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prompt: LEYENDA DE IBIZA

En «Leyenda de Ibiza», la escritora Puri Guzmán nos invita a descubrir una aventura llena de fantasía, amistad y misterio. Una historia poética protagonizada por dos niñas que, siguiendo una antigua leyenda, descubren la importancia de proteger los ríos y la naturaleza.

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Me llamo Nora y en la ciudad
de Ibiza un día nací,
es un lugar muy bonito,
tengo muchas amigas
y yo soy muy feliz.

Mi amiga Luna para mí es muy especial,
siempre que tenemos un ratito,
nos llamamos y quedamos,
para estudiar o para jugar.

Como nuestros padres son muy amigos,
todos los fines de semana
salimos para almorzar
y si no para cenar,
y lo pasamos genial.

Un año mi padre, que es de allí,
nos dijo que había una leyenda,
muy bonita en el pueblo
de San Antonio,
que transcurría la noche de San Juan.

Ese año mi padre nos decía
que si queríamos hasta allí nos llevaba
para ver que si se cumplía la leyenda,
o alguna cosa rara nos pasaba.

Muy contentos le dijimos que sí
y al caer la tarde,
todos nos fuimos hasta allí,
pues según la tradición.

Teníamos que buscar un puente
que sobre el río existía,
y después coger un musgo
que solo allí crecía.

Y según se decía,
si cogíamos demasiado,
un duende aparecía
que pedía trabajo,
trabajo y más trabajo.

Y si no se le daba
habría que darle comida y más comida,
y si no se le daba
a la familia arruinaría
y que solo se le podría parar,
si en una botella
lo consigues encerrar.

Y a San Antonio llegamos,
pero había varios puentes,
y ese en concreto…
no lo encontramos.

Entonces mi madre el GPS ponía,
y después de varias vueltas
hasta allí nos llevaría.

Aparcamos el coche,
y a ver el puente nos acercamos,
era muy antiguo
pero estaba muy bien conservado.

Estuvimos mirando el río
que corría por debajo,
estaba muy limpio
y cristalino,
y había mucha hierba,
libélulas y mariposas,
sobre las flores libando.

Y allí estaba el dichoso musgo,
que crecía, espeso y verdoso,
pero también un poco raro.
Porque no era hermoso,
era… era áspero y desagradable al tacto,
y tocarlo casi no podías,
pues en cuanto lo tocabas te pinchabas,
y muy mal olía.

Pero es lo que había.
Eran casi las diez,
y si queríamos saber si era verdad,
que el duende salía,
pues tenía que intentarlo tendrías.

Luna me miraba y a tocarlo no se decidía,
pero yo… yo tenía miedo de si lo arrancaba…
pues no sabía qué pasaría.

Así que a coger musgo las dos comenzamos,
y muy poco cogíamos pues era difícil de coger,
y enseguida nos pinchamos.

Y ahí nos paramos y decidimos,
dejarlo para más tarde
y a ver el entorno del río,
nos dedicamos.

Era un paraje muy bonito,
rodeado de muchas flores y plantas,
pájaros, mariposas,
muchas mariposas y eran muy hermosas.

Libélulas, de todos los colores,
y había una muy grande y de color azul tornasolado,
que parecía que le gustamos.

Pues durante un rato
la estuvimos observando.
Y luego se lanzó a volar y nosotras,
sin pensarlo nos fuimos detrás,
pero ella volaba, volaba
y no descansaba,
y nosotras sí que estábamos cansadas.

Y solo queríamos parar a descansar,
pero oímos voz que nos dijo mucho ánimo,
que ya vamos a llegar.

Y al poco rato a una cueva llegamos,
y llenas de curiosidad,
en ella nos adentramos.

Para ver qué estaba llena de libélulas
de todos los tamaños y colores,
y era un mundo fascinante y extraño,
ellas se pusieron a charlar.

Pero era una lengua rara,
pero aun entendimos que todas,
estaban llorando y entre suspiros
con pena nos decían.

Con nosotras estáis acabando
pues ya no quedan aguas limpias,
porque con los ríos cristalinos
también estáis acabando.

Todos están muy contaminados
y a nadie parece importarle,
que muramos o vivamos.

Pues nadie hace nada,
para que sean cristalinos
para un día poder lograrlo.

Nosotras exploramos la cueva
y encima de una piedra,
una especie de jarras muy burdas nos encontramos,
unas tenían miel y otras néctar.

Y unos buchitos nos tomamos,
nos recostamos sobre una roca
y con aquello y el murmullo de las libélulas
nos adormilamos.

Solo queríamos descansar un poquito
y luego al duende seguir buscando,
pero sin darnos cuenta nos dormimos
y nuestros padres nos despertaron.

Y de repente oímos unas voces
que nos estaban llamando,
sobresaltadas nos levantamos
eran nuestros padres los que nos estaban llamando.

Y así la leyenda del duende
se quedó para otro año,
nosotras decepcionadas
y un poco refunfuñando.

Nos tuvimos que aguantar
y seguir esperando
desde que fuimos a cenar
y a las otras amigas lo sucedido les contamos.
Y yo no sé si fue realidad,
o fue que lo soñamos.

Puri Guzmán

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