LA EDUCACIÓN: UNA CUESTIÓN DE ESTADO
Juan López, inspector de Educación y Consiliario de Educación del Ateneo de Madrid, reflexiona sobre la necesidad de alcanzar un gran Pacto de Estado que aporte estabilidad, equidad, calidad y futuro al sistema educativo español.

Nuestro compañero Juan López, inspector de Educación y Consiliario de Educación del Ateneo de Madrid, ha querido compartir con los lectores de Granada Costa el contenido de una conferencia que impartió el pasado sábado 3 de octubre, a las 19:00 horas, en el Centro Cultural Caja Granada bajo el título «La Educación: una cuestión de Estado», una reflexión sobre uno de los grandes asuntos pendientes de nuestro país: la consecución de un verdadero Pacto de Estado por la Educación.
A lo largo de su intervención, Juan López analiza una cuestión que durante décadas ha estado presente en el debate político y social español. Su planteamiento parte de una idea fundamental: la educación necesita estabilidad y no debería quedar condicionada de manera permanente por los cambios políticos o electorales de cada legislatura.
Desde su experiencia en el ámbito educativo, recuerda algunos de los principales intentos realizados en España para alcanzar ese gran acuerdo. Entre ellos figura la «Declaración conjunta a favor de la Educación» de 1997, la iniciativa promovida por los sindicatos docentes en 2004 y, especialmente, el «Pacto social y político por la Educación» impulsado en 2009 por el entonces ministro Ángel Gabilondo, que llegó a contemplar más de 150 medidas y un presupuesto de 1.500 millones de euros.
Juan López señala que, pese a las diferencias ideológicas, existen numerosos asuntos en los que las principales fuerzas políticas pueden encontrar importantes puntos de acuerdo. Entre ellos se encuentran el incremento progresivo de la inversión educativa, las políticas de equidad, las becas, la gratuidad de los libros de texto y materiales, el transporte y los comedores escolares, así como la universalización del derecho a la educación desde los cero hasta los dieciocho años.
También considera esenciales la formación inicial y permanente del profesorado, el Estatuto de la Función Pública Docente, la evaluación del sistema educativo, la mejora de la Formación Profesional, la participación de la comunidad educativa, una mayor autonomía de los centros y la estabilidad del currículo escolar.
El autor defiende que ese gran acuerdo debería ser también un Pacto Territorial, debido a las competencias educativas asumidas por las Comunidades Autónomas. Entre las medidas que podrían formar parte de ese marco común se encontrarían una educación más inclusiva, una mayor atención individualizada al alumnado, la configuración de las becas como un derecho, la progresiva universalización de las Escuelas Infantiles de cero a tres años y la implantación de un sistema de acceso a la docencia similar a un MIR Educativo.
Otro aspecto destacado es la necesidad de revisar la Formación Profesional para adaptarla de forma continua a los cambios tecnológicos y a las nuevas demandas sociales y laborales. También se plantea reforzar la convivencia escolar mediante un Plan Estatal que permita prevenir y combatir de manera eficaz el acoso, el ciberacoso y el bullying.
Sin embargo, Juan López reconoce que existen asuntos en los que el acuerdo resulta más complejo. Entre ellos se encuentran la relación entre la escuela pública y la concertada, la libertad de elección de centro, la enseñanza de la Religión, la educación en valores cívicos, el papel de los Consejos Escolares y el modelo de evaluación educativa.
Precisamente por ello, sostiene que un verdadero Pacto de Estado no puede limitarse únicamente a aquello en lo que todos coinciden, sino que también exige ser capaces de «pactar los desacuerdos».
En materia de evaluación, defiende fundamentalmente un modelo diagnóstico que permita detectar los problemas de cada centro y orientar a los equipos docentes hacia la mejora, evitando que la evaluación se convierta únicamente en un instrumento para establecer clasificaciones entre centros.
La conferencia concluye con una reflexión especialmente significativa. El Pacto impulsado por Ángel Gabilondo estuvo muy cerca de convertirse en realidad, pero finalmente no llegó a firmarse en un contexto marcado por la proximidad electoral. De aquella experiencia surge una idea que Juan López considera esencial: los grandes acuerdos educativos deberían alcanzarse al comienzo de las legislaturas, lejos de la confrontación electoral.
Porque, si España deja de pensar exclusivamente en clave electoral y comienza a hacerlo en clave generacional, seguirá resultando evidente que nuestro país mantiene una tarea pendiente: alcanzar un gran Pacto de Estado por la Educación que proporcione estabilidad, calidad, equidad y futuro al sistema educativo.
