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EL OTOÑO DE LA VIDA

El otoño de la vida puede traer nuevas ilusiones. Fernanda Llabrés nos habla de un hombre que recupera la alegría y la esperanza gracias a una mujer a la que contempla cada fin de semana, aunque todavía no reúna el valor para acercarse a ella.

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Fernanda Llabrés

Su vida era aburrida
antes de conocerla,
y ahora se desvivía
esperando que fuera el día,
en que nuevamente la vería.
Eso renovaba su energía
y mantiene la llama
que sin saberlo ella había encendido.
Las tardes de los sábados
y la de los domingos
en su busca se marchaba
y al baile siempre acudía.
Él, no era hombre de danza
ni de mucha palabrería
pero embobado quedaba
cuando ella aparecía.
De sus derechos la dama
que canas ya peinaba y que el son de la música
(se contoneaba.
Cuánto señorío derrochaba
mientras iba bailando
con sus collares al cuello
y la sonrisa siempre fresca.
El no paraba de repetirse lo mismo
mientras ella sin parar va bailando.
Quizás el próximo día
se atreviera y le hablaría.
Pero es tanta su venganza
que sentado se va quedando
y a bailar nunca la saca
y así, va pasando el tiempo.
Ella cada sábado sigue sin estar quieta
y él, aunque sea sólo para verla
cómo se contonea
seguirá yendo a danza.
Su vida era antes aburrida
porque no la conocía
y ahora que algo está floreciendo
la inunda de alegría el pecho.
Ese atisbo de esperanza
hace que cada mañana
se renueve su energía
y mantenga encendida esa llama.

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