COMO ESPECIE, LAS PLANTAS SUPERAN AL HUMANO
Un especialista en Neurobiología vegetal de la Universidad de Florencia Dr. Stefano Mancuso, asegura que, “los humanos, como especie, somos más estúpidos que las plantas, y está convencido que tenemos muchísimo que aprender de ellas…”
La verdad es que no puedo por menos que estar de acuerdo con dicho profesor, a juzgar por mi experiencia de cuarenta años observando el comportamiento de las diferentes especies que he venido plantando. Concretamente y por poner un ejemplo muy actual: el árbol del aguacate cuando le falta el agua extiende su sistema radicular buscando la humedad de los árboles vecinos y ellos se avienen a tal ayuda sin problema alguno. Ello puede resultar un inconveniente también, porque el comportamiento natural de dicha planta de recurrir a su vecino cuando tiene un problema de salud, puede contagiarle la plaga que tuviera; es el caso del aguacate con la Phytophthora Cinnamomi o peor aún, de la Rosellinia Necatrix si estuviera infectado.
Pero el Dr. Stefano Mancuso conocido por “el hombre que habla con las plantas”, cuando así se lo decían, él contestaba que, “yo empezaría a preocuparme cuando ellas me respondieran.” Y añadía: “Empecé a estudiarlas en la universidad, pero cuando hice el doctorado observé que las raíces buscaban el camino más corto para superar los obstáculos. Ese simple experimento demostraba que eran capaces de sentir el entorno y calcular la más eficiente solución. En los últimos años me he centrado precisamente en la comunicación, pero no la mía con las plantas, sino entre ellas. Los resultados son increíbles porque intercambian mucha información, en algunos casos más que los animales que también lo hacen como las plantas cuando tienen problemas, para garantizarse la propia supervivencia”.
Stefano Mancuso
El italiano Mancuso está reconocido como una de las máximas autoridades mundiales en el campo de la neurobiología vegetal. Es profesor asociado de la Universidad de Florencia y tiene publicados más de 250 artículos. Recientemente viajó a Chile para exponer en el Congreso del Futuro la cuestionada disciplina sobre los vegetales, donde como académico del Departamento de Ciencias Ambientales de la Universidad, versó sobre su libro titulado “Sensibilidad e inteligencia en el Mundo Vegetal”.
Entre sus muchas entrevistas y conferencias, dice “que se puede afirmar que la plantas son seres inteligentes. Y dependiendo de la definición que se tenga de la inteligencia y las que suelen utilizarse están relacionadas con el hombre o con los animales que son muy parecidos, pero según mi opinión, la inteligencia es la capacidad de resolver problemas. Si consideramos la inteligencia de esta forma, podemos decir que las plantas son seres muy inteligentes y podemos aprender muchas cosas de ellas. En primer lugar, el respeto por el entorno. No encontrarás una planta que arruine el medio del cual depende su vida. Y muestra su habilidad para construir comunidades, como consecuencia de su imposibilidad para moverse. Las plantas duermen y su sueño es parecido al que tienen los animales; ellas tienen también un ciclo activo durante el día y un ciclo de descanso durante la noche y ese descanso es muy parecido al nuestro. Las plantas se comunican mucho y bien a través de moléculas volátiles. Cuando olemos el perfume de una flor, estamos oliendo un mensaje que la flor está lanzando a los insectos informando de un ataque o de un peligro. Las moléculas volátiles están en la base de toda la información de las plantas y su olfato puede ser algo parecido al oído de los animales y de los seres humanos”.
Dr. Mancuso
De las interesantísimas enseñanzas obtenidas de los escritos y manifestaciones del Dr. Mancuso, quiero destacar dos conclusiones personales: Que las plantas reconocen a sus parientes y se comportan de forma diferente si son de su familia o no aquellas que tienen cerca, y cuando no son familiares habrá una competición en su desarrollo y tendrán menos prestancia y consistencia.
Ha venido a mi recuerdo Luis Sarasola, creador del Rancho California (Almuñécar), cuando me decía que él hablaba con los árboles de aguacate y le entendían perfectamente. Creo que aquel gran amigo tenía sus razones para decirlo, y en su lejana época antes de fallecer, no pudo conocer las enseñanzas y seguridades del italiano Stefano Mancuso.
Julián Díaz Robledo



