Desencuentros
Desencuentros, de Toñy Castillo Meléndez, es un poema intenso y sensorial sobre heridas recientes, deseo y búsqueda de amor. La noche, la ciudad y el cuerpo se convierten en símbolos de una mujer que avanza entre promesas rotas y una poderosa necesidad de volver a sentir.

El poema “Desencuentros”, escrito por Toñy Castillo Meléndez, es una pieza de fuerte carga sensorial y narrativa, donde la noche aparece como territorio de heridas recientes y deseo vivo. La voz poética avanza “sin equipaje”, con una “falda rota” que susurra secretos, y convierte cada detalle —el asfalto tibio, las huellas húmedas, los tacones desgastados— en símbolo de una búsqueda: caricias que comiencen “en la penumbra”, otros brazos, otros labios “no prohibidos”. El poema, escrito por Toñy Castillo, une vulnerabilidad y pulsión con imágenes potentes: la luna desciende por el cuello “como un amante silencioso”, y la ciudad se transforma en escenario íntimo de promesas rotas y deseo que palpita. No es un texto ligado a un certamen, sino una expresión personal, intensa y honesta, donde el desencuentro no es solo dolor, sino también hambre de vida y de amor verdadero.
Para comprender mejor esta voz, conviene recordar la trayectoria de su autora. Dra. Toñy Castillo Meléndez, nacida en Ceuta y afincada en Lleida, ha dedicado su vida a tender puentes entre educación, cultura y humanidad. Maestra, licenciada en Humanidades y doctora por la Universidad de Lleida, es referente en pedagogía hospitalaria y cuenta con una amplia producción literaria y de investigación. Dentro del Proyecto Global de Cultura Granada Costa, ocupa un papel destacado como Directora de la Academia de las Ciencias, Bellas Artes y Buenas Letras Granada Costa, impulsando la vida cultural y el trabajo creativo del proyecto. Además, recibió el premio Humanidades, la Estrella de Oro Miguel de Cervantes por su participación en Huella Universal Miguel de Cervantes y en 2026 el Premio Eco de las Leyendas, entre muchos otros.
Desencuentros
Paseaba sin equipaje
dejando al sol atrás como testigo.
La noche había sido larga
de desencuentros,
de pechos vacíos,
de manos inertes.
Caminaba lentamente,
la falda rota
susurrando secretos al viento.
Cada hilo desgarrado
era una promesa
que pedía ser tocada.
La noche era larga
ardía en su cintura.
Mientras el amanecer
desnudaba su sombra
sobre la piel tibia del asfalto
dejando huellas húmedas
en la mañana.
Buscaba lágrimas de terciopelo,
caricias que comenzaran
en la penumbra.
Mientras sus ojos se nublaban,
la luna descendía por su cuello
como un amante silencioso.
Caminaba lentamente,
sintiendo como sus heridas recientes.
Estaban abiertas no por dolor,
sino por deseo
de otros brazos
de otros labios no prohibidos.
La noche era corta,
palpitando entre sus muslos,
dejando huellas
encendidas en la mañana
con su falda corta
y tacones desgastados
sobre aceras de promesas rotas.
