ESTREÑIMIENTO: HÁBITOS QUE AYUDAN A TU INTESTINO
Consejos del Dr. Juan Gustavo Benítez Molina para mejorar el estreñimiento mediante alimentación rica en fibra, hidratación, actividad física y buenos hábitos intestinales, además de conocer cuándo es recomendable consultar con un médico.

El estreñimiento es un problema muy frecuente que puede afectar de forma importante a la calidad de vida. Es más habitual en las mujeres y aumenta con la edad. Aunque muchas personas creen que padecer estreñimiento significa simplemente no defecar todos los días, esto no es así. La frecuencia normal de las deposiciones es muy variable entre unas personas y otras.
Hablamos de estreñimiento cuando existe una dificultad persistente para evacuar, que puede manifestarse por deposiciones poco frecuentes, heces duras o grumosas, necesidad de realizar un esfuerzo excesivo, sensación de evacuación incompleta o sensación de que existe una dificultad para expulsar las heces.
Cuando estos síntomas persisten durante varios meses podemos encontrarnos ante un estreñimiento crónico, que requiere valorar no solamente los hábitos de vida, sino también los medicamentos que toma el paciente y la posible existencia de otras enfermedades.
¿Por qué aparece el estreñimiento?
Las causas son diversas y, con frecuencia, se combinan varios factores.
Una alimentación pobre en fibra, una ingesta insuficiente de líquidos, el sedentarismo y la costumbre de retrasar repetidamente la evacuación pueden favorecerlo. También pueden influir determinados medicamentos y algunas enfermedades, especialmente en las personas de edad avanzada.
Ignorar de forma habitual el deseo de defecar puede hacer que con el tiempo disminuya la respuesta a esa sensación. Por ello es aconsejable atender a la llamada del intestino y disponer de un momento tranquilo para ir al baño.
También es importante recordar que no es necesario defecar todos los días. Una persona que realiza deposiciones cada dos o tres días puede encontrarse perfectamente bien si las heces son normales y no existe dificultad para evacuarlas.
Algunos hábitos pueden ayudar
El tratamiento inicial del estreñimiento suele comenzar por modificar determinados hábitos.
Es conveniente reservar un momento tranquilo para acudir al baño, preferiblemente después de alguna de las comidas, aprovechando que comer estimula de forma natural los movimientos del intestino. No debemos apresurarnos ni convertir la defecación en una situación estresante.
La postura también puede facilitar la evacuación. Al sentarnos en el inodoro, elevar ligeramente los pies mediante un pequeño soporte puede acercar las rodillas al abdomen y favorecer una posición más parecida a la de cuclillas.
Lo importante es evitar realizar esfuerzos excesivos y prolongados.
Alimentación y fibra
Una alimentación variada, rica en alimentos vegetales, puede contribuir a mejorar el tránsito intestinal.
Es recomendable incorporar progresivamente frutas y verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos y semillas, según la tolerancia individual, y otros alimentos ricos en fibra.
La fibra debe aumentarse de manera progresiva, especialmente en personas que habitualmente consumen poca cantidad, porque un incremento brusco puede producir gases, distensión o molestias abdominales.
También es importante mantener una hidratación adecuada. La cantidad de líquido que necesita cada persona depende de factores como la alimentación, la actividad física, el clima y su estado de salud.
No es necesario recurrir a una dieta excesivamente restrictiva ni eliminar de forma indiscriminada determinados alimentos. El objetivo debe ser conseguir una alimentación equilibrada y sostenible.
Movimiento y actividad física
La actividad física habitual puede ayudar a mantener una función intestinal adecuada. Caminar, subir escaleras, montar en bicicleta, nadar o realizar otros ejercicios adaptados a la edad y a la condición física son buenas opciones.
No es necesario realizar ejercicio extenuante. Lo más importante es evitar el sedentarismo y mantener una actividad física regular.
El intestino, nuestro “segundo cerebro”
El aparato digestivo posee un complejo sistema nervioso propio, denominado sistema nervioso entérico, que participa en la regulación de los movimientos intestinales y de otras funciones digestivas.
Además, existe una comunicación constante entre el intestino y el cerebro. El estrés, la ansiedad y otros factores emocionales pueden modificar la percepción de los síntomas digestivos y, en algunas personas, influir en el funcionamiento intestinal.
Por eso, cuidar la alimentación y el movimiento es importante, pero también lo es prestar atención al descanso, al estrés y a nuestros hábitos diarios.
¿Y si con esto no es suficiente?
Cuando las medidas relacionadas con la alimentación, la actividad física y los hábitos intestinales no son suficientes, conviene consultar con un profesional sanitario.
El médico puede valorar si existe alguna causa concreta, revisar los medicamentos que toma el paciente y decidir si es necesario utilizar un tratamiento específico. Existen diferentes tipos de laxantes y otros medicamentos que pueden utilizarse en determinadas circunstancias, pero no todos son apropiados para todas las personas.
En el caso del estreñimiento crónico, el tratamiento debe individualizarse y, si es necesario, realizar una valoración médica más completa.
¿Cuándo debemos consultar?
No debemos atribuir automáticamente cualquier cambio intestinal a una simple falta de fibra o de ejercicio.
Es especialmente importante consultar con un médico cuando el estreñimiento aparece de forma reciente y persistente, o cuando se acompaña de síntomas como sangrado rectal, pérdida de peso no explicada, anemia, dolor abdominal importante, vómitos, fiebre o un cambio llamativo y mantenido del ritmo intestinal.
En resumen
Para mantener un intestino saludable conviene escuchar las señales del organismo, no retrasar habitualmente la evacuación, mantener una alimentación variada y rica en fibra, beber de forma adecuada, realizar actividad física con regularidad y reservar un momento tranquilo para ir al baño. El intestino tiene su propio sistema nervioso y mantiene una estrecha relación con nuestro cerebro. Cuidar uno y otro forma parte, en definitiva, de cuidar nuestra salud.

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