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AGATHA CRHISTIE: ESCRITORA Y AVENTURERA 

“Agatha Christie: escritora y aventurera”, de Aurora Fernández, repasa la fascinante vida de la autora británica, mostrando cómo su propia historia fue su mejor novela.

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                                           La mejor novela de la escritora

                                           Agatha Christie es su propia vida

        Cuando escuchamos el nombre de Agatha Christie (Torquay, 1890- Winterbrook, Reino Unido 1976) lo primero que pensamos es en sus novelas policiacas: de terror, ciencia ficción, crímenes, detectives y aventuras. Pero antes de convertirse en escritora vivió otras etapas diferentes como cualquier mujer de su posición. Dice en su autobiografía que “tuvo una infancia feliz, que tenía una casa y un jardín, una nodriza paciente…”

Agatha idealizó la historia de amor de sus padres como si fuera un cuento de hadas.  Su madre Clara Bohemer, se casó con un rico americano, que había heredado una fábrica de harina, estudiado en Suiza y muy amante de fiestas, viajes… que llevaba una vida loca en EE. UU. Fue un amor a primera vista y pronto se trasladó a Inglaterra para pedir la mano de Clara. Estaban rodeados de lujo y criados. Pasaban los inviernos en Torquay, en la costa de Devon; a menudo organizaban juegos, bailes y fiestas en su casa con amigos. Más tarde compraron una preciosa villa de estilo italiano en una colina en las afueras de Torquay con un espléndido jardín: Ashfield, donde nació Agatha y pasaría buena parte de su juventud. Fue su casa preferida, pues llegó a tener once durante su vida. Entre los invitados ilustres estaban Henry James y R. Kipling,

       Agatha estuvo muy influenciada por su madre y su hermana mayor, las cuales tenían un fuerte carácter, personalidad e ideas muy peculiares.  Por eso Agatha no fue a la escuela hasta los 13 años y pasó su infancia sin la compañía de otros niños de su edad.  Era muy curiosa y leía libros infantiles de sus hermanos. Luego en la biblioteca, donde descubrió a Lord Byron, Oscar Wilde, Dickens, etc.  Su educación la completó con clases de piano, mandolina y danza. También practicaba deportes.

    A los 11 años perdió a su padre y dejó a la familia medio arruinada por la vida de lujo y derroche que llevaba. El confort y lujo se acabaron, la vida de la familia ya no volvió a ser la misma. Su hermana mayor se casó a los pocos meses, su hermano se alistó en el Ejército y se fue a la India, y para ella comenzaba una etapa difícil dependiendo de una madre depresiva y posesiva. Pero como tenía voz de soprano, se fue un tiempo a París para estudiar canto y piano y ser cantante de ópera. Pero la timidez y el miedo le impedían salir al escenario, se quedaba paralizada, por lo que sintió una gran frustración.

      A los 18 años era una joven atractiva, esbelta, elegante y un poco despreocupada, sólo se dedicaba a los deportes, montar a caballo, patinar al golf… como una señorita de la alta sociedad británica.

  Anécdota:  a Agatha le gustaba pasar muchas horas en la cocina porque la cocinera le daba a probar los cinco platos que comían cada día para el almuerzo antes de servirlos a la mesa.  Era amante de la buena mesa….

   Pronto sintió nostalgia de su estilizada figura – afirmaba ella misma a los 40 años- debido a su glotonería.

    Inesperadamente, la salud de su madre empeoraba día tras día y decidió pasar un invierno en compañía de su hija en Egipto, que por entonces estaba de moda entre la alta sociedad británica. La agencia de Tomas Cook lo organizó todo para la estancia en El Cairo: alojamiento, cruceros, las visitas a las pirámides, las salidas por el desierto… y las fiestas de noche en hoteles de lujo…allí también se encontrarían con damas de la alta sociedad, entre ellas la Emperatriz Eugenia de Montijo.  A Agatha le gustaba asistir y flirtear con los oficiales británicos destinados allí y bailar románticas valses. Fue su primer contacto con Oriente, el que luego reflejaría en sus novelas: “Muerte en el Nilo” y “Poirot en Egipto”, entre otras.

   Volvió otra vez a Torquay con recuerdos inolvidables., pero sin saber a qué dedicarse. Estando en cama convaleciente, su madre le dijo que podía escribir un relato como había hecho ya su hermana mayor que había publicado cuentos cortos y era aficionada a las novelas de misterio. Le hizo caso a su madre y al poco tiempo escribió “La casa de la belleza”. Después, otro con seudónimo y luego una novela: “Nieve en el desierto”. Algunos editores no le quisieron publicar, pero una amiga de su madre le hizo una crítica muy positiva y le animó a seguir escribiendo.

BODA CON ARCHIBALD CHRISTIE

        En octubre de 1912 Lady Clifford ofreció un baile en sus lujosos salones al que asistieron varios jóvenes militares, entre ellos Archibald Christie – Archi para los amigos- un joven alto, rubio, apuesto, seguro de sí mismo… piloto de aviación, con el que Agatha bailó toda la noche. Fue un amor a primera vista. Él tenía 23 años y ella 22. Pronto le pediría matrimonio, aunque no tenía dinero ni un futuro prometedor. Estalló la Primera Guerra Mundial y tuvo que irse a Francia, y ella sola y triste se puso a trabajar de enfermera voluntaria en el hospital de Torquay. Él no volvió hasta pasados tres meses. Se casaron el día de Nochebuena, fue una boda precipitada y poco romántica, no fue nadie de la familia de Agatha. La luna de miel sólo duró un día. Archi tenía que regresar a Francia inmediatamente.

   Ella seguía en el hospital, sola, cansada y triste. Fue una época muy dura, pues su madre estaba muy enferma. Durante un tiempo trabajó en una farmacia que le sirvió para familiarizarse con toda clase de drogas y venenos que luego le servirían para sus novelas de misterio: la morfina, el cianuro…

   Al regresar su marido en 1918, se van a vivir a Londres. Al poco nació su hija Rosalind. Agatha tenía 28 años y ya había triunfado con varias novelas como: El misterioso caso de Styles: un detective belga llamado Hércules Poirot. Su novela triunfó en Inglaterra y América “por tratar de sustancias venenosas…”

Para preparar la Exposición Universal de Londres en 1924, Archi recibió el encargo de reunir un grupo de expertos para viajar por todo el imperio británico, y Agatha le acompañó en su viaje por Sudáfrica, Ciudad del Cabo, Honolulú, Hawai, islas Fiji… estaban en constantes vacaciones, hasta que se les acabó el dinero. En once meses recorrieron 64000 km. Agatha tomó notas para una próxima novela. Se había convertido en una mujer alegre y extrovertida, pero la felicidad iba a durar poco. El Coronel Archi había perdido su trabajo y ahora vivían gracias al dinero de las ventas de sus novelas. Archi no compartía los gustos literarios con ella ni siquiera le interesaban sus libros. Eran dos polos opuestos.

Aurora Fernández

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