Las palabras
Un poema de Val Marchante sobre la fuerza de las palabras: capaces de educar, construir, consolar y abrazar, pero también de herir cuando nacen de una intención equivocada.

La fuerza de la palabra es infinita,
se conjuga en figuras de luz
que juguetean mientras entonan estrofas,
su magnitud se hace eco en voces tenues
para que no se quiebre el silencio con manchas oscuras.
El ritmo y cadencia de las palabras
derrama un caudal de alivio
cuando el tono de la voz es blanco
y abraza el alma con sensaciones dulces.
Sin embargo, a veces puede transformar en odio lo que toca
y devorar la existencia del ser humano.
Todo depende de la intención del individuo
y de los surcos del rostro.
Con la palabra se educa al niño,
se forja la etapa del adolescente,
y se construyen ciudades.
A través de la palabra
libre de gritos e imperativos
o espacios vanos con trampas ocultas,
se nos ofrece un toque de aliento
y un abrazo amigo que nos mantiene en equilibrio.
