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ECLIPSE DE AMOR POETAS QUE CANTAN A LA LUNA

Un viaje literario por leyendas y poemas dedicados a la luna, desde mitos griegos hasta las voces de Unamuno, Mistral, Lorca, Coronado y Bécquer, unidos en un canto eterno al astro nocturno.

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CABELLERA LUNAR

Sus pálidas guedejas

alumbran en la noche el firmamento.

Larga cabellera peina la luna

ante su blanco tocador de nubes.

Una estrella pequeña de mil puntas

con mimo alisa sus doradas ondas

que, extendidas por el firmamento,

semejan serpentinas en el cielo.

Con un haz de pequeños luceros

compone habilidosa una diadema

que resalta la belleza de su pelo.

Quiere sentirse hermosa porque al crepúsculo

un nuevo galán la espera enamorado.

La Dama de la noche, acicalada

y seguida de infinitas luminarias

que alumbran su estelar camino,

pese a sus muchos años, ilusionada

como una adolescente ante un primer romance,

sale al encuentro de su nuevo amante.

“Luna lunera cascabelera. Ojos azules, cara morena”. ¿Quién, con algunos años,  no ha repetido de niño estos versos dedicados a nuestro hermoso satélite? La luna ha sido desde siempre inspiración de poetas, acompañante de enamorados. La que, algo celosa de su amor, al verse tan sola, ha sido testigo de idilios y promesas, jurándose amor eterno  entre besos y caricias.

Selene luce esplendorosa en el cielo cuando está contenta y quiere agradar a los humanos alegrando a la tierra con sus rayos de plata acompañada de un séquito de miríadas de estrellas formando una corte de honor a la reina del firmamento en noches de plenilunio.

Otras veces, la luna se siente muy triste al no poder encontrarse con su amante el sol y entonces oculta su pena y durante unas noches no asoma en el cielo para llorar en soledad. Esas noches no podemos contemplarla y las sombras lo invaden todo.

Ella tiene sus fases y esta fase es la llamada luna nueva, hasta que de nuevo vuelve a alegrar a la Tierra asomándose tímidamente en el firmamento, poco a poco, y vuelve a lucir su esplendor cual faro cósmico.

      Sobre la luna se han escrito miles de poemas y leyendas. A mí, particularmente, que soy muy “lunática”, me encanta esta leyenda griega que os escribo a continuación.

“Cuenta la leyenda que dos jóvenes llamados Luna y Sol se enamoraron perdidamente el uno del otro y, felices, comenzaron a vivir su gran amor.

Mas, Afrodita, diosa de la belleza y del amor, sintió celos de que una pareja de mortales se amase de una forma tan intensa.

     Entonces, decidió bajar del Olimpo y, experta en amor y segura de su seducción, quiso conquistar al joven, el cual con vehemencia la rechazó con estas palabras: Mi señora, eres tú la mujer más bella y más dulce que existe, pero mi corazón pertenece solo a mi amada Luna. Ella es para mí más deseable que el mismo oro

Afrodita, furiosa al verse desdeñada por aquel mortal e incapaz de conquistarlo, convirtió al joven en el astro Sol, que iluminaría el día, y a la mujer, en la Luna, que iluminaría la noche.

Como consecuencia, nunca podrían coincidir juntos en el firmamento. Y Afrodita, satisfecha, pensó que su amor se extinguiría para siempre.

     Pero Zeus, padre de los dioses, al ver que el amor del Sol y la Luna, pese a la separación, sobrevivía al tiempo y la distancia, se compadeció de ellos e intervino para que, al menos, alguna vez pudiesen unirse aunque fuese de tarde en tarde y abrazarse de nuevo los dos enamorados. Y entonces creó el eclipse. Y es cuando los amantes vuelven a fundirse en un abrazo, aunque tan solo sea por breves instantes”.

Así que, este es el origen de los eclipses. ¿Os ha gustado?

     Yo soy una enamorada de la luna desde pequeña. Creo haber contado una anécdota que me ocurrió cuando tenía apenas unos meses de edad. Resulta que una noche de verano de luna llena me sacaron al jardín a pasear. Pero, de pronto, comencé a llorar y no había forma de calmarme. Pasaba de brazo en brazo y mis llantos no cesaban hasta que, al ver que con el bracito señalaba hacia arriba, se dieron cuenta de que lo que yo quería ¡era la luna! Y por eso lloraba.

      De entre los cientos de poetas que han glosado a la luna he escogido, por mor del espacio, a un pequeño grupo en representación de los demás.

Al azar, elijo unos versos del gran escritor y poeta Miguel de Unamuno. Nacido en Bilbao, 1864, y fallecido en 1936. Fue escritor, poeta y filósofo, perteneciente a la llamada Generación del 98. Cultivó todos los géneros: novela, poesía, ensayo, periodismo y teatro. Perteneció a la Real Academia Española.

LA LUNA Y LA ROSA

En el silencio estrellado
la Luna daba a la rosa
y el aroma de la noche
le henchía? sedienta boca?
el paladar del espíritu,
que adurmiendo su congoja
se abría al cielo nocturno
de Dios y su Madre toda…
Toda cabellos tranquilos,
la Luna, tranquila y sola,
acariciaba a la Tierra
con sus cabellos de rosa
silvestre, blanca, escondida…
La Tierra, desde sus rocas,
exhalaba sus entrañas
fundidas de amor, su aroma…
Entre las zarzas, su nido,
era otra luna la rosa,
toda cabellos cuajados
en la cuna, su corola;
las cabelleras mejidas
de la Luna y de la rosa
y en el crisol de la noche
fundidas en una sola…
En el silencio estrellado
la Luna daba a la rosa
mientras la rosa se daba
a la Luna, quieta y sola.

     Seguimos con otra gran figura de las letras: la chilena Gabriela Mistral, nacida en 1889 y fallecida en 1957.

Fue poeta, diplomática, profesora y pedagoga. La primera mujer en lengua española que ganó el Premio Nobel, en 1945, más el Premio Nacional de Literatura de Chile. Gran viajera por Europa y Estados, reformó el sistema educativo.

LA LUNA BLANCA

— ¡Madre, esta luna tan blanca,

¿es lirio o vellón sedoso?

— Puede ser vellón o lirio,

puede ser rostro curioso.

— Madre, la luna menguante,

¿por qué decreciendo está?

— Porque se gasta, vertiendo,

cual leche, su claridad.

— Madre, esta luna, ¿qué se hace

cuando deja de salir?

— Puede estar viendo a otros niños,

asomada a otro país.

—Madre, ¿por qué su luz cae

con callada suavidad?

—Porque es la luna una madre,

de divino acariciar.

—Madre, ¿por qué ha de llegar

cuando la noche ha caído?

—Porque la mandan velar

sobre los niños dormidos.

     No podía faltar el granadino Federico García Lorca. Archisabida es su biografía y su obra, tanto como poeta, actor, dramaturgo y periodista, nacido en Fuente Vaqueros  en 1898 y muerto en 1936. Perteneció a la Generación del 27 y organizó el teatro universitario La Barraca. Su poemario Romancero gitano es de fama universal.

ROMANCE DE LA LUNA,  LUNA

La luna vino a la fragua
Con su polisón de nardos
El niño la mira, mira
El niño la está mirando.

En el aire conmovido
Mueve la luna sus brazos
Y enseña, lúbrica y pura
Sus senos de duro estaño.

Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos
Harían con tu corazón
Collares y anillos blancos.

Niño, déjame que baile
Cuando vengan los gitanos
Te encontrarán sobre el yunque
Con los ojillos cerrados.

Huye luna, luna,
Luna, que ya siento sus caballos.
Niño, déjame,
No pises mi blancor almidonado

El jinete se acercaba
Tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua, el niño
Tiene los ojos cerrados

Por el olivar venían
Bronce y sueño, los gitanos
Las cabezas levantadas
Y los ojos entornados

¡Cómo canta la zumaya!
Ay, ¡cómo canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
Con un niño de la mano

Dentro de la fragua lloran
Dando gritos, los gitanos
El aire la vela, vela
El aire la está velando.



CAROLINA CORONADO

     Poeta nacida en Almendralejo, Badajoz, en 1820 y fallecida en 1911. Perteneciente al romanticismo, cultivó los géneros, poesía, novela y teatro. Fue asimismo traductora y  editora publicando en diversos periódicos. Viajera incansable y feminista, luchó a favor de la abolición de la esclavitud. Se negó a ser coronada como poeta.

La luna es una ausencia

Y tú, ¿quién eres de la noche errante

aparición que pasas silenciosa,

cruzando los espacios ondulantes

tras los vapores de la nube acuosa?

Negra la tierra, triste el firmamento,

ciegos mis ojos sin tu luz estaban,

y suspirando entre el oscuro viento

tenebrosos espíritus vagaban.

Yo te aguardaba, y cuando vi tus rojos

perfiles asomar con lenta calma,

como tu rayo descendió a mis ojos,

tierna alegría descendió a mi alma.

¿Y a mis ruegos acudes perezosa

cuando amoroso el corazón te ansía?

Ven a mí, suave luz, nocturna, hermosa

hija del cielo, ven: ¡por qué tardía!

     Y dejo para el final al más romántico de los poetas, que no podía ser otro que Gustavo Adolfo Bécquer, mi poeta preferido.

Nacido en Sevilla en 1836 y fallecido en 1870 a los treinta y cuatro años de edad, es el prototipo de los poetas del posromanticismo. Son célebres sus rimas “¿Qué es poesía?”, y “Volverán las oscuras golondrinas”. Sus leyendas, quince en total, están envueltas todas ellas en un halo de misterio y temas ocultos. Su poesía influyó en mucho en los poetas posteriores.

RIMA LXXXVII 

¡Quién fuera Luna,
quién fuera brisa,
quién fuera Sol!

¡Quién del crepúsculo
fuera la hora,
quién el instante
de tu oración;
quién fuera parte
de la plegaria
que solitaria
mandas a Dios!

¡Quién fuera Luna,
quién fuera brisa,
quién fuera sol!

Adiós, hermosa Luna. Sigue iluminando las noches con tu luz, reflejo en ti de tu amado el Sol. Con sus rayos te envía en la distancia todo su amor esperando que un nuevo eclipse vuelva a uniros aunque solo sea  por unos instantes.

Vuestra amiga Carmen Carrasco

Carmen Carrasco Ramos, Delegada Nacional Granada Costa

1 pensó en "ECLIPSE DE AMOR POETAS QUE CANTAN A LA LUNA"

  1. Me encanta que hayas recogido una parte de las muchas poesías que a grandes poetas le ha inspirado la Dama Luna. Yo soy una enamorada de los poemas a la Luna y te agradezco que los hayas recopilado junto con tu escrito cuajado de manantial de sentimientos.
    Gracias amiga Carmen 😘

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