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FLAMENCO Y TOROS (XII), RAFAEL EL GALLO (1882 -1960)

 

Marzo 2015

flamenco toros xxii

Aunque nacido en Madrid – considerado siempre sevillano – Rafael “El Gallo” representa, posiblemente, al auténtico y refinado andaluz. Era hermano mayor del malogrado Joselito, pasa a la historia del toreo por lograr faenas perfectas que luego desdibuja con clamorosos fracasos. Son tantas las anécdotas que de él cuentan que, hacer memoria de ellas, escapan al reducido espacio del artículo periodístico. Siempre iba El Gallo, por las calles sevillanas, impecablemente vestido: traje marrón, camisa blanca, pañuelo de seda al cuello y sombrero ancho incopiable y -¡cómo no! – enorme habano en la mano izquierda. Así lo hemos contemplado siempre en los diferentes retratos que de él conserva la Historia de la Tauromaquia.
Los críticos taurinos – en su mayoría – han considerado a Rafael Gómez Ortega como el torero más genial de todos los tiempos. El hombre que supo tirar un capital y ganar otro y volverlo a dilapidar, que supo vivir como un auténtico señor, de señorío gitano hasta el momento de su muerte, ocurrida en mayo de 1960. Su vocación taurina viene determinada por la influencia familiar, en la que confluían dos sagas unidas al mundo del Cante flamenco
y el toreo. Hijo mayor de Fernando “El Gallo” (1847 -1897) y de la Bailaora Gabriela Ortega (1862 – 1919), lleva el apodo de Gallito hasta 1912, en el que empieza a usar el que había popularizado su padre, que es el que inicia al joven Rafael en el oficio taurino en la pequeña plaza de toros de la huerta de El Algarrobo, de la pequeña localidad de Gelbes (Sevilla), residencia familiar desde 1888.
“Al Gallo – refiere Néstor Luján en “Historia del Toreo” – es difícil clasificarlo en ninguna época ni en ningún estilo. Su poderosa personalidad justifica un capítulo. Como torero, fue un caso aparte. Toreó clásicamente cuando quiso, creó un toreo barroco cuando le pareció, y fue cobarde, desmedulado de miedo cuando se le antojaba”. En la mente de cualquier andaluz – es mi pensamiento – está presente la idea de Rafael “El Gallo” como un filósofo de la vida, del toreo y de la gracia, gracia auténtica como el marcado remate de una revolera de las que él sabía dar. Fue un estoico ante el fuerte dolor de ver morir joven a su hermano José (1920), y tantos otros dolores sentimentales que supo silenciar en los fondos impenetrables de su alma. En este sentido, traigo aquí las palabras del crítico taurino Rafael Ríoz Mozo: “… En suma, sobre tu figura menuda y garbosa, con tus andares de gracia especial y etérea, con tus clásicos soliloquios, quedas, Rafael, como una de las figuras más representativas del toreo y como un epicúreo moderno, de la vida, y que tú saboreabas hasta el máximo en los momentos felices y permanecías estoico ante tus muchas horas desgraciadas”, cfr. “Tauromaquia fundamental”, pág. 33 (Universidad de Sevilla, 1974). Rafael el Gallo – creo no exagerar – merece que se le hable siempre en poesía. Por ello, tomo los versos del eximio poeta y rapsoda granadino Manuel Benítez Carrasco (1922 -1999) como vivo ramillete floral en su honor:

…Y entre varillas, pisados,
un chato de manzanilla,
una guitarra, un sombrero
y un paisaje de Sevilla.
Pero tú no tengas miedo,
torero de plante leve;
si este toro no se mueve
por más que se mueva el ruedo.
Torero, no tengas miedo (MI BARCA, pág.30).

Es verdad que se ha escrito mucho sobre los toros, el cante y la danza flamenca, pero – no quisiera equivocarme – pocos diarios han dado luz verde, como GRANADA COSTA, para explicar, dentro de las propias limitaciones, las relaciones en “Cante y Toros”. Granada Costa cuenta con la extraordinaria colaboración del Ilmº Sr. D. Julián Tomás García Sánchez para exponer la “Genealogía del toro de lidia español”, y este, vuestro amigo, con la vivencia y estudio de un honesto cantaor que ha intentado estudiar objetivamente, y bajo la perspectiva andaluza, la estrecha y veraz similitud de estas dos manifestaciones artísticas, las cuales distinguen y diferencian a “nuestra” Andalucía – tierra hospitalaria donde las haya – de cualquier otra región.
Yo he observado que – como decía Baudelaire (1821 – 1867) de los olores, los colores y los sonidos – hay muchas afinidades y correspondencias entre el Cante y los Toros. Ni que decir tiene que establecer estas “relaciones de semejanza” es bastante complicado, y no menos arriesgado y difícil. Sin embargo, la buena voluntad, hecha “vivencia” años ha, se plasmará en cada una de estas breves reflexiones tauroflamencas. Debo, asimismo, manifestar que con este trabajo no pretendo exponer todas las ideas sobre el cante y los toros, ni tampoco dar lecciones de toreo, porque no tengo, desgraciadamente, las más mínimas cualidades del “Arte de Curro Cúchares”, sino que intento dar a conocer “mis impresiones” acerca del parecido entre dos manifestaciones artísticas eminentemente andaluzas, aunque no exclusivas de esta tierra.
Con el presente, son ya doce los artículos publicados en GRANADA COSTA, dentro del apartado “Cultura Andaluza”. Seguiré, pues, con el mismo propósito y ánimo en lograr lo anteriormente dicho: dar a conocer los valores históricos, sociales, literarios, psicoantropológicos y musicales de Cante y del Toreo.

 

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