A LOS REGADORES
“A los regadores” homenajea a quienes llevan el agua por la vega: cuadrillas, turnos, acequias y compuertas. Con lenguaje popular y ritmo de trabajo, Antonio Iglesias Valdés retrata un oficio comunitario y esencial, donde el agua corre, la tierra responde y la vida se sostiene.

Ya salen los “regaores”
a la vega, a los campos
a regar las fincas
de patatas, de hortalizas,
frutales y árboles.
Van en grupo de cuadrilla,
con el azadón al hombro,
el hatillo cargado
y con albarcas
ligeras y frescas.
Hacen turnos de ocho horas,
de mañana, tarde y noche.
“¡Regaores!”
¡Abrir las compuertas
que corra el agua,
las tornas ya están hechas
y la toma de agua
ya llega cantando y ligera!
“¡Regaores!”
¡Caminar por las veredas,
acequias y balates
para que llegue el agua;
que corra que corra
y no pare!
Agua de día, agua de noche
y al final perdida
se dirige al río, a la mar
así sigue el ciclo natural.
Así se cumple el dicho:
“ Agua que no has de beber,
déjala correr para los demás”
Al final de la temporada,
van a cobrar su paga.
Van majar por majar,
al amo o propietario.
“Son seis majales a diez reales,
sesenta reales y un vaso
de vino tinto de regalo”.
Todos contentos, “regaores” y amos.
¡Pues a descansar y de fiesta!
¡Adiós, hasta otro año!

