Portada » LA TARDE SE VISTE DE ORO
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La tarde se viste de oro,
y derrite el cielo en miel tibia,
lo que queda en nosotros
son brasas de luz antigua.

Se disipan ya en los rostros
las promesas sin domingo,
deshaciéndose en los dedos
los mapas que un día hicimos.

Se va perdiendo el ruido
las prisas, las cosas vanas,
se va el día con su bulla
y deja paz en la casa.

Aprendimos tarde y mal
que todo duele al marcharse,
que el tiempo no avisa nunca
y guarda lo que no cabe.

Y llega la noche amable
sin frío ni despedidas,
la luna sube despacio
testigo de nuestra herida.

Aunque el mundo baje el tono
aunque falten las respuestas,
las estrellas siguen ardiendo
sobre las ausencias abiertas.

Y entendemos sonriendo
que el ocaso no es un duelo,
es la tarde que se vuelve
lámpara para el sendero.

Lola García Jaramillo

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