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Una Pluma de Mallorca a Molvízar ESENCIA DE  NAVIDA

ESENCIA DE  NAVIDAD DEL CABALLERO DE BARRAX El joven pastor Basilio y su Bella Quiteria

     Enrique Martínez de Barrax

  Este fragmento está inspirado en la caseta de pastores y muleros celebrando la Navidad de 1955 en la pradera de la Villa de Munera, para analizar la influencia en el ámbito de la actividad literaria y moderna navideña enlazando palabras de villancicos y del Quijote, influencia y actualidad de un mito. Esta Cervantina como género abierto es uno de las grandes creaciones del Barroco español.

Cervantes siempre ha contado con admiradores durante toda las épocas. Son numerosos los intelectuales y escritores, no tan solo de Europa sino del resto del mundo, que se han sentido impresionados por su obra cervantina con distintas muestras de admiraciones. Por participar sólo algunos de ellos, debemos hablar de la talla de escritores y poetas: Octavio Cuartero, Luis Rosales, Miguel de los Santos Oliver, Hermingwy, Dickens, Dostoyevsky, Enrique García Solana ¡CELEBRANDO LA NAVIDAD! Lectura de hoy de mi diario de estudio

            Don Enrique García Solana, escritor y cronista de la “Villa de Munera”, gran estadista y paleólogo del Quijote, por su amor a su patria chica y en homenaje a la cultura cervantina construyó el “Molino de la Bella Quiteria” (1975). Donde Miguel de Cervantes se recreara en unas famosas y sonadas bodas de Camacho el Rico y la Bella Quiteria, enamorada de Basilio el pobre. Un curioso suceso que ocurrió en las inmediaciones del pueblo en la explanada de la finca los Casares… donde un joven pastor llamado Basilio realizó una estrategia más sonada de la comarca, a través de la cual consiguió arrebatar su amada de un rico terrateniente llamado Camacho el Rico, a quien el padre de la joven Quiteria accedía a casarla por dote y en contra de la voluntad de los dos jóvenes enamorados.

            El Señor Enrique supo ver en su yantar de escritor la cultura cervantina vagando por los alrededores la historia de estos enamorados llevándola como cultura y progreso a las páginas de su “Revista Ecos”, construyendo más tarde el “Molino de la Bella Quiteria”, gracias a él y a su esposa doña Amparo Gabidía, cada año en la primera semana de julio escritores y poetas se dan cita para celebrar el concurso literario “Molino de la Bella Quiteria”.

            Aveces nos preguntamos ¿Qué se propuso Cervantes al escribir el “Quijote”? Él mismo nos dice que no fue otro que “poner en aborrecimiento de los hombres las fingidas y disparatadas historias de los libros de caballerías”, y Cervantes aprovecha la afición que desde el siglo XIV había por los libros de caballerías tan llenos de locas imaginaciones como desprovistos de auténticos valores, alarmó a los moralistas, que desaconsejaban e incluso condenaban su lectura sin conseguir desarraigar el gusto que las gentes de toda condición sentían por ellos.

            Cervantes logra con su obra lo que no habían conseguido los moralistas. Imagina a un loco que se cree caballero andante y, a través de él, ridiculiza los usos de la caballería, de modo que podemos considerar el “Quijote” como una parodia, donde sus personajes tan reales que adquirieron vida propia, como si se hubieran desprendido de las páginas del libro que los lanzó al mundo, “El ingenioso Don Quijote de la Mancha”, que en el año 1605 aparece la primera parte, novela que fue una auténtica revelación para los que ya conocían y valoraban a Cervantes, y que irritó a sus enemigos literario, dicen de él: “…De poetas ninguno hay tan malo como Cervantes, ni tan necio que alaba a don Quijote”. Pese a estas críticas adversas, la obra alcanzó tanta popularidad como ninguna otra. Evidentemente el Quijote se imprimió en la imprenta de Juan de la Cuesta en Madrid, dedicado a Don Alonso López de Zúñiga Sotomayor, duque de Béjar, que tuvo una extraordinaria aceptación.

Todos los grupos humanos tienen una serie de características por las cuales se les distingue de otros, aunque todos tengamos las cualidades comunes propias de todos los hombres como especie.

Es por eso que hablamos de distintas culturas o maneras de ser, que se aprecian por una serie de valores aceptados por todo el grupo que los comparte en general.

España como nación ha tenido el privilegio de dar origen a una civilización y a una cultura, que hace que se le pueda considerar a la altura de los grandes imperios de la antigüedad que han marcado las pautas a seguir de la historia de la humanidad.

España es la fundadora de lo que hoy con gran desacierto, y menos tino, se le llama cultura latina -¡la cultura latina la fundó Roma!- pero España ha creado la cultura hispánica, que es como se le debe llamar con más propiedad.

Ya sabemos que la cultura hispánica, como tantas otras culturas, es una amalgama de pueblos, razas y civilizaciones.

Pero en el corazón geográfico de España se encuentra La Mancha, tierra de frontera y encuentro de las civilizaciones hebrea, cristiana y musulmana.

Don Miguel de Cervantes, genio inmortal de todos los tiempos, supo enriquecer como nadie, su paleta de pintor espiritual de las realidades humanas, con los colores de estas tres culturas, creando un libro que ha venido a ser el símbolo de la cultura hispánica, y la biblia filosófica de todos los que nos preciamos de españoles y manchegos.

Muchos libros y artículos se han escrito ya sobre El Quijote, y muchos más se podrían escribir.

Aceptando los valores pintorescos y anecdóticos de estas tres civilizaciones, el corazón y el alma del pensamiento cervantino están basados en los valores morales de la cultura judeo-cristiana que emerge de la Sagradas Escrituras.

Esos pensamientos, tan ideales y tan manchegos y esas grandes y lujosas bodas de Camacho y la bella Quiteria, son los valores humanos éticos directamente tomados de la palabra de Dios y de los hombres del campo, de la cual Dios era gran conocedor.

Hay otras culturas que Cervantes denuncia en su obra Rinconete y Cortadillo, que es la cultura de los pícaros, ladrones y rufianes. Hoy se le llama esconder la consigna: Pícaros al Poder.

Hace algún tiempo que un cantautor escribió una bonita canción que decía que España huele a pueblo. Si el “Príncipe de los Ingenios” levantase la cabeza, con el lenguaje directo con que solía escribir, diría que España huele a corruptos.

Y es que cuando se eclipsa el sol del honor, cuando se apaga el faro de la decencia y las buenas costumbres, no queda más remedio que unir nuestra voz a la de otro ilustre poeta inglés, el inolvidable Shakespeare cuando puso es boca del príncipe Hamalet: “Algo huele a podrido en Dinamarca”.

Nuestra querida España parece hoy un gran patio de Monipodio, donde toda clase de malandrines, pícaros y sandios, parecen disputarse los botines de los Rinconete y cortadillos de turno.

Otro don Miguel insigne, -Unamuno-, cervantista de gran talla, y filósofo y profeta de las realidades españolas, supo denunciar estos males que nos aquejan, y hasta indicar su remedio.

Creo que para decir algo positivo, lo mejor que podemos hacer, es volver a valorar la cultura de Cervantes, y como imitar a los genios es una conducta sabia, haremos bien en beber en las fuentes que hicieron grande a Cervantes y a tantos hombres y mujeres a lo largo de la historia, es acudir al maestro de maestros, a Cristo cuando dijo: “Vosotros sois la sal de la tierra, si la sal se toma insípida, ¿con qué será salada?”

A la España de hoy le faltan la sal de la verdad, la honradez la decencia, el sentido del honor y la propia estimación, valor de otro de nuestros grandes escritores.

Ya se sabe que sin Navidad, las cosas, y las personas partidarias de las palabras suaves y consideran antiestéticas las palabras fuertes y cantos de villancicos, para cantar:

Qué ocurre pastores de nuevo en Belén

un Ángel del cielo de nuevo se va aparecer.

Corramos, corramos, corramos todos a ver…

el Ángel anuncia que ha nacido el Salvador.

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