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ENTREVISTA AL OBISPO DE MENORCA Mons. Gerardo Villalonga Hellín

En esta entrevista de Diego Sabiote Navarro para Granada Costa, el obispo de Menorca, Mons. Gerard Villalonga Hellín, comparte su trayectoria como maestro y sacerdote, reflexiona sobre los desafíos de la Iglesia y reivindica el diálogo, la dignidad humana y la construcción de la paz.

El obispo Gerardo Villalonga saludando al papa León XIV. 26 de noviembre de 2025. Peregrinación diocesana a Roma. Foto Vatican Media

El obispo Gerardo Villalonga saludando al papa León XIV. 26 de noviembre de 2025. Peregrinación diocesana a Roma. Foto Vatican Media

Maestro antes que sacerdote y pastor de su propia tierra por vocación, Mons. Gerard Villalonga Hellín ha construido su trayectoria en torno a dos grandes compromisos: la educación y el servicio a la Iglesia. Nacido en Mahón (Menorca) el 29 de abril de 1958, descubrió desde niño una doble inclinación hacia la enseñanza y el sacerdocio, dos vocaciones que acabarían complementándose a lo largo de su vida. Tras ejercer como docente y completar su formación eclesiástica en Astorga, fue ordenado sacerdote en 1987 en la Catedral de Menorca. Sus estudios de Derecho Canónico en la Universidad Gregoriana de Roma, su experiencia pastoral y sus responsabilidades al servicio de la diócesis marcaron un camino que culminaría con su ordenación episcopal, el 22 de abril de 2023, convirtiéndose en obispo de la tierra que lo vio nacer.

En esta amplia entrevista, concedida al Proyecto Global de Cultura Granada Costa a través del profesor emérito don Diego Sabiote Navarro, quien ha hecho posible este encuentro y ha servido de nexo entre ambas partes, monseñor Villalonga recorre algunos de los momentos más significativos de su vida: los recuerdos de su infancia, la influencia de su familia, el despertar de su vocación, sus años de formación, la experiencia como maestro y sacerdote y la responsabilidad de asumir el gobierno pastoral de la Diócesis de Menorca. Pero la conversación se adentra también en cuestiones de especial actualidad, como la transmisión de la fe a las nuevas generaciones, la falta de vocaciones, el papel de la familia, la secularización, las nuevas tecnologías y la necesidad de una Iglesia cercana, participativa y comprometida con las realidades de nuestro tiempo.

La entrevista adquiere además una dimensión social e internacional al abordar la relación entre la Iglesia y la política, la creciente polarización de la sociedad, la defensa de la dignidad humana y los conflictos bélicos que amenazan la convivencia entre los pueblos. Desde su experiencia y su compromiso con la doctrina social de la Iglesia, el obispo reflexiona sobre la importancia del diálogo, la libertad religiosa, la justicia y la construcción de la paz. En este contexto, dedica también una atención especial a la visita del papa León XIV a España, que considera una oportunidad para mostrar el verdadero rostro de la Iglesia, superar prejuicios y fortalecer los vínculos entre la comunidad cristiana y la sociedad.

Menorca ocupa igualmente un lugar destacado en esta conversación. Su patrimonio religioso, sus fiestas populares, sus tradiciones y el arraigo del cristianismo en la identidad de la isla aparecen unidos a los desafíos de una diócesis que busca mantener viva la fe sin renunciar al diálogo con una sociedad cada vez más plural. Monseñor Villalonga habla con especial afecto de sus años como párroco, de la cercanía con sus paisanos y de una Iglesia que desea mantener sus puertas abiertas, donde la fraternidad, la acogida y el compromiso con los más necesitados constituyan una expresión cotidiana del Evangelio.

Una conversación extensa, cercana y profundamente humana en la que Gerard Villalonga Hellín habla del maestro que fue, del sacerdote que siempre quiso ser y del obispo que hoy guía la Iglesia de Menorca, convencido de que la fe, la educación, el respeto y el amor al prójimo siguen siendo caminos imprescindibles para construir una sociedad más justa, fraterna y esperanzada. Una entrevista que concluye con una invitación entrañable a los lectores de Granada Costa para conocer o regresar a Menorca, esa tierra que el propio obispo define como «un pequeño paraíso» de acogida y fraternidad.

Inauguració del Jubileu de l’esperança a la diòcesi de Menorca-29 de desembre 2024 Foto Bisbat de Menorca

VOCACIÓN Y PRIMEROS AÑOS

¿Dónde nació y cómo recuerda su infancia, su familia y los valores que marcaron sus primeros años?

Nací en Mahón el 29 de abril de 1958. En aquel tiempo de la posguerra, los padres se dedicaban a trabajar intensamente para sacar la familia adelante y delegaban la educación religiosa y la transmisión de los valores a las madres. Yo suelo decir en las homilías de los funerales de los padres de mis amigos que hemos tenido padres muy honrados, muy preocupados por darnos a los hijos un buen porvenir y unas madres santas, dignas de estar en los altares. De sus labios aprendimos las primeras oraciones, las devociones y los principios morales.

Cuando me preguntaban qué sería de mayor, yo siempre respondía que maestro o cura. Se ve que tanto en la escuela y en el Instituto, como en la Parroquia tuve muy buenos ejemplos que impactaron en mí, forjando futuras decisiones.

Fui un niño normal. Tenía muchos amigos. En aquel tiempo jugábamos en la calle y en las distintas pandillas ejercía cierto liderazgo, pero siempre solidario y amable. De manera que a pesar de las buenas notas y del buen comportamiento, no fui considerado como un “empollón” y estuve bien integrado entre los demás.

Antes del sacerdocio ejerció la docencia. ¿Cómo convivieron en su vida las vocaciones de maestro y sacerdote?

Ser maestro y ser cura: dos vocaciones complementarias. Siempre he agradecido los años dedicados a la docencia en distintos colegios, porque me han habilitado para transmitir bien tanto los conocimientos como los valores.

Llegado un punto tuve que tomar una decisión porque la dedicación a la docencia restaba tiempo a la pastoral parroquial. El Obispo Deig me propuso que pidiera la excedencia voluntaria para poder entrégame de todo al ministerio sacerdotal. Posteriormente Mons. Ureña, que entonces era Administrador Apostólico, decidió enviarme a Roma a completar mis estudios, especializándome en Derecho Canónico y la jurisprudencia. Esto dio un vuelo inesperado a mi vida.

¿Cuándo descubrió su vocación sacerdotal y qué circunstancias le ayudaron a tomar la decisión definitiva?

Yo digo que no soy vocación tardía, sino ingreso tardío: desde niño llevaba escondida la semilla de la vocación, pero yo quería que me lo preguntaran. Un día el párroco, D. Guillermo Pons, me dijo si me gustaría ser sacerdote y yo le contesté: “ya era hora que me lo preguntara”.

Como es natural, tuve mis vacilaciones y me costó decidirme, porque tenía el porvenir resuelto al ingresar en el cuerpo de profesores de EGB con acceso directo sin oposiciones. Pero hay momentos en la vida que ya no puedes posponer las decisiones. El año siguiente al servicio militar tomé la decisión firme de ser sacerdote, aconsejado por mis directores espirituales y pasando mucho tiempo en oración, pidiendo luces al Señor. Recuerdo a un venerable sacerdote, D. Juan Gutiérrez, que al finalizar mis confesiones me decía: “¡Gerardo, tú serás sacerdote!”

¿Cómo transcurrió su ingreso en el seminario después del servicio militar y de sus primeros años como maestro?

Durante el servicio militar ya comencé a estudiar teología como seglar, acudiendo a las clases del Seminario de Astorga (León), lugar al que había sido destinado. Cuando acabé me incorporé a mi plaza de maestro en Mahón, y dediqué todo el curso a reflexionar. Finalmente tomé la decisión y el curso 82-83, ingresé ya como seminarista en Astorga, en tercer curso. El primero lo tenía aprobado porque me examiné antes de acabar la mili y saqué todas las asignaturas y al ser maestro me habían convalidado algunas materias.

¿Qué recuerdos conserva del Seminario de Astorga y por qué decidió ejercer su ministerio en Menorca?

Tengo un gran recuerdo del Seminario de Astorga, de los profesores y compañeros de aquella época. Mi Rector fue D. Julián Barrio, que posteriormente sería Arzobispo de Santiago de Compostela. Pero durante mis estudios, siempre estuve en contacto con mi obispo, que era el de Menorca, D. Antoni Deig. Cuando estudiaba el último curso, solicité la ordenación e incardinación en Menorca, al considerar que mi ministerio sacerdotal podría ser más provechoso en mi diócesis de origen.

¿Qué supuso para usted estudiar Derecho Canónico en Roma y qué profesores influyeron especialmente en su formación?

Mis estudios de Derecho Canónico en la Gregoriana de Roma me transformaron profundamente. Las clases eran en latín y los profesores eran considerados como grandes maestros. Casi todos, la mayoría jóvenes entonces, fueron reconocidos y nombrados Cardenales Prefectos de algunos Dicasterios de la Curia Romana con posterioridad. Algunos de ellos me marcaron profundamente: Los futuros Cardenales Navarrete, De Paolis, Ghirlanda, Erdö, Burke, Versaldi, etc. influyeron poderosamente en mi vida intelectual y me dieron luz para orientar mi futuro servicio a la Iglesia diocesana de Menorca.

¿Qué sacerdotes o figuras espirituales han sido referentes decisivos en su vida y en su vocación?

Algunos sacerdotes diocesanos. Citaré uno: D. Guillermo Pons Pons, que fue mi párroco, misionero en Perú y escritor, doctor en Historia de la Iglesia y especializado en Patrología. De él aprendí las distintas facetas de la vida de un sacerdote, que no se excluyen, sino que se complementan.

También recibí mucha influencia de la vida y magisterio de San José María Escrivá. D. Guillermo me puso en contacto con el Opus Dei cuando estudiaba COU. Durante mis estudios de Magisterio frecuentaba un Centro de Palma. En la dirección espiritual se vio claramente que mi vocación era la de sacerdote diocesano, camino que escogí posteriormente, como ya he explicado antes.

El ser miembro de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, como sacerdote diocesano, jamás me separó de la Diócesis ni del Presbiterio, sino que me impulso a ser siempre dócil y obediente a mi obispo y a ser uno más entre los sacerdotes de la Diócesis, procurando querer y ayudar a todos sin distinción, cosa que he procurado hacer siempre

¿Cómo recuerda el día de su ordenación sacerdotal y qué significado ha adquirido con el paso de los años?

Fue un día muy bonito, el 20 de junio de 1987 en la Catedral de Menorca. Me parecía haber llegado a la meta, pero ahora me doy cuenta de que aquello era el principio. Cuando celebré las bodas de plata dije en mi homilía que durante este tiempo había adquirido un corazón de padre. Identificándome con Jesús, Buen Pastor, que da su vida por las ovejas.

¿Qué le diría a un joven que está considerando la posibilidad de seguir una vocación sacerdotal?

Le diría como Jesús: “ven y verás”. Aquí no valen las teorías. La vocación es un don de Dios. Y Él se sirve de unos para llamar a otros. Per no lo olvidemos, es Jesús quien llama. Yo me acerco con inmenso respeto ante una posible vocación y puedo acompañar, pero nunca imponer ni presionar. La vocación es un gran misterio, pero soy consciente también de que las personas de tu entorno pueden verse influidos por tu ejemplo y manera de ser, pero hemos de enseñar a los demás a ser libres y responsables en sus decisiones.

Yo tuve una gran alegría, porque siendo párroco de Es Castell (Menorca) ingresé a un monaguillo en el Seminario, que ahora es sacerdote, D. Juan F. Camps, pero siempre acompañé su vocación sin imposiciones. Para que él pudiera ir tomando sus decisiones con plena libertad interior y exterior.

Ordenación sacerdotal de Miquel Àngel Riera. 15 de noviembre de 2025

TRAYECTORIA DENTRO DE LA IGLESIA

¿Qué etapa de su trayectoria dentro de la Iglesia recuerda con especial cariño?

Todas las etapas de la vida han sido buenas, pero quizás tenga idealizado el tiempo en que fui párroco, que me permitía un contacto directo con la gente, evangelizando en la iglesia y en la calle. Creo que fue un tiempo muy fecundo. Vi muchas veces la mano de Dios que obraba maravillas a través de mi sacerdocio. Estar con la gente me ayudó mucho a compartir la vida en momentos de alegría y de dolor, sembrando la paz y el amor entre todos.

¿Qué le ha enseñado el contacto cotidiano con las personas a lo largo de su ministerio?

Cuando sales del Seminario tienes muchos conocimientos acumulados, pero te falta la experiencia de la vida, que vas adquiriendo paulatinamente. Antes, cuando un profesional llegaba a un lugar para ejercer su oficio, venía acompañado de una aureola y de un prestigio previo, pero hoy en día no es así. A la gente ser la gana con el día a día de tu amor y de tu entrega. Si lo haces de esta manera al final te conviertes en un referente en el pueblo, tanto para los de dentro como para los de fuera, porque todos te valoran como la persona que sirve, que ayuda, que escucha, que acompaña.

¿Cómo describiría la diócesis de Menorca, su identidad cristiana y su vida comunitaria?

Menorca es una diócesis muy viva. Es pequeña, geográficamente hablando, pero es grande en su historia y en su presente. Somos los herederos de aquellos primeros cristianos que poblaron la isla y que celebraban el culto en las basílicas, cuyos restos conservamos. En el séptimo Centenario de la reconquista se acuñó un lema “somos una tradición viva”, que resume muy bien un hilo conductor de nuestro ser cristiano. Ahora podemos decir que somos una Iglesia misionera, de puertas abiertas, donde se vive una corresponsabilidad diferenciada. La autoridad episcopal al frente de la comunidad queda reforzada con la Sinodalidad, porque en los procesos decisionales están implicadas muchas personas y grupos que se sienten identificados contigo en ese peregrinar juntos a lo largo de la historia.

¿Cómo recibió su nombramiento como obispo de Menorca y qué sintió al asumir esa responsabilidad?

Primero “con temor y temblor” y después con agradecimiento, alegría y responsabilidad. No me lo esperaba porque pensaba que me había pasado la edad. Piensen que me ordené el 22 de abril de 2023 y que a la semana siguiente cumplía 65 años. Cuando el Nuncio me llamó para comunicarme el nombramiento, pensé que su propósito era comunicarme el nombre del nuevo Obispo, sin pensar que el elegido era yo.

Creo que en la decisión de Roma influyó la experiencia que yo había acumulado como Administrador Diocesano en dos periodos distintos: después de los obispos Salvador Giménez y Francesc Conesa. Se ve que pensaron que este tiempo había sido como un “noviciado” y que podría continuar como Obispo.

¿Qué ha significado para usted ser obispo de su propia tierra y cómo se ha sentido acogido por la diócesis?

El ser menorquín y el haber vivido siempre aquí, exceptuados los estudios en Astorga y Roma, ha sido una verdadera ventaja, creo que no sólo para mí, sino también para la comunidad diocesana. Creo que es un reconocimiento para toda la Diócesis de Menorca. Como Obispo, me he sentido muy querido y acompañado desde el primer momento y el conocimiento previo de las personas y de la realidad ha propiciado una continuidad creativa de acuerdo a los signos de los tiempos actuales. La verdad es que me encuentro muy a gusto en medio de mi gente después de tres años y medio de ministerio episcopal.

Inauguració del Jubileu de l’esperança a la diòcesi de Menorca-29 de desembre 2024 Foto Bisbat de Menorca

¿Cuáles son los principales retos pastorales que afronta actualmente la Iglesia de Menorca?

En estos momentos estamos muy preocupados por la transmisión de la fe a las nuevas generaciones. La iniciación cristiana es el lugar donde nos jugamos el futuro. Además, hemos de afianzar una cultura vocacional que nos compromete a todos como bautizados. La vocación es la respuesta a la llamada concreta de Dios a seguirle allí donde estamos: en el laicado, en la familia, en la vida consagrada en el ministerio ordenado. Los cristianos somos discípulos y misioneros al mismo tiempo. En una Iglesia concebida de esta manera se suscitarán vocaciones y compromisos en todos los ámbitos aludidos, que no pueden separarse. Todo está interconectado. Creo que todos remamos en esta misma dirección.

¿Cómo puede la Iglesia recuperar la cercanía y la confianza de las personas que se han alejado de ella?

Con el testimonio de nuestra caridad, en primer lugar. Si los demás ven que somos felices y que los queremos sin hacer acepción de personas, aquellos que se han ido, regresarán a la casa paterna. Muchos que ya no siguen con nosotros o que no forman parte de la comunidad diocesana tienen una idea de la Iglesia que no se corresponde con la realidad. Los de dentro hemos de transparentar la imagen verdadera de la Iglesia de Jesucristo, que busca servir y amar a través de las personas y de sus instituciones que la componen. Esa “credibilidad” será una palanca para el regreso o para el descubrimiento del valor comunitario de la fe, que es esencial en la vida de la Iglesia, como “familia de Dios” en medio de las gentes.

¿Qué lugar ocupan las personas necesitadas y vulnerables en la misión de la Iglesia?

Estas personas son objeto preferencial de nuestro amor. En ellos vemos a Jesucristo y nos hacen presente aquellas palabras del Evangelio de S. Mateo: “tuve hambre… estuve solo…” etc. Cuando más cerca estemos de Dios, más cerca estamos del prójimo. El amor al prójimo es un elemento verificador de la autenticidad de nuestra fe. La vitalidad de Caritas Diocesana, de Manos Unidas, etc. es una prueba palpable de lo que digo.

Inauguració del Jubileu de l’esperança a la diòcesi de Menorca-29 de desembre 2024 Foto Bisbat de Menorca

LA RELIGIÓN EN LA ACTUALIDAD

¿Cómo valora la situación actual de la fe y de la espiritualidad, especialmente entre los jóvenes?

Creo que asistimos a un giro a favor de la espiritualidad y de la religión. Me remito a lo observado durante la visita del Papa León XIV a España: “¡Esta es la juventud del Papa!”. Hay una juventud que “descubre” y una madurez que “redescubre”. Todo ello es motivo de alegría para la Iglesia. A las periferias geográficas cuesta más que lleguen estos nuevos aires, pero hay signos de que este cambio también ser empieza a notar aquí en Menorca.

Muchos de los que se acercan a la fe sin prejuicios o contemplan el verdadero rostro de la Iglesia se convierten con entusiasmo. Pero hemos de evitar que todo se quede a un nivel de sentimiento. La formación es muy importante y por esto desde la Diócesis y desde las parroquias, asociaciones y movimientos estamos empeñados en proporcionar esta formación profunda que todo cristiano necesita adquirir como discípulo de Jesucristo y miembro de la Iglesia.

¿Qué respondería a quienes afirman que pueden vivir la fe al margen de la comunidad eclesial?

Esto es una incoherencia, fruto de un individualismo religioso. La fe es esencialmente comunitaria. Te hace descubrir que eres hijo de Dios y hermano de todos los hombres. La filiación y la fraternidad no pueden separarse. La fe no es un calmante, ni una anestesia, ni una venda en los ojos; no empieza y acaba en ti. Como dice la canción popular: “Peregrinos caminantes, vamos hacia ti”. La Iglesia es lugar de comunión que nunca te aísla, sino que te involucra. Nos apoyamos mutuamente.

¿Qué puede aportar la fe a quienes buscan serenidad, sentido y esperanza en la vida?

La fe te ofrece contemplar el mundo, la historia, la vida de los hombres, tu propia vida, desde Dios. A través de la oración llegamos a esta contemplación que nos produce paz y sosiego. Por esto el cristiano debe buscar y encontrar momentos de oración, donde uno se experimenta amado por Dios y enviado a transmitir esta paz a los demás.

¿Cómo puede acercarse la Iglesia a los jóvenes y ofrecerles una experiencia auténtica del Evangelio?

La juventud es generosa de por sí. Cuando un joven descubre el sentido de la vida a través de la fe, quiere que los demás también participen de su alegría. Ha descubierto la perla preciosa del Evangelio, y para conseguirla está dispuesta a sacrificarlo todo.

A veces nos creemos que las exigencias del Evangelio, que la Iglesia nos recuerda a través de su Magisterio, asustarán a los jóvenes que se rebelarán contra estas supuestas “imposiciones”; Sin embargo, sucede lo contrario: la Iglesia no predica algo negativo ni frustrante. Predica el Evangelio de Jesucristo, que nos salva entregando su vida por amor. Cuando un joven lo descubre como protagonista y no como mero espectador, supera todas las exigencias, lucha contra el egoísmo y vive con gozo su pertenencia a la Iglesia a través de su testimonio de alegría y de entrega generosa a los demás. Creo que ofrecer voluntariados a los jóvenes, puede ayudarles mucho en este sentido. Las Delegaciones de Misiones, Caritas, Manos Unidas, ofrecen estas posibilidades, que transforman a los que participan. Se van de una manera y vienen totalmente renovados.

Inauguració del Jubileu de l’esperança a la diòcesi de Menorca-29 de desembre 2024 Foto Bisbat de Menorca

¿Qué papel pueden desempeñar las nuevas tecnologías y las redes sociales en la transmisión de la fe?

Lo virtual no puede suplir de ninguna manera el tú a tú de la transmisión de la fe. Ciertamente que puede ayudar y mucho; pero también puede perjudicar, si uno se aísla detrás de las pantallas. La fe es un don de Dios, que nos llega a través del testimonio de otras personas y que nos lleva a integrarnos en la comunidad eclesial concreta a la que pertenecemos. En algún momento la realidad virtual nos debe conducir al encuentro personal y directo con Jesucristo y con los hermanos.

¿Cómo puede la Iglesia comunicar su mensaje al mundo actual manteniéndose fiel a sus enseñanzas?

Hemos de ser fieles a la verdad revelada en la Escritura y en la Tradición. Estas son las fuentes de la revelación. Hoy tenemos una gran síntesis de la fe en el Catecismo de la Iglesia Católica, que es un tesoro en el que debemos profundizar y que enmarca todo aquello que la Iglesia Cree, celebra, vive y reza.

Ciertamente que hemos de buscar el lenguaje adecuado para transmitir la fe que hemos recibido. Los teólogos también prestan un indudable servicio en este sentido.

Además, tenemos a luz del Magisterio de la Iglesia que discierne y enseña sobre las necesidades y los problemas del hombre actual.

La comunión eclesial es muy importante y los Obispos hemos fe favorecerla con nuestras enseñanzas.

¿Cuáles considera que son hoy los grandes desafíos de la Iglesia en España?

Hoy en día no hay distancias y lo que he dicho antes de Menorca puede aplicarse a la Iglesia que peregrina en España. El gran reto de la iniciación cristiana, a todos los niveles. Me alegra muchísimo contemplar como en todas las parroquias hay grupos de adultos bautizados, pero que no recibieron una formación con posterioridad y que ahora piden completar la iniciación con los sacramentos de la Eucaristía y Confirmación. Y, sobre todo, que las parroquias no sean simplemente locales de culto, sino asambleas vivas de bautizados, comunidades que se comprometen a vivir y a transmitir la fe como miembros de la Iglesia. Todo eso está dando ya sus frutos de renovación y de autenticidad en el seguimiento de Jesucristo.

¿Qué importancia atribuye a la familia y a la pastoral familiar en la transmisión de la fe?

La familia es fundamental; es la “iglesia doméstica”, tal como nos recordaba el Concilio Vaticano II. La pastoral familiar ha de cuidarse mucho de cara a la preparación del matrimonio, del acompañamiento de los primeros años de matrimonio, de los movimientos familiares, de la catequesis familiar, etc. Aquí en Menorca tenemos un gran tesoro con los Equipos de Nuestra Señora, este movimiento fundado por el Siervo de Dios, el P. Cafarel. Estos matrimonios que integran los Equipos son para mí el alma de la pastoral familiar de Menorca y el germen de una profunda renovación de nuestra Iglesia.

POLÍTICA, SOCIEDAD E IGLESIA

¿Cómo debería ser la relación entre la Iglesia y la política y qué papel tienen los cristianos en la vida pública?

Me identifico totalmente con el discurso que el Papa León XIV hizo en las Cortes durante su visita a España. Algo que fue tan aplaudido y olvidado al cabo de poco tiempo. El diálogo sincero siempre aporta luz, comunicación y progreso, evitando la polarización que tanto daño hace.

La Iglesia no se identifica con ningún partido político en concreto. El Concilio nos marcó el camino de independencia y de colaboración de cara al bien común.

Yo creo que aquí en Menorca nuestras relaciones con las instituciones son buenas, independientemente de quien gobierna en cada momento. Somos una sociedad reducida y estamos llamados a entendernos y a llegar a acuerdos en aquellos aspectos en los que se juega el bien común de la sociedad.

Los cristianos son ciudadanos y deben participar con responsabilidad personal en la vida pública.

Hay documentos de la Iglesia como “Fratelli Tutti” del Papa Francisco y “Dignitas Infinita” del Papa León XIV, que son verdaderos manuales de la vida pública. Recuerdo que el Obispo Conesa organizo una charla a los políticos para dar a conocer la Encíclica del Papa Francisco y que tuvo muy buena acogida por parte de los políticos de los distintos partidos.

Y siempre tenemos la Doctrina Social de la Iglesia. Los católicos hemos de luchar también por la justicia social y por defender las justas reivindicaciones a favor de la dignidad humana y del verdadero progreso de los hombres y de los pueblos.

En Menorca hemos impulsado mucho la pastoral del trabajo y la delegación de Justicia y Paz se esfuerza por mantener vivos estos ideales.

¿Qué importancia concede al diálogo y a la búsqueda de acuerdos entre personas e instituciones con ideas diferentes?

Creo que esta pregunta ha quedado contestada con la anterior. Simplemente añadir que el diálogo ha de llevarse a cabo con serenidad, con la intención no de imponer a los demás nuestros criterios, sino abiertos a encontrar puntos de acuerdo mutuos, que puedan llevarse a cabo.

Puede servir de parangón el esfuerzo que está haciendo la Iglesia en el camino sinodal: participación, corresponsabilidad, subsidiariedad, son caminos que pueden servir a todos.

Encuentro diocesano de formación y envío de los catequistas. 12 de octubre de 2026. Foto Bisbat de Menorca

¿Cómo valora el clima de crispación y polarización que se vive en la política española?

Este clima de tensión nos perjudica, porque nos aleja más a unos de otros y acabamos no siendo adversarios, sino enemigos. Y a continuación vienen enfrentamientos que dañan mucho la convivencia pacífica. Yo no soy político, pero recuerdo que en la transición del franquismo a la democracia se pudo llegar a consensos que hicieron posible la convivencia pacífica de todos los españoles. Y estoy convencido que los políticos actuales también podrían llegar a los acuerdos posibles que necesitamos en nuestro tiempo para seguir adelante, evitando las crispaciones.

¿Debe la Iglesia pronunciarse sobre las cuestiones sociales y políticas que afectan a la dignidad humana?

La voz de la Iglesia a favor de la dignidad humana y de la justicia debe hacerse oír y no debe limitarse a los temas espirituales. La Iglesia tiene una palabra que decir en todo aquello que afecta al derecho natural, sea revelado o conocido por la razón. Su palabra siempre es orientadora y puede ser de gran ayuda en los momentos de confusión.

Solamente en los casos extremos entra en el debate político, como la Encíclica con la que en su día se condenó el nacismo. Lo normal es que la sociedad civil se organice ella misma como crea conveniente, respetando siempre los derechos humanos fundamentales.

¿Por qué interviene la Iglesia en debates sobre asuntos éticos y derechos fundamentales, aunque sus posiciones puedan suscitar críticas?

Estas intervenciones de la Iglesia están más que justificadas, porque son temas relacionadas con los derechos fundamentales de las personas y hemos de dar nuestra voz especialmente a los débiles, a los que no pueden defenderse. Hemos de asumir que estas intervenciones nos pueden traer problemas, complicar nuestra vida e incluso provocar persecuciones. Pero los seguidores de Jesucristo hemos de cargar con la cruz de cada día. Para mi lema episcopal, escogí las palabras de San Pablo: “proclamar (hacer) la verdad con el amor”. Se han de decir las cosas bien, sin ofender, incluso sabiendo que serán mal recibidas y nos pueden traer complicaciones.

Encuentro del obispo de Menorca con los alcaldes i alcaldesas Menorca. 2 de octubre de 2025

¿Considera que la libertad religiosa está suficientemente protegida en nuestra sociedad y qué riesgos observa?

La libertad religiosa consiste simplemente en asegurar que nadie puede ser coaccionado a profesar una determinada religión o creencias. Y que los límites de la autoridad respecto a la religión se sitúan en el plano de la tutela del orden público. Este derecho aparece garantizado en la Constitución. Yo creo que en líneas generales se respecta, pero hay que vigilar que la coacción no entre por otros resquicios. Hoy en día se habla mucho de los abusos de poder y de conciencia. Yo creo que en este campo hemos de trabajar mucho para velar para que la libertad de las personas y su responsabilidad no sean coartadas por personas o grupos fanáticos o sectarios, contra los cuales hay un derecho a defenderse. Es un peligro que acecha especialmente a los jóvenes y a las personas vulnerables.

¿Cómo valora actualmente las relaciones entre las instituciones civiles y la Iglesia?

En líneas generales las relaciones intentan ser cordiales. Pero la vida es conflictiva de por sí y a veces surgen conflictos por ambas partes. Cuando en lugar de dialogar y de proponer, buscamos imponer. Hemos de respetar la libertad y la autonomía de los ordenamientos civil y eclesial, buscando el bien común. Hay que dedicar tiempo y no partir de posturas inamovibles. Ciertamente que hay líneas rojas que no podemos traspasar, pero hemos de intentar siempre puntos de acercamiento, hemos de emplear un lenguaje educado y no ofensivo y llegar a los acuerdos posibles en cada momento.

¿Qué significado ha tenido para la Iglesia y la sociedad española la visita del papa León XIV?

En viaje apostólico del Papa León XIV ha sido una bendición para toda la Iglesia y creo que también para toda la sociedad. Ha aparecido la Iglesia tal como es en la realidad. Yo insisto mucho en esto. Hemos de ser sanamente “anticlericales”; es decir, vivir la eclesiología del Concilio Vaticano II, Viviendo la participación, la comunión y la misión compartida. El Sínodo sobre la Sinodalidad, del Papa Francisco, ha sido como una última derivación eclesiológica del Concilio Vaticano II. El Documento Final del noviembre de 2024 lo pone de manifiesto y la visita apostólica del Papa se sitúa como elemento importante de implementación en este contexto. Nuestra Iglesia y nuestras Diócesis han de ser este hogar feliz que abre sus puertas y los que se acercan se han de encontrar a gusto entre nosotros.

Por otra parte, desde la sociedad civil se han de abandonar prejuicios. Muchos tienen en su mente unos esquemas trasnochados del siglo XIX y creen que aquello que está en su imaginación coincide con el ser de la Iglesia en nuestro tiempo. Nada más lejos de la realidad. Por eso, hemos de buscar puntos de encuentro y colaboración para que caigan las vendas de muchos ojos y podamos reflejar y ver la realidad tal como es y no como nos la imaginamos.

El viaje del Papa ha ayudado mucho a romper esquemas y a comprendernos mejor unos a otros. Por nuestra parte, hemos de seguir el ejemplo del Papa y sus indicaciones durante su visita.

Encuentro de inicio de curso de los Equipos de Nuestra Señora. 27 de septiembre de 2026

¿Qué enseñanzas de la visita del Papa cree que deberían trasladarse a la vida cotidiana y a la convivencia social?

Creo que hemos de seguir el ejemplo del Papa, promoviendo el diálogo, buscando puntos de encuentro, emplear un lenguaje cariñoso y nunca ofensivo. Y, sobre todo, estar muy cerca de los que más sufren en nuestra sociedad, Hemos de hacer presente el “como Yo os he amado” de Jesús en nuestras relaciones.

GUERRA Y PAZ Y CONFLICTOS INTERNACIONALES

¿Qué papel desempeña la Santa Sede en la mediación y la búsqueda de soluciones pacíficas a los conflictos internacionales?

La Santa Sede, a través del Papa, de la secretaria de Estado y sus representaciones diplomáticas intenta actuar como elemento de mediación entre las partes en conflictos y de disuasión del empleo de la violencia entre las naciones. Podemos decir que tanto el Papa como la Iglesia, a nivel general, tienen y ejercen una gran autoridad moral en este campo.

¿Por qué siguen produciéndose guerras y qué mensaje ofrece la Iglesia ante la violencia?

Porque el egoísmo humano está muy enraizado. El mal sólo puede ser vencido por el bien. No hay otro camino. El magisterio del Papa sobre las guerras en nuestro tiempo, mal llamadas “preventivas” en muchas ocasiones, nos lleva a convertirnos en artesanos de la paz y a rechazar siempre la violencia, respetando también el derecho a defenderse con medios proporcionados.

La celebración del VIII Centenario del Tránsito de San Francisco ha generado una oración universal por la paz entre las naciones y especialmente por la paz en el oriente medio, en el país de Jesús, donde los franciscanos tienen una presencia muy significativa.

¿Qué responsabilidad tienen los gobernantes y los organismos internacionales para poner fin a los conflictos armados?

Los dirigentes políticos de los países en conflicto tienen una gran responsabilidad. La fuerza debe dejar paso a la razón y existe una obligación grave por parte de los que gobiernan las naciones para solucionar sus diferencias por medios pacíficos. Los organismos internacionales deberían actuar con contundencia para terminar con los conflictos bélicos abiertos hoy día en tantos lugares del planeta.

¿Qué importancia tiene la oración en la construcción de la paz?

La oración siempre es eficaz. Hay que organizar oraciones por la paz. No hemos de cansarnos, porque lo que es imposible para los hombres es posible para Dios. Pienso ahora en Santa Catalina de Siena, una mujer sencilla, pero llena de Dios que supo ser mediadora eficaz para encontrar la paz tanto en el seno de la Iglesia como en la sociedad civil de su tiempo. También en nuestros días hay creyentes que reciben especialmente este carisma de ser artífices de la paz y siempre empiezan por la oración.

¿Cómo puede cada persona contribuir a la paz desde su vida cotidiana?

Vivir el misterio de la comunión de los santos es la solución para todos los conflictos entre las personas. El bien que hacemos repercute en bien de todos y el mal que hacemos o el bien que dejamos de hacer (omisiones) deteriora la convivencia entre las personas. Por lo tanto, cuando yo construyo la paz a mi alrededor, cuando yo vivo en paz con Dios, conmigo mismo, con la Creación y con los demás, estoy construyendo la paz en el mundo.

Asamblea de la CONFER Baleares en Palma de Mallorca. 12 de noviembre de 2022

MENORCA, CULTURA Y FE

¿Qué relación existe entre las fiestas populares de Menorca, sus tradiciones y sus raíces cristianas?

Las fiestas populares en todos los pueblos de Menorca ponen de manifiesto nuestras raíces religiosas. Tradición, pueblo e Iglesia, aunque sean cosas distintas, se relacionan mutuamente, no se oponen, se complementan. Cuando montaba a caballo en las fiestas populares, representado al estamento eclesiástico, a veces los turistas me preguntaban si era un cura de verdad. Yo les respondía que aquí “todo lo que parece, es”. El que viste como cura, es cura, el noble es noble, el payés es payés, el menestral, menestral, etc. Me gustaría que siempre fuera así, que viviésemos todos con naturalidad y autenticidad nuestra identidad y que lejos de apartarnos de los demás, se crease un ambiente de verdadera fraternidad entre todos.

Ya sé que las cosas evolucionan y que ya no vivimos en una sociedad de cristiandad, pero hemos de reconstruir el mundo de las relaciones entre unos y otros, basándonos en el respeto y en el diálogo, en una sociedad pluralista como la nuestra.

Para terminar, ¿qué mensaje le gustaría dirigir a los lectores de Costa Granada y a quienes deseen conocer Menorca?

Les digo a los lectures de Costa Granada que vayan o regresen a este pequeño paraíso que es Menorca. Aquí siempre serán bien recibidos. Los menorquines somos acogedoras y el cristianismo está fuertemente arraigado en nuestras vidas, por lo que os consideramos hermanos y os abrimos las puertas de nuestras casas y de nuestros corazones. Gracias.

Diego Sabiote – Profesor Emérito de Filosofía Universidad de las Islas Baleares

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