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Rosa María Saavedra

El poema “Incendio bajo la piel”, escrito por Rosa María Saavedra, conocida también como RosAlma Saavedra, es una composición de gran intensidad emocional y sensual, en la que el deseo se expresa con una voz firme, directa y profundamente evocadora. Desde sus primeros versos, la autora construye una atmósfera de intimidad ardiente, donde el cuerpo, la piel, la entrega y la emoción se convierten en materia poética. Rosa María Saavedra transforma la pasión en imagen y ritmo, logrando un poema vibrante, elegante y lleno de fuerza expresiva.

Para comprender mejor esta obra, conviene mirar también la trayectoria de su autora. Rosa María Saavedra es maestra de Educación Infantil y escritora, una autora que ha encontrado en la palabra un espacio de verdad, crecimiento interior y comunicación humana. Su escritura surge desde la experiencia vital y desde una mirada profundamente sensible, capaz de convertir la emoción en literatura.

Su trayectoria ha sido reconocida con importantes galardones, entre ellos el Premio Estrella de Oro Miguel de Cervantes, el Premio Sócrates de las Letras y el Primer Premio Conde de Hubrite. A ello se suma que en 2026 recibe también el Premio Eco de las Leyendas, consolidando así su presencia dentro del panorama literario vinculado al Proyecto Global de Cultura Granada Costa. Ese mismo año, además, publica su primer libro, Vivir(te), una obra que supone un paso decisivo en su camino como autora y que reafirma la autenticidad, la sensibilidad y la fuerza de su voz poética.

Incendio Bajo la Piel

No me mires así
si no estás dispuesto a perderte.

Mi piel recuerda
cómo se enciende cuando tus manos
la recorren sin mapa,
como si cada centímetro fuera un secreto
que quieres aprender de memoria.

Hay un temblor dulce
cuando tu boca desciende despacio
y el aire se vuelve más denso,
más tibio,
más nuestro.

Mi respiración cambia.
Se rompe.
Se abre.

No soy pudor cuando te deseo.
Soy llama vertical,
curva húmeda,
susurro que se desliza por tu cuello
hasta hacerte cerrar los ojos.

Tócame como si el mundo
se acabara en mi cintura.
Apriétame como si quisieras
fundirte con mi latido.

Porque cuando me arqueo
no es solo mi cuerpo el que responde,
es mi hambre.
Es mi piel reclamando la tuya.
Es el pulso acelerado
de dos incendios que se reconocen.

Y cuando por fin
me sostienes entre tus manos
como si fuera lo único que existe,

entiendes.

Que no era solo deseo.
Era destino ardiendo
bajo la piel.

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