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EL FLUIR DE LA MEMORIA

Ana María López Expósito reflexiona sobre la memoria como fuente de identidad, aprendizaje y esperanza, entrelazando filosofía, literatura y poesía para reivindicar el valor del recuerdo como puente hacia el futuro.

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Podría aventurarme a decir que la memoria es un río que atraviesa nuestra existencia, va recogiendo las voces del pasado y las entregas renovadas al presente. En su corriente viajan los nombres de quienes nos precedieron, las huellas de los caminos recorridos y los sueños que aún esperan ser cumplidos. Ese rio se manifiesta de forma distinta, unas veces es manso, de esos que dejan ver el fondo.  Otras se muestra crecido, arrastrando piedras pesadas, ramas, maletas viejas o cartas que juramos haber quemado. Lo cierto es que no es un archivo inmóvil ni un museo de sombras.

La RAE, La Real Academia Española define la palabra *memoria* con varios sentidos. Los principales son: 1. *Facultad psíquica*.    Facultad psíquica por medio de la cual se retiene y recuerda el pasado. 2. *Capacidad de retención*. Recuerdo que se hace o aviso que se da de algo pasado. 3. *Exposición de hechos*.    Relación de hechos, datos, etc., que se hace con algún propósito. 4. *Escrito*. Escrito en que se expone algo, especialmente para informar o justificar un hecho. 5. *Monumento*. Señal que se hace o deja para que de ella resulte recuerdo de algo. 6. *En informática*. Dispositivo donde se almacenan datos e instrucciones. *Dato clave*. En psicología, se entiende como la capacidad que nos permite conocer, retener y rememorar todo lo que nos llega por los sentidos, incluidas las emociones. Por ello utilizamos expresiones como: «tener buena memoria», «hacer memoria», «memoria histórica», etc. Depende del contexto.

Se podría decir que la memoria susurra y no grita. Y como el agua que encuentra grietas en la piedra, se mete por donde puede hasta volver a salir, años después, con otro nombre. Creemos en una memoria viva, capaz de transformar el recuerdo en conciencia y la experiencia en esperanza. Recordar no es permanecer anclados en lo que fue, sino comprender de dónde venimos para decidir con mayor libertad hacia dónde queremos caminar.

William Shakespeare afirmó: «Dad al dolor palabras; el dolor que no habla gime en el corazón.» (Una reflexión sobre el recuerdo y la memoria emocional).

La memoria es tramposa porque es fiel.  No guarda lo que pasó. Guarda lo que sentimos que pasó. Como explica Bergson, el recuerdo no es una fotografía: es una “recreación” que se mezcla con el presente cada vez que lo evocamos.  Esta mañana me he levantado de buen humor, a pesar de las elevadas temperaturas que nos visitan en Madrid, que me han inspirado estos versos:

OCÉANO de luz, silencio y de esperanza;

RAIZ del árbol longevo de la existencia.

CAUCE vivo y verdadero

donde el ayer al porvenir alcanza.

GUARDIANA de voces que partieron,

MEMORIA fecunda, que cada generación

 escuche el eco de la anterior y lo

transforme en una nueva melodía.

Frente al olvido, elegimos la palabra. Frente a la indiferencia, el diálogo. Frente a la prisa, la contemplación. Porque solo quien escucha el rumor de la memoria es capaz de reconocer la dignidad de cada ser humano y la riqueza de su legado. Olvidamos nombres, direcciones, promesas.  Pero el cuerpo no olvida.  El cuerpo guarda el frío de esa noche. El nudo en la garganta.  Hay recuerdos que se hunden.  Y hay otros que flotan como el corcho, aunque pesen. Son piedras lisas que guardas en el bolsillo sin saber por qué.

Marcel Proust lo dijo primero: la memoria involuntaria no obedece a la voluntad. Basta un sabor, un olor, para que “todo el Combray y sus alrededores” vuelvan de golpe. El río no pregunta si estás listo. Solo fluye.  Y tú te mojas otra vez los pies, aunque lleves años caminando en seco.

La memoria también habita en el arte. Vive en un lienzo que conserva la luz de un paisaje, en un poema que rescata una emoción, en una melodía que devuelve la voz a quienes el tiempo parecía haber silenciado. Cada acto creador es una forma de vencer el olvido.

Porque mientras la memoria siga fluyendo, seguirá fluyendo también la vida. Por ello Marco Tulio Cicerón constató: «La memoria es el tesoro y el guardián de todas las cosas.»

Jorge Luis Borges en cambio dijo: «Somos nuestra memoria; somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos.»

Por lo anteriormente expuesto, soy partidaria de que debemos abogar por una memoria abierta, generosa y plural, que abrace todas las miradas y todas las culturas. Una memoria que no levante muros, sino puentes; una memoria que fluya, que no alimente el resentimiento, sino la reconciliación; que convierta las heridas en aprendizaje y la diversidad en un motivo de encuentro.

Que el fluir de la memoria nos recuerde siempre que somos parte de una historia mayor que nosotros mismos. Somos herederos de incontables vidas y, al mismo tiempo, sembradores del porvenir.

Y siguen fluyendo versos como una oda a la memoria:

ACTO de resistencia.

HABITAT de los nombres que

el olvido pretende borrar.

OASIS que invita a detenernos.

RECORDAR es sembrar el porvenir.

ERES raíz del presente y semilla futura,

RECORDEMOS para dibujar un mañana más humano.

EN TU CAUCE confluyen la herida, esperanza, experiencia,

el recuerdo y la reconciliación.

Por ello, asumimos el compromiso de custodiar la belleza, la verdad y la palabra; de transmitir a las nuevas generaciones el valor del conocimiento, la justicia y la solidaridad; y de construir un futuro donde la memoria no sea una carga, sino una fuente inagotable de luz.

Ana María López Expósito

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