La Virgen del Rosario, copatrona de Molvízar: una devoción que permanece viva generación tras generación
La Virgen del Rosario de Molvízar mantiene viva una devoción transmitida durante generaciones, uniendo fe, historia y tradición cada mes de octubre. Un recorrido por sus cultos, su patrimonio y las personas que hacen posible su continuidad. Autor: Proyecto de Cultura Granada Costa.

Con motivo de la festividad de Nuestra Señora la Virgen del Rosario, Molvízar vuelve a encontrarse en estos primeros días de octubre con una de las devociones más arraigadas de su historia religiosa y popular. La celebración no se limita únicamente a la jornada del miércoles 7 de octubre, sino que viene precedida por varios días de oración y culto en torno a la copatrona, haciendo de esta festividad un verdadero encuentro entre la fe, la memoria y las tradiciones de todo un pueblo.
Los actos comenzaron el domingo 4 de octubre, muy temprano, con el tradicional Rosario de la Aurora a las 7:00 horas, una de esas expresiones religiosas que conservan todo el sabor de las antiguas costumbres populares. A las 12:30 horas se celebró la Santa Misa y, esa misma tarde, dio comienzo el Triduo en honor a la Virgen del Rosario, que se desarrolla durante los días 4, 5 y 6 de octubre, a las 19:30 horas, con exposición del Santísimo Sacramento, rezo del Santo Rosario y celebración de la Santa Misa. Tres jornadas de preparación espiritual que conducen hasta el día grande de la Virgen.
El miércoles 7 de octubre, festividad de Nuestra Señora del Rosario, los cultos comenzarán a las 19:30 horas con el rezo del Santo Rosario y la Santa Misa. Posteriormente, a las 20:30 horas, tendrá lugar la tradicional procesión de la Virgen del Rosario por las calles de Molvízar, uno de los momentos más esperados y emotivos de estas celebraciones.
Hablar de la Virgen del Rosario en Molvízar es hablar de una parte importante de la propia historia del municipio. Según la memoria conservada sobre esta advocación, durante muchos años la Virgen del Rosario fue patrona de su iglesia, hasta que hacia finales del siglo XIX esta condición cambió. Sin embargo, aquello no supuso la desaparición de la devoción. Muy al contrario, el cariño hacia la Virgen permaneció vivo durante todo el siglo XX y ha llegado con fuerza hasta nuestros días.
Una de las páginas más entrañables de esta historia tiene como protagonistas a los propios jóvenes de Molvízar. Durante una época, la responsabilidad de organizar la festividad recaía cada año en una nueva comisión formada por jóvenes del pueblo, en su mayoría solteros, cuyos nombres eran anunciados por el párroco al finalizar la misa. Durante los doce meses siguientes trabajaban para preparar la gran fiesta del 7 de octubre, de manera que todo estuviera dispuesto cuando llegara el día dedicado a la Virgen.
Aquellos jóvenes vendían papeletas, organizaban rifas y pedían donativos puerta a puerta para poder sufragar los gastos. La memoria conserva incluso la curiosa anécdota de un año en el que compraron un cerdo que fue alimentado entre los propios vecinos para posteriormente venderlo y destinar lo recaudado a la celebración. Son recuerdos que, más allá de su carácter pintoresco, muestran hasta qué punto la fiesta de la Virgen del Rosario era también una obra colectiva, construida con esfuerzo, imaginación y sentimiento comunitario.
Con el paso del tiempo cambiaron las formas de organización, pero no desapareció lo verdaderamente importante: la voluntad de conservar la tradición y transmitirla a quienes vienen detrás. Hoy continúa siendo fundamental la implicación de los vecinos, que colaboran en todo aquello que resulta necesario para que las celebraciones religiosas mantengan su dignidad, solemnidad y arraigo.
Entre esas personas merece una mención especial Alfonso, un vecino especialmente volcado en mantener vivas las tradiciones religiosas de Molvízar y siempre dispuesto a ayudar en todo aquello que puede hacer. Su colaboración representa perfectamente ese trabajo generoso y muchas veces silencioso que existe detrás de cada celebración. Personas como Alfonso son imprescindibles para que las costumbres heredadas no terminen convirtiéndose únicamente en recuerdos, sino que continúen formando parte de la vida cotidiana del municipio.
Porque conservar una tradición exige mucho más que mantener una fecha señalada en el calendario. Supone disponer de tiempo, colaborar en los preparativos, cuidar los detalles, ayudar cuando hace falta y comprender que cada pequeño gesto contribuye a mantener vivo un patrimonio que pertenece a toda la comunidad.
La propia imagen de la Virgen del Rosario constituye un importante testimonio de esa continuidad histórica. La documentación conservada señala que la cabeza de la Virgen y la del Niño pertenecen a la tradición de la Escuela Granadina y están datadas entre los siglos XVII y XVIII, mientras que el cuerpo es posterior, correspondiente al siglo XX. Se trata de una imagen de candelero para vestir, de tamaño natural, con la Virgen y el Niño tallados y policromados. Su capilla se encuentra en la primera de la nave lateral izquierda de la iglesia.

A lo largo de las décadas se han llevado a cabo distintas actuaciones encaminadas a su conservación. Entre 1937 y 1940 fue reconstruida partiendo de la cabeza y del Niño y, posteriormente, a comienzos de los años noventa, fue restaurada por Antonio Díaz Fernández. La hermandad y los devotos también han ido incorporando y restaurando diversos elementos de su ajuar. En 2007 se costearon un nuevo cetro y una nueva media luna, mientras que en 2008 se arreglaron los encajes del manto y del vestido y se pintaron los candeleros del trono.
Su ajuar conserva coronas, rosarios, cetros, la tradicional media luna y diferentes juegos de vestiduras para la Virgen y el Niño. Cada uno de estos elementos es mucho más que una pieza material: representa el cariño y las aportaciones de generaciones enteras de molviceños que han querido cuidar y engrandecer la devoción a la Virgen del Rosario.
En la actualidad, esta continuidad de la vida religiosa de Molvízar cuenta también con el importante impulso de su párroco, Don Javier Sabio Sánchez. Desde su llegada a la parroquia se ha convertido en una figura cercana a los vecinos y muy implicada en el cuidado de las celebraciones y tradiciones religiosas del municipio.
Su labor en Molvízar va mucho más allá de presidir los actos litúrgicos. Don Javier acompaña, anima, escucha y participa activamente en la vida parroquial, favoreciendo que determinadas costumbres vuelvan a vivirse con intensidad y que otras encuentren una nueva fuerza. Su manera de entender la parroquia parte de una idea sencilla pero fundamental: las tradiciones permanecen cuando existe una comunidad capaz de implicarse en ellas.
Durante su etapa al frente de la iglesia de Molvízar se ha producido un renovado impulso de la vida parroquial. Los monaguillos han vuelto a estar presentes con sus vestimentas y se ha cuidado de manera especial la celebración de festividades como la Virgen de los Dolores, la Inmaculada, Santa Ana, la Virgen del Pilar y la Virgen del Rosario, así como la Semana Santa. También se ha trabajado en la preparación y ampliación del Belén y en otros muchos detalles destinados a enriquecer la vida religiosa del municipio.
Ese trabajo ha contribuido a generar una mayor participación y a reforzar el sentimiento de pertenencia alrededor de la parroquia. Don Javier ha sabido acercarse al pueblo y hacer partícipes a los vecinos, dando importancia tanto a las grandes celebraciones como a esos pequeños detalles que ayudan a que una iglesia tenga vida durante todo el año.
Pero esta labor no sería posible sin la respuesta de los propios molviceños. Don Javier y los vecinos trabajan en una misma dirección, cada uno desde sus posibilidades. El párroco impulsa, acompaña y anima, mientras que personas como Alfonso, junto a otros muchos colaboradores, aportan su tiempo, su disposición y su esfuerzo para que las celebraciones puedan realizarse y las tradiciones continúen pasando de una generación a otra.
Ahí reside precisamente uno de los valores más importantes de estas fiestas. Mantener viva una tradición no consiste únicamente en repetir un acto cada año, sino en conservar su sentido. Significa preparar unas flores, acondicionar un altar, cuidar una imagen, organizar una procesión, rezar juntos, enseñar a los niños el significado de aquello que contemplan y recordar a quienes antes hicieron exactamente lo mismo.
El Rosario de la Aurora, el Triduo de los días 4, 5 y 6, la exposición del Santísimo, las misas, el rezo comunitario del Rosario y la procesión del día 7 son, por tanto, mucho más que una sucesión de actos religiosos. En ellos se encuentran representados siglos de memoria, una forma de vivir la fe y una manera de comprender la comunidad.
Cuando este miércoles, a las 20:30 horas, la Virgen del Rosario vuelva a recorrer las calles de Molvízar, detrás de su paso habrá muchas horas de preparación, numerosos gestos anónimos y el cariño de quienes siguen creyendo que merece la pena conservar estas tradiciones.
Será una jornada para mirar hacia la Virgen, pero también para agradecer a quienes hacen posible que año tras año siga encontrándose con su pueblo. La dedicación de Don Javier Sabio, la colaboración constante de Alfonso y el esfuerzo de tantos vecinos representan la mejor garantía de futuro para unas costumbres profundamente enraizadas en Molvízar.
Porque una tradición permanece viva cuando un pueblo decide seguir haciéndola suya. Y cada octubre, Molvízar vuelve a demostrar que la devoción a su Virgen del Rosario, copatrona del municipio, no pertenece solamente al pasado: continúa escribiéndose en el presente y transmitiéndose, con fe, cariño y compromiso, a las generaciones que vendrán.
A la Virgen del Rosario
Virgen del Rosario, luz temprana,
que en Molvízar derramas tu consuelo,
eres senda de fe, refugio y cielo,
Madre fiel de esta tierra soberana.
Tu presencia serena y cotidiana
va sembrando esperanza en cada anhelo,
y cuando sales bajo el limpio cielo,
todo el pueblo te aclama y te engalana.
Entre rosarios, flores y plegarias,
se hace eterna la voz de los mayores
y renacen las huellas centenarias.
Copatrona querida entre las flores,
guarda siempre estas calles necesarias
de tu paz, de tu amparo y tus amores.
Proyecto de Cultura Granada Costa
