Portada » XVIII Certamen de Poesía Ítrabo: Un Homenaje a la Palabra, las Raíces y la Memoria
Rotativo
María Ángeles Fernández, José Segura, Antonio Jesús Carrascosa, Moisés Navarro y Marcelino Arellano

El municipio de Ítrabo se vistió de gala para celebrar la decimoctava edición de su prestigioso Certamen de Poesía Castellana «Poeta Marcelino Arellano Alabarces». En una jornada cargada de emoción, se entregaron los premios de las categorías escolar y nacional, y se presentó la obra más reciente del autor que da nombre al concurso, reafirmando que la cultura es el motor vivo de este «paraíso entre la nieve y el mar».

María Ángeles Fernández, Concejala de Cultura del Ayuntamiento de Ítrabo, encargada de dar la bienvenida al evento.
María Venegas, Técnica de Cultura del Ayuntamiento de Ítrabo, encarga de presentar a los participantes.

1. Sembrando el futuro: El Certamen Escolar

La ceremonia comenzó con un reconocimiento a los más jóvenes. El alcalde, Antonio Jesús Carrascosa, y la concejala de cultura, María Ángeles Fernández, entregaron premios de dibujo y poesía a los alumnos del colegio local.

Entre los pequeños talentos destacaron:

  • Arly Santiago Mesa González en la categoría infantil.
  • Melissa Johana, quien conmovió al público leyendo su poema sobre las fiestas de agosto y la Virgen de la Salud.
  • Lucía Busto Salas, quien describió a Ítrabo como un «paraíso sin igual» donde la gente se quiere quedar sin importar su nacionalidad.
  • Brittany Juliana Pineda González, cuyo poema resaltó el «aroma serrano» y la belleza de las calles blancas del pueblo.

2. Los Ganadores del XVIII Certamen Nacional

Tras la lectura del acta por un jurado de expertos compuesto por Rafael Bordoy, Joan Cabalgante y Manuel Fernández Jorda, se anunciaron los ganadores de entre los casi 200 poemas presentados de diversas partes del mundo (incluyendo Canadá, Paraguay e Inglaterra).

  • Primer Premio: Diego Reche Artero (Almería) por su obra «Poética del domingo», dotado con 800 €. El autor compartió cómo la tarde del domingo, antes un momento de melancolía juvenil, se ha convertido para él en un espacio de reflexión y gratitud.
  • Segundo Premio: Alfonso Ponce Gómez (Albacete) por el poema «Abril», un texto descrito como «extraordinario» que quedó a tan solo medio punto del ganador.
  • Premio Local: Carmen Alabarces, quien animó a todos a seguir escribiendo para que la cultura no decaiga.
  • Premio Especial: Ágata Marcos Cross (Motril) por «Inventario de la Luz Herida», un poema de una calidad literaria excepcional que el jurado decidió premiar de forma extraordinaria.

3. «Luna de Septiembre»: El corazón lírico de Marcelino Arellano

La presentación de «Luna de Septiembre», la obra número 30 de Marcelino Arellano Alabarces, fue el eje emocional del certamen. Moisés Navarro, encargado del prólogo, describió el libro no solo como un poemario, sino como un «cofre de sentimientos» y una «pedagogía de la sencillez». Según Navarro, Marcelino es un «poeta de pueblo» honesto y sin ambiciones, que utiliza un lenguaje directo para conectar con el alma del lector.

El autor compartió varios poemas que permiten profundizar en los temas centrales del libro:

  • «Yo vivo en una ciudad de luz» (Dedicado a Inmaculada Augusto): En este texto, Marcelino describe su vida en Palma de Mallorca, una ciudad mediterránea de calles estrechas y muros de color ocre. El poema es un lamento por la pérdida de la identidad local frente al turismo masivo; recuerda con nostalgia un viejo quiosco de prensa donde los niños compraban chucherías, ahora desaparecido, y describe a dos ángeles de piedra en una fachada antigua que parecen saludar a los transeúntes a pesar de tener «la nariz desconchada».
  • «El Romero»: Inspirado por la visión de poetas como León Felipe, Marcelino eleva esta planta a un símbolo de sanación universal. En un momento de gran intensidad, recitó que el romero no solo debería crecer en los montes, sino también en los pasillos de los hospitales, en los patios de las cárceles, sobre los tanques y en la boca de los fusiles que matan niños. Su deseo es que el aroma del romero actúe como un «fresco de conciencia» para un mundo desquiciado.
  • «Yo soy del sur»: Este es quizás el poema más desgarrador, dedicado a las madres que sufrieron la posguerra española. Marcelino rinde homenaje a aquellas «mártires desconocidas» que, con los pies descalzos y el corazón lleno de piedras, recogían las espigas sobrantes en los campos para alimentar a sus hijos mientras sus maridos estaban ausentes o encarcelados. Es una reivindicación de las raíces andaluzas y de la fuerza de una raza forjada en el dolor y la dignidad.
  • La soledad en «Nochevieja»: Marcelino también leyó un texto sobre la realidad de la vejez, comparando el ruido y la alegría de las fiestas pasadas, cuando sus hijos corrían por la casa, con el silencio actual de un hogar donde solo quedan las fotos de los nietos. A pesar de la melancolía, el autor concluye con gratitud al saber que sus hijos están bien, aceptando la soledad como una etapa más de la vida.

Estructura del libro: Además de la lírica, Navarro destacó que el libro cuenta con una segunda parte innovadora: 100 pensamientos o frases en forma de tercetos. En estas breves cápsulas, Marcelino reflexiona sobre la libertad, la inocencia, el aprendizaje y la «belleza de la rutina cotidiana», consolidando su estilo como una búsqueda constante de la verdad humana a través de la palabra llana.

Marcelino Arellano, hablando sobre su libro

4. Un nuevo Cronista para Ítrabo

En un gesto de reconocimiento a su labor de décadas difundiendo el nombre de su pueblo, Moises Navarro propuso formalmente al Ayuntamiento el nombramiento de Marcelino Arellano Alabarces como Cronista Oficial de Ítrabo. La propuesta fue recibida con entusiasmo por la corporación municipal, marcando un hito en la trayectoria del autor.

5. Conclusión: La cultura como arma contra la barbarie

El alcalde cerró el acto destacando la salud del certamen y la importancia de fomentar la curiosidad en los niños. «La educación y el acceso a la cultura es el arma más potente que tenemos para combatir tanta ignorancia tanta intolerancia y tanta barbarie», afirmó Carrascosa, despidiendo una jornada que, una vez más, situó a Ítrabo en el mapa de las letras hispanas.

Antonio Jesús Carrasco, Alcalde de Ítrabo cerrando el acto
POÉTICA DEL DOMINGO     (PRIMER PREMIO)

NOCHES DE RADIO

Era un pueblo de interior,
yo tenía dieciocho años,
cien amigos, diez proyectos
y la selectividad.
Y el silencio de la noche,
y los domingos extraños,
las luces frías de un flexo
y el futuro en la ciudad.

Y los puentes de Kant
y una libreta gastada,
los poemas de Machado
y un café por la cocina.
Y esa inquietud de saber
que tú por la madrugada
escuchabas, como yo,
al loco de la colina.

PASEO DOMINICAL

Tú y yo sabemos
que los domingos por la tarde
la vida se detiene.

Caminamos entre el silencio
de esas horas vacías de los peques,
bajo los álamos pasamos
absortos, sin que las palabras
surjan para romper este momento,
sin que la sombra de la noche
nos envuelva en nostalgias
como de jóvenes nos envolvía.

En tu silencio llegarán, tal vez,
a tu memoria los recuerdos
de un ayer compartido.
Y yo contemplo cada instante
como un tren que se aleja
y pienso cómo todo lo inasible
su huella va dejando.

Y de pronto me miras y me dices:
“con aquellos palés de la basura
hacía yo una mesa superguapa.”

AMANECER DE MAYO

Domingo, uno de mayo.
Canta un mirlo. Amanece
y se cuela la luz del canto
entre tu pelo y las sábanas.
Un instante feliz que ya es pasado.

Ordeno las palabras, aunque sé
que solo serán signos
en el vagón del tiempo.
No son materia moldeable
los versos. Volveré
sobre ellos a ajustarlos cada día.

Retocaré en el lienzo de las horas
las palabras, y de algún modo
regrese el canto de aquel mirlo
y tu pelo y las sábanas
y aquel amanecer de mayo.

Diego Reche Artero
Inventario de la luz herida   (Premio Especial)
 
No es el tiempo quien pasa por los días,
sino el hombre quien cruza la intemperie
buscando una raíz donde nombrarse.
Vengo de una heredad de cal y asombro,
donde la luz se quiebra en las aristas de una montaña que es,
a un tiempo, madre y atalaya de sombras.
 
Hay una geografía que nos dicta:
un alfabeto de agua por las acequias
y el silencio del árbol que madura
su vocación de ámbar y de vértigo.
¿Qué somos sino un breve testamento
escrito con el polvo de los antepasados?
Ellos alzaron muros contra el olvido,
pusieron nombre al fruto y a la piedra,
y nos dejaron, como única fortuna,
esta sed de horizonte que no cesa.
 
Miro la mano —surco de otra mano—
y entiendo que la tierra no es distancia,
sino un idioma antiguo que nos habita.
 Ítrabo es un latido de piedra blanca
donde el níspero guarda su tesoro
y el aire es un poema que no muere.
Aquí me quedo, en el umbral del aire,
 siendo la voz de aquel que ya no está,
 pero que vive en cada rama que se ofrece al sol.

Agata Marcos Gros

Redacción Granada Costa

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