SAN MARCOS, PATRÓN DE BELICENA
Exaltación poética de José Escriba dedicada a San Marcos, patrón de Belicena, nacida de la emoción vivida durante sus fiestas patronales y del profundo respeto hacia la fe, la tradición y la devoción de este pueblo granadino.

Durante mi visita a Belicena, con motivo de sus fiestas patronales en honor a San Marcos, tuve la oportunidad de vivir una experiencia profundamente emotiva. Quedé maravillado al contemplar la devoción sincera que este pueblo granadino profesa a su patrón, una devoción que se siente en la iglesia, en las calles, en la procesión y en el corazón de cada vecino. Vi cómo San Marcos no es solo una imagen venerada, sino un símbolo de unión, memoria y esperanza para Belicena. La solemnidad de los actos religiosos, el cariño de las familias y la alegría de la fiesta me hicieron comprender la fuerza de una tradición que sigue viva generación tras generación. De aquella emoción nace esta exaltación poética, escrita desde el respeto, la admiración y el sentimiento.
SAN MARCOS, PATRÓN DE BELICENA
Belicena se levanta
cuando abril prende su llama,
y en la Vega se despierta
una fe limpia y temprana.
Suenan campanas antiguas
sobre la iglesia sagrada,
y el pueblo entero se acerca
con emoción en el alma.
Allí está San Marcos santo,
custodio de nuestra casa,
con mirada de Evangelio
y corazón de esperanza.
No es solo imagen bendita,
ni madera venerada,
es memoria de los padres,
es raíz que nunca acaba.
En su templo recogido,
de historia humilde y cristiana,
Belicena guarda siglos
de oración, promesa y gracia.
Cristo de Misericordia
bajo sus muros ampara,
y San Sebastián contempla
la devoción que no pasa.
Pero al llegar veinticinco
de abril, con luz clara,
San Marcos sale a la calle
y el pueblo entero lo aclama.
Las puertas del templo se abren,
la tarde se vuelve alta,
y en los ojos de los fieles
brilla una fe emocionada.
Los mayores lo recuerdan
con la voz entrecortada,
porque en su infancia ya vieron
su bendición por la plaza.
Los niños miran al santo
con inocencia callada,
sin saber que están guardando
la herencia que se les manda.
Las madres rezan despacio,
los padres bajan la cara,
y en silencio cada pecho
le entrega penas y gracias.
San Marcos de Belicena,
patrón de fe soberana,
tú conoces cada calle,
cada puerta, cada casa.
Tú sabes del jornalero,
de la tierra y la labranza,
del sudor sobre la Vega
y del pan que se ganaba.
Tú sabes de aquellas lluvias
que el campo tanto esperaba,
cuando el pueblo te pedía
agua buena para el alba.
Y si la sequía hería
la esperanza de las parras,
tu nombre subía al cielo
como una humilde plegaria.
Porque Belicena sabe
que la fe no es palabra vana:
es caminar junto al santo
cuando la vida se cansa.
Es llevarlo por sus calles
con música y con campanas,
con flores, promesas, vivas,
con lágrimas en la cara.
La procesión se hace río,
la devoción se hace marcha,
y cada vecino siente
que San Marcos lo acompaña.
No hay balcón que no lo mire,
ni corazón que no salga,
ni recuerdo que no vuelva
cuando su imagen avanza.
La iglesia queda encendida
de incienso, luz y alabanza,
mientras la plaza celebra
la hermandad de la jornada.
Porque fiesta y fe se abrazan
sin perder su voz cristiana:
la misa eleva el espíritu,
la convivencia lo agranda.
Hay alegría en el pueblo,
hay música en la mañana,
hay comida compartida
y amistad bajo las ramas.
Los juegos llenan de risas
la memoria de la infancia,
y la noche se corona
con verbena iluminada.
Pero en medio de la fiesta,
por encima de la algazara,
permanece San Marcos
como luz que no se apaga.
Él no divide al vecino,
él reúne, él hermana;
bajo su nombre bendito
Belicena se levanta.
San Marcos, fiel Evangelista,
voz de Cristo y de su palabra,
león alado del cielo,
fuerza que nunca se acaba.
Sé amparo de nuestro pueblo,
sé consuelo de sus almas,
sé refugio del que sufre,
sé paz para quien trabaja.
Bendice nuestra parroquia,
sus muros, su cruz, su gracia,
y a cuantos llegan al templo
con fe sencilla y callada.
Bendice nuestras familias,
a los que están y a los que faltan,
a quienes viven ausentes
pero sueñan con su plaza.
Bendice a nuestros mayores,
memoria viva y sagrada,
que mantuvieron tu nombre
cuando el tiempo amenazaba.
Bendice a la juventud,
que herede tu fe temprana,
y no olvide que su pueblo
tiene una historia cristiana.
Bendice la Vega hermosa,
sus caminos y sus aguas,
los campos que dan sustento
y las manos que los labran.
Bendice cada campana
cuando al cielo se levanta,
porque en su bronce repite
que Belicena te ama.
Y cuando abril vuelva un año
con su luz recién llegada,
que otra vez salga tu pueblo
a recibirte en la plaza.
Que no se pierda esta fiesta,
que no se apague esta llama,
que San Marcos siga siendo
nuestro escudo y nuestra casa.
Belicena te proclama
con emoción desbordada:
patrón, guía y protector
de nuestra fe castellana.
Y al final de esta alabanza,
con el alma levantada,
que retumbe en todo el pueblo
esta voz clara y cristiana:
¡Viva San Marcos bendito!
¡Viva su iglesia sagrada!
¡Viva el pueblo de Belicena!
¡Y viva su fe que no acaba!

Ciudadano del Mundo
