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Crítica literaria de Las alas del viento, de María Vives Gomila

Crítica literaria de Las alas del viento, de María Vives Gomila. José Escriba nos acerca a una obra serena y humanista, marcada por la memoria, la sensibilidad, la psicología, la espiritualidad y el compromiso con la vida.

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Tras leer el perfil de María Vives Gomila en Quién es Quién. Voces del Siglo XXI, me picó la curiosidad por saber quién era realmente aquella mujer que aparecía unida a la psicología, la docencia universitaria, la investigación, la literatura y el compromiso humano. A veces, una trayectoria resumida en unas páginas despierta más preguntas que respuestas: ¿qué sensibilidad hay detrás de tantos méritos?, ¿qué mirada sostiene una vida dedicada al conocimiento y a los demás? Esa curiosidad me llevó a acercarme a Las alas del viento, y en sus páginas encontré algo más que una obra literaria: encontré a María Vives desde dentro, desde su pensamiento, su memoria, sus afectos, sus búsquedas y su forma serena de entender la vida.


Las alas del viento, de María Vives Gomila, es un libro que no puede leerse únicamente como una recopilación de textos, poemas o recuerdos. Es, ante todo, el reflejo de una vida construida sobre la cultura, la sensibilidad, la observación del ser humano y una profunda vocación de servicio. La obra, editada por Granada Club Selección, aparece vinculada al Premio Humanidades de Literatura Granada Costa 2019, concedido a la autora por su trayectoria literaria, docente, investigadora y humana.

Maria Vives

Desde las primeras páginas se percibe que estamos ante una autora de sólida formación intelectual, pero también de gran hondura emocional. María Vives no escribe desde la superficialidad ni desde el artificio, sino desde una experiencia vital largamente meditada. Su palabra nace de la reflexión, pero también del afecto; de la ciencia, pero también de la espiritualidad; de la memoria, pero también de la esperanza.

Uno de los aspectos más valiosos de este libro es la forma en que la autora convierte la vida en camino. La imagen del sendero aparece de manera constante: caminos abiertos, barreras que se rompen, desiertos interiores, travesías, búsquedas y destinos todavía desconocidos. Esta simbología no es casual. En María Vives, caminar significa vivir, aprender, equivocarse, superar pérdidas y encontrar, poco a poco, una claridad interior. Su poesía no pretende ofrecer respuestas cerradas, sino acompañar al lector en el proceso de hacerse preguntas.

La formación psicológica de la autora se nota en su manera de mirar el alma humana. Sus textos hablan de la memoria, los afectos, la pérdida, el duelo, la amistad, el compromiso y el crecimiento personal con una naturalidad que nace de quien ha escuchado mucho y ha observado con profundidad. María Vives sabe que el ser humano es complejo, que está hecho de luces y sombras, de heridas y reconstrucciones, de silencios y palabras necesarias. Por eso su escritura tiene un tono tan humano: porque no juzga la vida, la contempla y trata de comprenderla.

En el plano poético, Las alas del viento posee una voz serena, sobria y reflexiva. Sus versos no buscan el impacto fácil ni la emoción exagerada. La autora prefiere un ritmo más cercano a la meditación, al pensamiento interior, a la confesión pausada. En algunos poemas, la palabra parece avanzar como quien abre una puerta con cuidado; en otros, se convierte en una forma de ordenar sentimientos que estaban dispersos. Hay en su escritura una voluntad clara de dar nombre a lo vivido.

Destacan especialmente los textos dedicados a la memoria y a los afectos. Cuando María Vives escribe sobre las personas queridas, sobre la ausencia o sobre la amistad, lo hace con una emoción contenida, sin caer en sentimentalismos. Esa contención da fuerza a su poesía. Se percibe una mujer agradecida, consciente de lo recibido, pero también marcada por las pérdidas inevitables que acompañan a toda vida intensa.

Otro elemento importante es la dimensión humanista de la obra. María Vives no separa conocimiento y sensibilidad. Para ella, pensar también es amar; recordar también es comprender; escribir también es ayudar a iluminar la realidad. Esa unión entre inteligencia y ternura es una de las grandes virtudes del libro. Su literatura no busca alejarse del mundo, sino acercarse más a él, especialmente al mundo interior de las personas.

Como lector, he encontrado en Las alas del viento una obra de madurez. No es un libro juvenil ni impulsivo, sino un libro reposado, escrito desde la experiencia y desde una conciencia muy clara de lo que significa vivir. Quizá en algunos momentos la autora se inclina más hacia la reflexión que hacia la imagen puramente poética, pero esa característica forma parte de su autenticidad. María Vives escribe como piensa y siente: con claridad, con respeto por la palabra y con deseo de comunicar algo verdadero.

En definitiva, Las alas del viento me ha permitido conocer a María Vives más allá de su currículum y de sus reconocimientos. He descubierto a una autora sensible, culta, espiritual, comprometida y profundamente humana. Una mujer que ha hecho de la literatura una prolongación natural de su vida, y que en este libro nos deja una invitación a caminar, recordar, comprender y seguir buscando la luz incluso en los tramos más difíciles del camino.

José Escriba
Ciudadano del Mundo

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