UN RECUERDO AGRADECIDO A QUIENES NOS PRECEDIERON
Un texto de gratitud hacia las generaciones que reconstruyeron el país tras la posguerra, impulsando trabajo, austeridad y educación. La autora reivindica la memoria como puente: recordar es revivir, equilibrar pasado y presente para proyectar un futuro con valores heredados.

Si nosotros estamos aquí, hoy, se debe a la inteligencia, previsión, discernimiento y esfuerzo de generaciones anteriores, de personas sensatas, que, después de la guerra civil-incivil, contribuyeron a la reconstrucción de un país, destruido por el afán y la ambición de poder de determinadas personas. Un país que costó reconstruir y que se conseguiría gracias a una generación, que ya era adulta al comenzar la posguerra. De este modo, lograron incrementar, gradualmente, el nivel económico familiar, social y estatal. Este hecho les permitiría planificar y alcanzar ciertos retos, los cuales, a lo largo de los años (40, 60, 80), favorecerían el crecimiento de una clase media, actualmente en retroceso.
Todos estos cambios se debían a la capacidad y energía creativa de numerosos empresarios, algunos de los cuales viajaban a países europeos y americanos para luego aplicar en las islas y otros entornos de nuestro territorio sus descubrimientos (como Manuel Salas Sureda, Salvador Salas Garau, Fluxá, Barceló, March, Bonnín Aguiló, Ribas, etc. en Mallorca; o Coda, Gomila, Codina, Montañés, Vidal V., Timoner, Cardona, Pons Quintana, Seguí M., G. Sintes, etc. en Menorca.)[1]. Estos cambios también se debían al empuje y creatividad de intelectuales, profesionales, artistas, artesanos y tantas otras personas que trabajaban por el bien común, algunas desde el exilio (S. de Madariaga, A. Machado, P. Salinas, L. Cernuda, M. Zambrano, R. Chacel, etc.), mientras otras, lo hacían a pie de obra.
No obstante, era importante el camino seguido; sólo al cabo de los años se constatarían los resultados. De ahí, la importancia de los medios, entre los que destacaban la sobriedad, el aprendizaje, el afán de conocimiento, la dedicación e incremento del trabajo.
El deseo de una economía en crecimiento implicaba, por un lado, el predominio de la austeridad a todos los niveles. Por otro, se daba mucha importancia a la educación. La forma de progresar era a través de la cultura. Se crecía gracias al afán de saber en todos los órdenes. Las aulas de los cursos de bachillerato, Comercio o Bellas Artes estaban repletas de estudiantes, que buscaban una formación idónea a sus intereses. Se fomentaba la cultura y, con ella, también se forjaba el carácter. Era el punto de partida para poder elegir el camino al que se aspiraba, un camino por el que se harían realidad tantos sueños y tantas aspiraciones.
Se vivía en un ambiente, cuyos padres habían vivido la guerra y luchaban para que sus hijos consiguieran vivir en un mundo, mejor que el anterior; la austeridad, la actitud estoica, que, aún aceptando la realidad, permitiría la superación como forma de vida, eran actitudes que predominaban en gran parte de las familias de esta época.
A veces, esta imposición o protección excesiva, que inducía a los progenitores a conseguir hijos perfectos, con cuyo proyecto y futuro se identificaban, provocaba en ellos formaciones reactivas y la necesidad de independizarse de los adultos hasta poder elegir su propio camino. Se crecía con más fuerza interior, con más responsabilidad, pero evitando también la sumisión excesiva al adulto impositivo.
Sin quererlo, son datos que nos permiten recordar cómo eran estos días: todos reunidos alrededor de una mesa o en torno al piano cantando villancicos, o conocidas canciones clásicas de nuestro país insular, catalanas o italianas. Es el enorme poder de la memoria, territorio en el que ‘recordar es revivir’.
La memoria traslada a un presente el recuerdo de personas queridas, hoy ausentes. Nos acompaña en tantos recorridos mentales trasladando al presente la calidez de un pasado. De esta manera, pasado y presente, de forma equilibrada, coinciden en el tiempo formando una unidad, desde donde se puede planificar y proyectar el futuro.
Gracias a la memoria podemos recordar experiencias pasadas, aún desconocidas, que se pueden resolver en el presente. Los recuerdos y también los sueños, al analizarlos, permiten aproximarnos a lo que soñamos y hacer conscientes aspectos todavía oscuros, sin cuyo anàlisis permanecerían aletargados y desconocidos en nuestro interior.
Éste es un tiempo de recuerdos, no solamente nostálgicos sino también de agradecimiento hacia tantas familias y personas que se comprometieron con el futuro inmediato de nuestra sociedad. Trataron de reconstruir e incrementar parte del bienestar que habían perdido, responsabilidad y valores que recibieron e intentaron transmitir; valores que creían auténticos y valiosos. De ahí, que sean tantas las herencias recibidas como legado, por lo que no podemos olvidar ni dejar de agradecer el esfuerzo, responsabilidad y afecto de quienes consiguieron unos objetivos y unos medios para alcanzarlos y que, sin duda, han logrado transmitirnos.
[1] J. Gomila R., G. Coda P., G. Gomila P., J. Torrent T., Bagur A., J. Pons M., J. Codina V., C. Ruiz P., E. Orfila G., P. Montañés V., F. Vidal V., R. Timoner S., F. J. Cardona Tr., S. Mesquida F., S., P. Quintana, J. Mascaró P., A. Seguí M., G. Sintes P., J. Casals Thomás, J. G. Díaz M. …

