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¿NOS CLIMATIZAREMOS LOS SERES HUMANOS?

Un testimonio sobre el calor extremo, los incendios y la tropicalización de paisajes mediterráneos, que plantea si los seres humanos podremos adaptarnos como lo hacen las plantas.

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Smoke rising through trees from an out of control wildfire along the California coast.

Me hago esta pregunta, porque muchas de las plantas tropicales que importé de lejanas tierras calientes, se adaptaron en los diferentes microclimas andaluces que se prestaban para ello; y siempre que las temperaturas no bajaran a cero grados a lo largo de las noches invernales, que ellas no soportarían.

   Hace ya muchos años que nací en Madrid y tengo asumidos tanto los calores exagerados de sus veranos, como aquellos fríos inviernos de mi niñez cuando de colegial y a pesar de los guantes con los que me obligaba mi madre, aparecían algunos sabañones en las manos y orejas… Por ello, y como madrileño, pienso que como tantos amigos y compañeros de aquella época pudimos llegar a “climatizarnos”. Aunque el clima actual madrileño ha mejorado: el frio es soportable en invierno y el duro calor veraniego lo reparte entre julio y agosto.

   En mi caso personal, la suerte del sorteo militar al que estábamos obligados, me envió sin miramientos a Sidi Ifni, y allí pasé dos años aguantando los calores africanos de más de 40 grados con sirocos incluidos, y plagas de langosta, que en sus saltos procedentes del desierto del Sahara, hacían una parada en la población sidi-ifneña,  descansando  amontonadas en sus calles y cubriendo  los coches aparcados, para después de unos días volver a saltar, cruzando los mares en manada abrazadas y flotando sobre las aguas y dando un salto a la península Ibérica y otras tierras mediterráneas.

   Y siguiendo con lo que sería mi destino, y compartiendo mi trabajo con los estudios, inicié mis viajes a las zonas calientes americanas de Centro y Sur del continente para conocer in situ la flora tropical que producía unos frutos extraños e inolvidables, y con el propósito de importarlos a los mercados españoles, darlos a conocer, y si tenían buena acogida traer semillas o plantas para reproducirlas en los climas mediterráneos, no lejos de donde vivían los naranjos y limoneros…

   Yo había tenido una acertada experiencia anterior, viajando a las cercanas islas Azores -a San Miguel concretamente- y decidiéndome por la piña tropical que los portugueses allí producían y que era desconocida entonces por los consumidores españoles. Discurría el año 1952 y conseguí autorización fitosanitaria para que en las navidades pudiera ofrecer tan deliciosa y llamativa especie, que yo nominé como “la reina de las frutas tropicales” por su espectacular corona, diseño del fruto y llamativa corteza, que la hacían única en la especie.

Forest Fire, Slash And Burn, Water’s Edge, Lakeshore, Burnt Pine

   No es mi propósito hablar de tantas especies exóticas como he introducido en la península (aguacate, endives, kiwis, papayas, mangos etc.) Eso ya lo hice en mis diferentes libros publicados. Pero como preámbulo he tenido que iniciar este escrito mencionando a ciertas plantas y frutas que me exigieron sumergirme en climas calientes, para referirme ahora a los calores que en el presente año venimos padeciendo los españoles desde la misma primavera, soportando en cualquiera de las regiones temperaturas entre 30 y 40 grados -día y noche- y asumiendo que se trataba de unos cambios que se venían observando también en algunos otros continentes de nuestro planeta.

   Y en general, en aquellos países donde persistían     los cambios climáticos, los avezados políticos echaban la culpa a la intervención del hombre, pero unos y otros con diferentes criterios, aunque casi siempre movidos por los intereses económicos de cada uno. Y entre tantas y discutidas razones sobre los sorprendentes cambios calurosos, fríos, diluviosos o pertinazmente secos, la influencia que ejercerían esos cambios en el bienestar y especialmente en la alimentación humana.

   En todo ello, y como no podía ser de otra manera, debíamos observar el comportamiento de las plantas vivas que nos procuraban sus frutos, y a los animales terrestres y marítimos y su posible afectación o mutación con los “manidos cambios climáticos” que también podían amenazarlos. Pero en principio nadie reparaba, en la influencia de ese calentamiento sobrevenido al mezclarse con los fuegos veraniegos surgidos anualmente de manera natural o colaborados de manera intencionada por alocados pirómanos, que una vez localizados repetían con sus hazañas criminales en los veranos siguientes.

   Según los estudiosos del caso, estos fuegos estivales de pasados años respondían a una inminente regeneración de la arboleda histórica mediterránea, una vez que se iniciaban las lluvias estacionales que ayudaban incluso a apagar los fuegos. Pero sería terrible si aparecieran ahora las “lluvias torrenciales” de los últimos años, que conformaban ríos de coches navegando por las ciudades,  porque esas cantidades de agua arrastrarían las viables semillas de los terrenos esquilmadas por el fuego, y que con lluvias normales  podrían regenerar la arboleda con cierta inmediatez.

   En cualquier caso, la ola de incendios en el presente 2025 ha quemado 400.000 hectáreas de bosque; una cifra que ha superado todas las estadísticas históricas de los fuegos en España.

   Cabe esperar que el cercano septiembre acabe con los incendios y con los calores urbanos soportados y se inicie una repoblación forestal de futuro. Y con ello, la población humana peninsular empiece a olvidarse de los temidos golpes de calor que han podido afectar seriamente a la salud de algunos habitantes.

Julián Díaz Robledo

1 pensó en “¿NOS CLIMATIZAREMOS LOS SERES HUMANOS?

  1. Julián: En Granada también recordamos haber sufrido los sabañones en orejas y manos, y la nariz siempre enrojecida por el frío, eran otros tiempos.
    Dichoso tú por tu valentía y fortaleza para vencer esos climas extremos y recorrer el mundo entero para conocer otras tierras, otras gentes y, especialmente las frutas que después diste a conocer y a cultivar en España. Para ti esa gloria que queda reflejada en tus bellos libros.
    Con toda estimación y afecto
    Rogelio y Aurora

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