El valor de las preguntas que nunca se pronunciaron
Preguntas nunca pronunciadas: Alberto Blanco Rubio reflexiona sobre el miedo a preguntar, la humanidad, la aceptación y el camino hacia la paz.

Muchas veces me he preguntado qué respuestas hay detrás de las preguntas que nunca se hicieron, quizá por temor, quizá por la falta de confianza para formular la cuestión o quizá porque podemos llegar a saber o intuir que hay preguntas que no admiten respuestas. Y, entonces, siempre acaba apareciendo el mismo interrogante. ¿Y sí hubiera realizado la pregunta, que habría ocurrido? Pienso en todos los amores que se pueden haber perdido, o no haberse producido, en esos caminos de la vida que se dejaron de recorrer o, simplemente, en experiencias que se dejaron de sentir. ¿Tan importante puede ser una pregunta? Sí. Quizá la sabiduría puede residir en hacer preguntas, no en mostrar que sabemos las respuestas. Así lo entendió el filósofo Sócrates y lo reflejó a través de su método de enseñanza: la mayéutica. No deberíamos tener miedo a preguntar, aunque muchas veces nos cueste dar forma a esa cuestión que ronda por nuestra mente. Y quizá, a través de las preguntas, podamos llegar a comprender, aunque sea mínimamente, el concepto de humanidad, tan denostado en esta sociedad actual. Porque para conocer a otros seres humanos y respetarlos, basta con hacer una pregunta. ¿Serás capaz de aceptarme, aunque tenga otra manera de pensar, de sentir, otro color de piel y hable con otro lenguaje distinto? Quizá, cuando estemos preparado para dar forma a una única respuesta, todos unidos, podamos por fin hablar de PAZ.

