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Yo, ciudadano del mundo, sin patria y con todas,
testigo de encuentros que dejan huella en el alma,
alzo mi voz desde la memoria viva de un instante
que no fue solo acto, ni ceremonia, ni premio,
sino revelación de dos presencias luminosas
que se alzaron con verdad ante los ojos del tiempo.

Fue allí, en la entrega de los Ecos de las Leyendas,
donde la palabra se hizo carne y emoción,
donde el aplauso no fue protocolo ni costumbre,
sino respuesta sincera del corazón presente,
y donde la mirada atenta, silenciosa y profunda,
descubrió grandeza más allá de lo evidente.

Carmen, raíz nacida en la luz de Melilla,
ciudad de encuentros, de culturas entrelazadas,
donde el alma aprende desde niña a ser abierta,
creció con la sensibilidad de quien observa y siente,
hasta ser reconocida como Melillense del Año,
honor que no premia un instante, sino toda una vida.

Maestra por vocación, por destino y por entrega,
ha sembrado en generaciones la fuerza del conocimiento,
no como imposición, sino como siembra de esperanza,
dejando en cada aula una huella invisible
que el tiempo no borra, sino que multiplica
en cada alumno que aprendió a mirar con dignidad.

Alfredo, nacido entre la firmeza del norte,
aprendió pronto que la vida exige ser contada,
que la palabra es puente entre lo vivido y lo narrado,
y que el periodista no solo observa, sino interpreta,
convirtiendo cada historia en espejo del mundo
y cada experiencia en memoria compartida.

Su trayectoria es camino abierto en muchos horizontes,
prensa, radio, televisión, escenarios y relatos,
una vida dedicada a comprender la realidad
y a ofrecerla con claridad, con rigor y con mirada humana,
haciendo del oficio un arte y del arte una responsabilidad
que no se abandona ni con el paso del tiempo.

Pero fue en aquel instante, bajo luces y miradas,
cuando ambos, Carmen y Alfredo, se alzaron juntos,
no solo como nombres llamados a un escenario,
sino como símbolos vivos de una trayectoria,
al recibir el Premio Eco de las Leyendas,
reconocimiento que abraza la vida entera.

Y entonces ocurrió lo que no cabe en el protocolo,
lo que nace cuando la emoción supera la forma,
cuando la solemnidad se rinde ante lo auténtico,
y Carmen y Alfredo, con natural grandeza,
deleitaron a los asistentes con un baile,
como quien celebra la vida desde lo más profundo.

Alfredo Amestoy
Carmen Carrasco Ramos

No fue solo danza, ni gesto improvisado,
fue la armonía entre dos formas de entender el mundo,
la poesía hecha movimiento en Carmen,
la experiencia hecha presencia en Alfredo,
un instante que quedó grabado en los corazones
como un símbolo de alegría compartida.

Carmen, que escribe desde la emoción sincera,
mostró que la poesía no vive solo en los versos,
sino en la manera de caminar, de sentir, de estar,
en cada gesto donde la belleza se hace visible
y donde la vida se transforma en arte
sin necesidad de artificios ni adornos.

Alfredo, que ha narrado tantas vidas ajenas,
se convirtió en protagonista de un instante único,
demostrando que la experiencia no apaga el entusiasmo,
que el tiempo no limita la capacidad de celebrar,
y que la vida, cuando se ha vivido con intensidad,
merece ser danzada con la misma pasión con que se cuenta.

Dos trayectorias distintas, unidas en esencia,
la enseñanza y la palabra, la poesía y la historia,
el cuidado del alma y la comprensión del mundo,
la sensibilidad que abraza y la mirada que analiza,
formando un equilibrio que no se improvisa,
sino que se construye a lo largo de los años.

Ambos enamorados de la Costa Tropical,
donde el mar y la luz abrazan la vida cotidiana,
Carmen, como hija adoptiva de Molvízar querido,
lleva en su alma el latido de ese pueblo que la honra,
y Alfredo, residente en Motril desde hace décadas,
ha hecho de esa tierra sur su hogar y su horizonte.

Carmen, hija de Melilla y alma de muchos lugares,
adoptada por tierras que la sienten como propia,
ha sabido unir territorios con la palabra,
haciendo de la cultura un hogar compartido,
donde cada verso es un puente
y cada acto una forma de entrega.

Alfredo, viajero incansable de la comunicación,
ha cruzado fronteras físicas y humanas,
llevando su mirada a distintos escenarios,
y recogiendo en cada experiencia un aprendizaje
que luego transforma en relato, en memoria, en legado
para quienes buscan comprender su tiempo.

Y yo, ciudadano del mundo, los nombro juntos,
porque en ellos reconozco lo esencial de lo humano,
la entrega sin cálculo, la verdad sin artificio,
la cultura como forma de trascender el tiempo,
y la vida entendida como un acto de generosidad.

Por eso los elevo en este canto sin fronteras,
por eso los dejo escritos en la memoria viva,
porque mientras exista la palabra sincera,
mientras haya quien enseñe y quien cuente,
mientras la vida se celebre con autenticidad,
Carmen y Alfredo seguirán siendo leyenda.

José Escriba
Ciudadano del Mundo

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2 pensamientos sobre “EXALTACIÓN DE DOS VOCES: CARMEN Y ALFREDO

  1. Es un relato bellísimo para dos personas apasionadas de la palabra escrita y en la voz, aún tengo en mis retinas la imagen de Alfredo en TV y el discurso de Carmen con sus poemas musicados y escenógrafiados, bellos los dos, un 🫂

  2. Excelente proclama a dos personas extraordinarias que se implican en la cultura sin hacer ruido.
    Un abrazo grande a todos, los que de un modo u otro , participan de este maravilloso proyecto cultural.
    Shãlôn. Sabiote

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