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Comer fruta de temporada sienta bien a todos – A toda costa

Fruta de temporada, de Francisco Ponce Carrasco, invita a cuidar la salud, ahorrar en la compra y apoyar a los agricultores apostando por productos nacionales.

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Es una de esas decisiones que parecen pequeñas, pero tienen un efecto sorprendente

Primero, por una razón muy sencilla: nuestra salud. La fruta aporta vitaminas, minerales, fibra y agua, justo lo que el cuerpo necesita para funcionar con alegría y sin protestar demasiado. Además, ayuda a mantener una alimentación equilibrada y puede convertirse en el mejor tentempié entre horas.

Pero hay un segundo argumento que suele convencer incluso a los más escépticos: el bolsillo. Cuando una fruta está en plena temporada, la naturaleza hace buena parte del trabajo. Hay mayor producción, menos costes de conservación y transporte, y eso suele traducirse en precios más asequibles.

En otras palabras: comprar cerezas en su momento o melón cuando aprieta el calor no solo sabe mejor, también suele costar menos. Y eso, en los tiempos que corren, merece casi un aplauso.

La tercera razón tiene acento español y mucho campo detrás.

Elegir fruta cultivada en nuestro país significa respaldar el trabajo de miles de agricultores que madrugan bastante más que la mayoría de nosotros. Son quienes cuidan los árboles, las plantaciones y los cultivos para que luego podamos disfrutar de una nectarina jugosa o una sandía refrescante. Apostar por el producto nacional contribuye a mantener vivo un sector esencial para la economía y para el equilibrio del medio rural.

Quizá el secreto esté en cambiar la forma de mirar el frutero. No es un rincón olvidado de la cocina, sino una especie de calendario comestible. Cada estación trae sus protagonistas: fresas en primavera, melocotones y sandías en verano, uvas e higos al final del estío, mandarinas y naranjas cuando llega el frío. La naturaleza lleva siglos organizando este menú; tal vez merezca un voto de confianza.

Así que la próxima vez que vayas a la compra, dedica unos minutos a la sección de fruta. Tu organismo te lo agradecerá, tu economía probablemente también y, en algún lugar entre huertos y campos de cultivo, más de un agricultor seguirá haciendo posible que cada estación tenga el sabor que le corresponde.

Porque, al final, comer fruta no es solo una cuestión de salud. Es una forma sencilla de cuidar de nosotros mismos, apoyar a quienes trabajan la tierra y descubrir que, a veces, las mejores opciones vienen envueltas en una cáscara.

Francisco Ponce Carrasco

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