, fue juzgada y recluida en el Castillo de Sent Agaiz.
La segunda historia es la de Agnès Ballester (1671), una mujer que sufre las denuncias de la inquisición como consecuencia de las tensiones habidas entre la iglesia secular y la orden de los franciscanos en una población de Menorca. Esta pugna de competencias entre instituciones recaería sobre Agnès, a la que se acusaría de ser un mal ejemplo para la moral y la pureza de la época.
La iglesia se sentía con el deber de preservar al grupo de jóvenes católicos de la influencia de Agnès que podría contaminarlos con sus teorías sobre el judaísmo. El descubrimiento de un libro de inspiración protestante entre las obras que manejaba el grupo de jóvenes, unido al hecho de que Agnès mantenía una relación pecaminosa con el guardián del convento (con quien sólo investigaba los cuadernos que había escondido Kàhina en las ruinas del castillo de Santa Águeda) fue motivo suficiente para condenarla.
Agnès fue denunciada y llevada a juicio. En su defensa sostendría: Las personas necesitan vivir con otras personas; nuestras necesidades de progresar dependen de la colaboración que seamos capaces de establecer. Que el grupo sea provechoso o pernicioso depende de la armonía de los miembros que lo forman. Al hablar de los otros sin miramientos prende la difamación. Se refería a las personas que habían condenado y confundido su relación con un religioso, con quien compartía el descubrimiento y análisis de textos y de documentos hallados en el castillo de Santa Águeda. A ello se añadía su relación con el carpintero del pueblo. Agnès fue condenada y desterrada de la isla.
Finalmente, Lara es la persona que inicia y concluye el relato de esta obra (1941). La confluencia de diversos ejes: la posguerra española, la consecuencia de la Segunda Guerra Mundial en el Mediterráneo y las actividades de una población menorquina en la postguerra configuran el sustrato de esta historia. El régimen franquista, que había apresado a su padre y hermanos en el castillo de Bellver, propone a Lara que para salvarlos debía espiar y delatar a sus amigos de Menorca e implicarlos en el origen de Radio Pirenaica. Su capacidad intuitiva le permitiría no delatar a sus amigos y salvar a su familia trabajando para los británicos con la ayuda de un grupo de insurgentes de la referida población menorquina.
Las tres historias muestran el trato que ha recibido la mujer en diferentes épocas, dos de ellas sufren un proceso condenatorio con juicio. Kàhina había favorecido el tratado entre Jaime I de Mayürga y el Cadí de Manürga y conseguiría para los menorquines un estado de independencia y libertad. Agnès, ‘la hereje’, abría un camino de cooperación entre seguidores de religiones distintas, pero esto carecía de relevancia y sería castigada por ello.
La mujer en todos los casos había conseguido la solución más adecuada –al intervenir para mantener la paz, al colaborar en la investigación de documentos antiguos o salvar a su familia de la prisión-; pero cometió un error capital, su intuición e inteligencia estaban generando cambios significativos para su comunidad. Este hecho no podía ser tolerado por sus compañeros que continuaban considerando a la mujer un ser de rango inferior; se apropiarían de su éxito y del derecho a juzgarla sin analizar en profundidad sus acusaciones.
Volvíamos al principio, a saborear la raíz de las primitivas civilizaciones que, junto a las actuales, serían incapaces de admitir la igualdad entre los seres humanos, la posibilidad de trabajar en equipo o emitir juicios sin pruebas y lo que esto podría representar para el progreso del país y de un pequeño país insular.

[1] Sobre el feminismo, artículo publicado en Granada Costa, el 28 de febrero de 2025 y en el Diari de Menorca, el 6 de marzo de 2025.
[2] Iglesia, Política, Poder. Artículo publicado en el periódico Nacional Granada Costa, el 31 de agosto de 2025.
[3] En Intercambios epistolares entre Ana y Marta, apartados 17 y 18. En M. Vives (2023). Vidas cruzadas. Granada: Granada Club. Selección.
[4] Anselm Barber Luz (2025). Profetes de silencis. Fòrum 3r Mil·lenni. Associació Unesco-Centre d’Estudis Locals d’Alaior. Gráfiques Menorca – Editorial Menorca.

Se ha adelantado mucho a favor de la mujer, pero aún queda por conseguir, entre todas lo conseguiremos.