UNA ANTIGUA NOVEDAD FRUTERA: LAS BERRIES
La Semana Santa andaluza ha venido soportando tradicionalmente unas lluvias copiosas y persistentes inoportunas, que, en muchos casos deslucían las fantásticas procesiones que con tanta pasión y precisión organizaban en todas las provincias. Es de suponer, que los agricultores de la Axarquía esperaban la llegada de la primavera, y esa semana religiosa a la par que lluviosa a la que se habían acostumbrado, y que en ésta ocasión deseaban y esperaban con enorme necesidad, para que sirvieran esos días como paliativo a la sequía que por la costa andaluza se viene padeciendo. Y como las escasas cosechas de tropicales tenidas han tocado a su fin, nos veremos inundados próximamente de aguacates venidos de Perú donde las cosechas están siendo imponentes y forzarán a la baja de precios.
Pero hoy quiero referirme a unas especies fruteras endémicas de nuestras montañas que yo título de “antiguas” , porque desde niño las buscaba y se producían salvajes en los sistemas montañosos del centro sur europeo: las bayas salvajes que aparecían en los montes aragoneses, navarros, pirinaicos etc. Los más conocidos por entonces era la “fresa” (frese de bois, dicen los franceses), esa frutita del tamaño de una cereza y que se producía en Aranjuez con una gran demanda, y que ha desaparecido no sé por qué; los arándanos (mirtilo dicen los técnicos); grosella (roja) y casis (grosella negra); frambuesa (diferentes variedades); moras de rio y moras de árbol.
Todas estas frutillas que eran prácticamente desconocidas en los mercados y que se consideraban “exquisiteces” hace 40 años y difíciles de conseguir por el consumidor, hoy se llaman en su conjunto BERRIES o FRUTOS ROJOS y se producen en muchos países europeos, pero el país productor europeo más importante en la actualidad es España y concretamente en la zona de Huelva, donde conviviendo también con el fresón, han resultado ser los principales proveedores de Europa.

En los últimos años y refiriéndome a los arándanos, los investigadores han conseguido diferentes variedades domésticas, además de las que venían obteniendo los franceses y los cultivos comerciales se han extendido por países de Euroasia. Pero el principal competidor y muy cercano, es Marruecos, que con un clima parecido dispone de plantaciones que irán incrementando como hicieron con el fresón y comenzarán a exportar a Europa en fechas coincidentes a las de Huelva.
Yo recuerdo siendo un jovenzuelo, que unas y otras bayas a las que ahora me refiero, las cultivaban en los jardines de las casas en Alemania, con pequeñitas plantaciones para consumo familiar y allí donde el clima se lo permitía por su situación, solían vender en algunos comercios de alimentación cercanos a sus domicilios. En Alemania estos frutos rojos eran muy apreciados, pero la estación era muy corta climáticamente, por lo que después lo compraban envasado en conserva, para uso preferente, como insustituible desayuno familiar.

En los lineales de las grandes superficies vienen ocupando su lugar desde hace varios años los frutos rojos que aquí menciono, pero según los especialistas el que tiene ganada la partida en el futuro es el arándano, y según algunas publicaciones de Freshuelva en los años 2020/21 se cultivaban ya 3.600 hectáreas que han venido suministrando a los mercados europeos, desde noviembre hasta finalizado el mes de julio.
Estas pequeñas frutas han adquirido notoriedad porque hay muchas fincas que las producen muy cerca de los humedales del Parque Doñana y según parece, los pozos que han construido los agricultores para el riego de sus plantaciones de arándanos y fresones vienen afectando a las lagunas artificiales creadas por la naturaleza y que se llenaba de preciosas aves en sus incesantes viajes a otros continentes y que ahora acusan la falta de agua, que según parece, vienen padeciendo las numerosas especies.
Según comentario personal de uno de los protagonistas importantes que ejerce su actividad en Marruecos, considera imparable el incremento marroquí, tanto de frutas como de verduras, debido al mayor interés que representan numerosas empresas extranjeras, que acuden a ese país a cultivar en unas tierras inmejorables, con mano de obra muy económica y agua de sobra y los medios necesarios para exportar internacionalmente sus producciones, con la facilidad de un transporte creciente y los medios que ofrecen sus infraestructuras disponibles por tierra, mar y aire.

“No hay mal que por bien no venga”, dice nuestro refranero y también dice: “nunca llueve a gusto de todos”. La falta de lluvias ha permitido a los cofrades andaluces de todas las provincias, celebrar una Semana Santa con todos sus venerados santos en la calle y los numerosos extranjeros también, han llenado las calles disfrutando de un espectáculo español incomparable, repleto de arte, lujo y religiosidad, que con menos boato que en Andalucía, se celebran igualmente con numerosas procesiones en el resto de España.
Julián Díaz Robledo
