TRES AMORES EN EL PECHO
Poema de José Escriba dedicado a Antonio Gutiérrez Moreno, una vida marcada por Carmen, Vélez de Benaudalla y Lleida.

En Molvízar lo vi un día,
cuando Paloma pregonaba,
y entre cultura y campanas
su noble rostro brillaba.
Era el año dos mil catorce,
y Carmen estaba a su lado,
la niña de las trenzas,
su amor fiel y sosegado.
Antonio Gutiérrez Moreno,
hijo de Vélez amado,
llevaba su pueblo entero
como un río por el costado.
Nació en tiempos de dureza,
con la posguerra encendida,
y aprendió desde la infancia
a levantar bien la vida.
Cádiar y Los Bérchules
le dieron campo y altura,
historias junto al fuego
y una raíz limpia y pura.
Dejó la escuela muy niño,
para ayudar en la tierra,
pero no dejó sus sueños
ni su luz de primavera.
Quiso ser médico un día,
escritor o actor de escena,
y la vida le fue dando
poesía para su pena.
Marruecos abrió sus ojos,
desierto, zoco y frontera,
y supo que quien se marcha
también vuelve a su manera.
Fue soldado y fue viajero,
mecánico conductor,
aprendiendo en los caminos
disciplina, fe y valor.
Después llegó hasta Lleida,
Cataluña generosa,
y allí sembró su destino
con paciencia laboriosa.
Cuarenta y cinco años largos
dio al transporte y la carretera,
llevando pan, tiempo y sueños
con voluntad verdadera.
Allí vivió junto a Carmen,
compañera inseparable,
refugio de sus inviernos
y primavera constante.
Con ella formó familia,
cuatro hijos, cinco luceros,
nietos que guardan su herencia
de honradez y amor sincero.
Antonio tiene en el pecho
tres nombres como banderas:
Carmen, Vélez de Benaudalla
y Lleida, tierra viajera.
Carmen le dio la ternura,
Vélez le dio nacimiento,
Lleida le dio largos años,
trabajo, casa y sustento.
En la Casa de Andalucía
halló escenario y palabra,
y aquel sueño de teatro
volvió a encenderse en su alma.
Veinticinco años de entrega
como socio colaborador,
levantando Andalucía
con poesía y corazón.
Fundó Balcón Poético,
certamen de mano abierta,
donde la voz de los poetas
halló su casa y su puerta.
Granada Costa lo vio
como socio verdadero,
con su poema mensual
y su presencia en encuentros.
Sus libros guardan memoria,
Navidad, sueños, añoranza,
y el eco de sus leyendas
con Vélez siempre en el alma.
Lo vi en el Palacio de la Prensa,
en aquel Madrid del veinte,
donde la cultura unía
a una familia de gente.
Y después lo vi premiado
con emoción verdadera,
recibiendo con justicia
el Eco de las Leyendas.
También su pueblo querido
preparó nombre y memoria:
tendrá calle con su nombre,
gratitud hecha historia.
No es solo premio ni placa,
ni homenaje pasajero,
es reconocer la vida
de un hombre cabal y entero.
Carmen, niña de las trenzas,
Antonio, voz de nobleza,
que os abrace vuestra historia
con amor, cultura y grandeza.


Ciudadano del Mundo
