Cuando yo era chimpancé – A Toda Costa
Francisco Ponce Carrasco narra con humor y ternura una divertida infancia imaginaria como chimpancé, transmitiendo valores como la amistad, la solidaridad, la convivencia y la bondad.

Mis amigos dicen que eso explica mi afición por las aventuras…
… mi curiosidad por la vida y la sospechosa facilidad con la que desaparecen los plátanos cuando los tengo cerca.
En aquella época me llamaban SAMBO, el más travieso de toda la selva. No era el más fuerte ni el más grande, pero tenía un talento extraordinario para meterme en líos… y otro aún mayor para salir de ellos con una sonrisa.
Al amanecer, los árboles parecían tocar el cielo, los pájaros organizaban conciertos que nadie había ensayado y los insectos opinaban sobre todo con un zumbido insistente.
Nosotros, los chimpancés, vivíamos en la selva, entre ramas, juegos y alianzas. Aprendíamos observando a los mayores, compartíamos comida cuando alguien tenía menos suerte y dedicábamos horas enteras a acicalarnos unos a otros.

En una ocasión até con lianas las colas de dos amigos mientras dormían la siesta. Cuando despertaron y caminaron en direcciones opuestas, acabaron rodando cuesta abajo como una pelota.
Pero no todo era hacer travesuras. Una tarde encontramos a una pequeña cría asustada porque había perdido de vista a su madre. Dejamos de jugar inmediatamente. Los más veteranos buscaron huellas, otros lanzaban llamadas entre los árboles y yo, que tenía buen oído, reconocí una respuesta lejana. Al poco rato madre e hija se abrazaban con tanta fuerza que hasta los monos más insensibles dejaron escapar un lagrimón.
Aquella fue una gran lección: la risa era maravillosa, pero compartir y cuidar de los demás era lo que mantenía unida a la familia.
También descubrí que los humanos no eran tan distintos de nosotros. Ellos construían casas; nosotros, refugios entre las ramas.
La selva y las ciudades deberían compartir un mismo idioma: el de la convivencia.
Quizá nunca fui chimpancé… o quizá sí. Lo cierto es que todavía llevo dentro a aquel pequeño bribón de corazón bondadoso que aprendió que la inteligencia sirve para resolver problemas, el humor para hacer más llevadero el camino y la bondad para que nadie tenga que recorrerlo solo.
Y sí alguna vez me ven con una banana en la mano, no se preocupen. Estaré celebrando nuestro “DIA”.
Francisco Ponce Carrasco
