-¡Queridísima Ofelia, con cuánta alegría espero siempre tu llegada a mi “mi Hogar, que es “mitad Biblioteca” como tú sueles decir! Sí, bienvenida…
-Pues también yo, fiel a nuestra cita mensual, llego a Barcelona con alegría, y con radiante gozo ante ti.
Nos hemos abrazado, besado, y nos hemos intercambiado energías y magnetismo, para nuestras conversaciones…
-El tema que dejamos pendiente sobre “las guerras, ¿cuándo acabaran?” vamos a debatirlo antes de plantearnos otras cuestiones, ¿te parece bien, Rogelio?
-Muy bien, Ofelia, de maravilla, Las guerras, como otros desastres ecológicos, como el maltrato de los animales y las personas, como las mafias para enriquecerse mediante la venta de estupefacientes, de la prostitución, y del trasiego de pateras con inmigrantes, y otras calamidades, “son producto de los seres humanos”, Ofelia”, Son solo seres humanos de distintas razas y culturas los causantes de todo ello, y no maldiciones de Dios, como erróneamente pretenden los que tienen poca o nula formación teológica, y menos aún “una experiencia vital y amorosa de la presencia de Dios en sus vidas”. ¿Cuándo experimentarán lo que experimentó el Apóstol San Juan y así nos lo dejó escrito, que “Dios es Amor”? Pues bien, Ofelia, las guerras acabarán cuando la Humanidad que ha ido pasando por diversos estadios o épocas, cada una de cientos de años de duración, por fin alcance un nuevo nivel de “Ciencia, Sabiduría, Amor, Libertad, Espiritualidad, Creatividad, Sensibilidad, Arte, Poesía, Humanismo, Gozo interior, Altruismo, Benevolencia y Buen Humor”. Un nivel así con todos los ingredientes que he nombrado bien mezclados y amalgamados. Cuando la Humanidad dé ese salto cualitativo desde lo indigno a lo digno, desde la crueldad a la bondad, desde la mentira a la Verdad, desde los fanatismos a la Inteligencia, en síntesis, “desde las Tinieblas, a la Luz”, ¡entonces, Ofelia, las guerras no tendrán razón de ser en nuestro Planeta! Las olvidaremos como tristes trastos inútiles del pasado, como hemos olvidado aquellas Legiones Romanas que con el beneplácito del Senado Romano y sus Emperadores, sembraron la muerte conquistando para Roma países orientales y occidentales, adueñándose de sus bienes y tesoros, y obligándoles a admitir sus costumbres, leyes, su idioma, sus dioses y sus creencias mitológicas. Como hemos olvidado aquellos bélicas Cruzadas de fanáticos cristianos, que al blasfemo grito de “¡Dios lo quiere”!, irrumpieron en Oriente matando sin piedad a sus pacíficos moradores, so pretexto de que “estaban profanando los Lugares Santos por vivir donde vivían, con prácticas y religiones opuestas a la cristiana. Hay que repasar la Historia de vez en cuando, Ofelia, para tener conciencia de los disparates y desastres que ha hecho el “Homo Sapiens”, y vacunarnos contra el Desamor, la Intolerancia, la Crueldad, el Fanatismo y los Sentimientos Enfermizos.
-Muy bien. Rogelio. Y para rematar nuestro tema, ¿qué te parece si lo hacemos con una cita del libro que me dejaste el mes pasado, “Grandes Momentos de Nuestra Vida” de la eminente conferencista norteamericana y maestra metafísica Louise L, Hay, que incluye conmovedores relatos de eminentes autores, “una obra que entretiene, estremece y ayuda”?
-¡Me parece muy bien, Ofelia, y con ella la daremos punto final a nuestro tema.
-Queridos lectores, he aquí la cita extraída de la página 165 de este documentado libro:
La guerra es un estado temporal de barbarie, una manera ignorante e inepta de resolver diferencias, y que en algún momento ya no existirá. Esas almas (se refiere a las que ya han evolucionado en el “Mas Allá”) consideran la adicción de la humanidad a la guerra no solo primitiva, sino también ridícula: el envío de jóvenes a librar batallas de los viejos para la adquisición de territorios o de otros bienes. Un día, la humanidad volverá la vista atrás sobre la totalidad de ese concepto y se preguntará: “Por qué?” Cuando haya suficientes almas evolucionadas con vasta inteligencia para resolver problemas, llegará el fin definitivo de las guerras.
