MUJER Y LITERATURA : COMENTARIO

Durante siglos, el acceso a la palabra escrita ha sido un privilegio vetado para la mayoría de las mujeres. En un mundo donde leer y escribir estaba reservado a las élites masculinas, las voces femeninas sobrevivieron en márgenes, conventos o enmascaradas tras nombres de hombre. Sin embargo, persistieron. Desde las plumas medievales ocultas entre rezos hasta las autoras contemporáneas que lideran el panorama editorial, el camino ha sido largo, accidentado y, sin duda, fascinante.
En la Edad Media, la mayoría de las mujeres eran analfabetas. Solo unas pocas, aquellas vinculadas a órdenes religiosas o aristocracias cultas, pudieron acceder a los libros y, en algunos casos, a escribirlos.

Hildegarda de Bingen (1098–1179), monja alemana, es un ejemplo excepcional: compositora, filósofa, mística y escritora de visiones, desafió los límites impuestos a su género. Otro caso singular fue el de Christine de Pizan (1364–1430), considerada la primera mujer en Europa que vivió de la escritura. Su obra La ciudad de las damas es un canto a la inteligencia y dignidad de las mujeres frente al discurso misógino dominante.
Estas autoras escribieron no solo por inspiración, sino también por necesidad espiritual, intelectual y, en ocasiones, material. Sin embargo, sus textos circularon de forma limitada y muchas veces fueron relegados al olvido tras su muerte.
A partir del siglo XVII, la alfabetización femenina fue creciendo, pero la escritura seguía sin ser una ocupación “respetable” para una mujer.
Sor Juana Inés de la Cruz
Las escritoras que lograron publicar, como Sor Juana Inés de la Cruz en el virreinato de Nueva España, lo hicieron enfrentando el doble juicio: el de los hombres y el de sus propias conciencias, educadas para el silencio.
Durante los siglos XVIII y XIX, muchas mujeres empezaron a escribir novela y poesía, aunque frecuentemente ocultaban su identidad. Las hermanas Brontë firmaban como Currer, Ellis y Acton Bell. Mary Ann Evans fue conocida como George Eliot. Solo algunas, como Jane Austen, lograron cierta autonomía, aunque también se enfrentaron a limitaciones editoriales y sociales.

En España, la situación no era mejor. Autoras como Emilia Pardo Bazán lucharon por participar en instituciones literarias y ser reconocidas como iguales en talento y capacidad. Su defensa del feminismo y de la educación femenina chocó frontalmente con una sociedad rígidamente patriarcal.
El siglo XX marca un punto de inflexión. Las mujeres no solo escriben, sino que publican, son leídas y comienzan a construir genealogías propias.

Virginia Woolf, con Un cuarto propio (1929), puso palabras a lo que muchas intuían: para escribir, una mujer necesita independencia económica y espacio mental. La escritura se convirtió, en muchos casos, en un acto de reivindicación personal y política.
Autoras como Simone de Beauvoir, , Gabriela Mistral o Ana María Matute dieron forma a un nuevo mapa literario. Hablaron del cuerpo, de la maternidad, de la locura, del amor y del lenguaje con una profundidad inédita.
Las dictaduras, guerras y exilios marcaron también la obra de muchas escritoras que, desde los márgenes geográficos o ideológicos, construyeron una literatura de resistencia.
Elena Ferrante
Hoy, las mujeres escriben en todos los géneros, ocupan premios, lideran listas de ventas y forman parte del canon. Autoras como Elena Ferrante, Irene Vallejo, Ana M. López Expósito, Germana Fernández, Ana Ortega Romanillo… y un largo etcétera han consolidado una presencia en el panorama literario español contemporáneo. La literatura escrita por mujeres ya no es una excepción, sino parte central de la conversación cultural.
Sin embargo, aún persisten desigualdades: menor representación en premios internacionales, en traducciones, en crítica literaria o en antologías escolares. Además, las escritoras enfrentan formas contemporáneas de censura: el odio en redes, la infantilización de su obra o la exigencia constante de justificar su voz.
A esto se suma una nueva ola de escritoras que no se ajustan a una categoría única: migrantes, racializadas, queer, trans, indígenas, que traen otras lenguas, otras heridas, otras preguntas.
El camino recorrido por las mujeres en la literatura no ha sido una línea recta, sino una travesía hecha de silencios, rupturas y persistencias. Hoy más que nunca, necesitamos escuchar y leer todas esas voces que, durante siglos, escribieron desde la sombra. No por cuota, ni por corrección política, sino porque son imprescindibles para entender quiénes somos.

Como dijo la poeta Adrienne Rich: “Cuando una mujer cuenta la verdad, está creando la posibilidad de más verdad a su alrededor.”

Ana Martínez Parra
Junio 2025
