UN MISTERIO EN EL FLAMENCO
Un viaje al misterio del flamenco: el duende. Esa fuerza oscura y mágica que vibra en el cante, el baile y la guitarra, convirtiendo el arte andaluz en una experiencia trascendente.

Estimados lectores de Granada Costa hoy les reúno para hablar de un misterio que vibra en la garganta de un cantaor, en la madera de la guitarra española de Paco de Lucía, en el taconeo de Antonio Gades, ese algo que transforma el arte en una experiencia espiritual. Me estoy refiriendo a un concepto evocador que va más allá de la técnica o la perfección formal: “el duende”. Este término, arraigado en la cultura española —especialmente en el flamenco, aunque también se extiende a otras artes—, ese fuego oscuro invisible que recorre la piel del arte andaluz cuando alcanza sus cotas más altas se refiere a esa fuerza emocional profunda, casi sobrenatural, que convierte una obra de arte en una experiencia trascendente. El duende no necesita traducción es emoción pura. Es la chispa de lo eterno en lo efímero para algunos, la herida que canta y la sombra que baila. Surge cuando el artista se deja poseer por algo que no puede controlar y si eso ocurre el público lo siente, aunque no entienda ni una palabra de cante. Un ejemplo lo tenemos en el Camarón de la Isla en la “Leyenda del tiempo”, aquí rompió moldes y generó duende al mezclar tradición y vanguardia, les sugiero que vuelvan a escuchar este LP. Ese quejido que nos estremece parece un lamento es el duende hablándonos. De paso escuchen a otro cantaor conocido por su voz profunda, su compromiso social y su capacidad para encarnar el duende en sus interpretaciones de seguiriyas, tonás, soleás, y martinetes transmite una emoción cruda como ocurre en su famosa “Saeta” o “El tiempo”, hablo de José Meneses al que descubrí en un concierto que dio en Barcelona y creo que fue una de las primeras veces que sentí la llamada del duende como espectadora. Recuerdo el tablao bajo y estrecho, el aire olía a vino derramado y guitarra sudada. El entró sin alardes con un traje blanco y esa mirada que anunciaba dolor. Frente al micrófono respiró hondo y arrancó por soleá la voz le salió como un cuchillo. Su cante era hondo, rasgado como si arrastrara siglos de penas. Los jipios le brotaban desde el alma y el silencio se volvió tangible cuando remató con un “Ay, madre,” no pude evitar las lágrimas, el duende me atravesó. Al terminar, Meneses se secó el sudor con un pañuelo verde, asintió y desapareció entre las los palmeros como un fantasma. Nadie habló hasta minutos después. Nunca olvidaré aquella noche. Los críticos flamencos al día siguiente dijeron: Meneses no canta, desgarraba el silencio con su voz . Les sugiero a su vez, hablando de este tema, presten atención a la guitarra de Paco de Lucía en “Almoraima”, esa guitarra no suena, respira, sangra, grita…en cada nota hay duende.
Según el Diccionario de la Real Academia Española, en una de sus acepciones, tener duende es tener encanto o atractivo. En Andalucía esta expresión se ha asociado, tradicionalmente, al flamenco, y de esta manera se habla de “tener duende flamenco” para referirse a aquellas personas que tienen un arte y una esencia especiales.
El duende es el misterio que convierte el flamenco en algo sagrado. No se compra, no se enseña, solo se reconoce. Como dijo Manuel Torres: “Todo lo que tiene sonidos negros tiene duende”. Y en esos sonidos, el arte se vuelve eterno. El duende es el alma del arte, ese latido que nos hace sentir vivos. Federico García Lorca afirmó: “Para buscar al duende no hay mapa ni ejercicio. El duende quema la sangre como un vidrio, agota, rechaza toda la dulce geometría aprendida… rompe los estilos”. Y en esa ruptura, nace la magia. El duende no es para todos. Es un poder, no un obrar; es un luchar, no un pensar.
No todos los flamencos lo alcanzan, y no todos los espectadores lo perciben. Es un fenómeno raro, eléctrico, que ocurre cuando el tiempo parece detenerse. Yo personalmente lo describo como un escalofrío, un nudo en la garganta, una emoción que no puedo explicar. Este concepto en Federico García Lorca va más allá de la criatura mitológica del folclore español. Para él representa una fuerza misteriosa, casi mágica, que da vida y autenticidad al arte, en especial en la música, la poesía y la danza. El contrastó el arte con tres fuerzas creativas: 1-El ángel (inspiración divina, belleza ideal como la poesía de Garcilaso). 2-La musa se refiere a la fuente externa de ideas como sucede en la mitología, 3-El duende, nace de lo terrenal, no viene de arriba nos sube desde los pies. Lo desarrolló en su famosa conferencia: “Teoría y juego del duende” (1933), donde lo contrasta con la inspiración (asociada a lo divino) y la técnica (dominio formal). El dramaturgo lo vincula al flamenco, la tauromaquia y la cultura gitana, donde el arte brota de lo visceral. “El duende no llega si no ve posibilidad de muerte” afirmó Lorca en alguna ocasión, destacando su vínculo con lo trágico.
En la conferencia impartida en relación a este tema la página de internet Libres y descalzas estudio del Arte nos indica: En toda Andalucía, roca de Jaén y caracola de Cádiz, la gente habla constantemente del duende y lo descubre en cuanto sale con instinto eficaz. El maravilloso cantaor El Lebrijano, creador de la Debla, decía: «Los días que yo canto con duende no hay quien pueda conmigo»; la vieja bailarina gitana La Malena exclamó un día oyendo tocar a Brailowsky un fragmento de Bach: «¡Ole! ¡Eso tiene duende y Manuel Torres, el hombre de mayor cultura en la sangre que he conocido, dijo, escuchando al propio Falla su Nocturno del Generalife, Yo he oído decir a un viejo maestro guitarrista: «El duende no está en la garganta; el duende sube por dentro desde la planta de los pies».
Enrique Morente decía que “el duende es como un fantasma, si lo persigues, huye. Norberto Torres (musicólogo) señala que el dueño hoy en día se diluye en lo comercial, pero resurge en artistas como Rosalía en su album “Catalina en los Ángeles”. Caballero Bonald afirma que “el duende no se estudia, se padece”.
Mihaly Csikszentmihalyi establece una comparación entre Flow y el duende. Para el el Flow es un estado mental de absorción total de una actividad, dónde el tiempo parece detenerse y la acción fluye sin esfuerzo, que cuenta con las características: Concentración en el momento presente, equilibrio entre desafío y habilidad, pérdida de la autoconciencia, el ego se disuelve en la acción-retroalimentación inmediata. Cada paso guía al siguiente (el músico improvisando. Así un bailaor en Flow ejecuta pasos sin pensar, pero el duende aparece cando ese baile conmueve al público, aunque el artista falle técnicamente, como dijo Manolete: ¡lo difícil es hacer fácil lo imposible”. El Flow nos enseña que la excelencia es humana, el duende que el arte es sobrenatural. Como nos diría Machado: “Se hace camino al andar…y el duende, al sentir”. Concluyendo el Flow es universal y el duende es esencialmente andaluz ligado al flamenco y al cante jondo.

El duende a su vez se manifiesta en diferentes artes:
1. En la música y el flamenco: El duende es esencial en el cante, el baile y la guitarra flamenca. Artistas como La Niña de los Peines encarnaban esta fuerza, donde cada nota y cada movimiento transmiten dolor, alegría o rabia.
2. En la pintura: Las “Pinturas negras” de Goya o los trazos frenéticos de Picasso en “El Guernica” capturan el duende a través de la expresión desgarrada.
3. En la literatura: Lorca, Miguel Hernández y hasta poetas contemporáneos como Leonard Cohen exploran ese diálogo entre la vida y la muerte, lo terrenal y lo eterno.
4. En el teatro y la danza: La interpretación de una tragedia clásica o el baile de una bailaora flamenca pueden despertar el duende cuando el intérprete se entrega por completo. Artistas como Pina Bausch en la danza o Nick Cave en la música demuestran que esta fuerza sigue viva en otras artes.
En el baile: Bailaoras como “Carmen Amaya” o “La Argentinita” llevaban el duende en el movimiento, en ese instante en que el cuerpo parece poseído por algo más grande que la danza.
No puedo finalizar el artículo sin mencionar a otros de los grandes del flamenco: Juan Peña El Lebrijano en especial sus álbumes Persecución (1976) o Ven y sígueme (1972) en los que se aprecia esa fuerza misteriosa, emocional y casi sobrenatural que define al flamenco autentico, este gran hombre fue pionero en fusionar el flamenco con otras músicas, (árabe, jazz y sinfónica) manteniendo la esencia del duende. El poeta Juan Manuel Suárez Japón destacó “su cante con sombra y luz, dónde el duende no es exhibición, sino verdad”. Su estilo único lo heredó de La niña de los peines, (su tía) su cante fue descrito por el crítico Manuel Ríos Ruiz como “un cante que araña el alma, con una tensión dramática que solo nace cuando el duende está presente. El periódico El País tras su muerte (2016) constató: “Lebrijano llevaba el duende en las venas, no lo buscaba, le salía al respirar”. Otro de los grandes del flamenco es Enrique Morente que fue un alquimista del duende. El mismo en declaraciones afirmó “El duende es eso que te hace temblar, aunque no entiendas por qué”, les sugiero que vuelvan a escuchar su LP “Omega (1966) con lagartija Nick un disco rompedor dónde mezcló a Lorca con rock y electrónica conservando el alma flamenca y en temas como “La estrella” el duende surge en los quejidos y silencios. Alguno estudiosos consideran que Miguel Poveda es un genio del flamenco moderno, capaz de emocionar en tablaos y teatros. Su duende no es solo herencia sino evolución. Jesús Quintero dijo “Si Camarón fue el Duende hecho voz, Poveda es un heredero espiritual. No copia, reinventa.” Juan José Téllez escribió: “Tiene la profundidad de Mairena y la libertad de Morente. Un milagro en el cante”. En cambio, el historiador Angel Älvarez Caballeroy crítico flamenco opina que Poveda tiene una voz prodigiosa capaz de adaptarse a todos los palos del flamenco sin perder autenticidad. Es un cantaor que no se repite, siempre busca nuevas formas de emocionar.
Bajo mi criterio en relación al duende diré que: El duende ni se nombra ni se escribe, pero se siente; viene sin avisar, como el relámpago, hunde sus raíces en el cante, tampoco es musa que susurra, es un grito sin dueño, aire huracanado en los espejos de la sangre ulula. Les confieso que he sentido la voz del duende al ver bailar bulerías a María Pagés en los Teatros del Canal de Madrid, a Carmen Amaya y a la Paquera de Jerez. Ambas me inspiraron el siguiente poema
BULERÍA DE FUEGO Y PASIÓN
¡La Paquera viste bulería, toda alma!
Su compás son doce tiempos
y la cuna Jerez de la Frontera.
Es juerga flamenca, pura emoción,
acto sagrado. Ritmo de noches calientes.
Todos le prestan gran devoción.
Al compás que suena, viento y arena.
Sus palmas son lluvia, guitarra azucena.
La voz rompe como un trueno
y el duende se escapa, en las venas
se siente. Clamor en el aire,
tacones que suenan. Cante y arte,
gitano y puro. Difícil domarte.
Fantasma de voz oscura, escondido en las
costuras del cante. Duende con alas de acero,
polvo de los viejos ecos. ¡Eres sombra y misterio!
Sin ti el flamenco será un espejismo
que tiembla en los cielos.
Bulería y duende pareja diamante,
dueña de noches de verbena,
La fiesta no acaba ni cuando amanezca.
Cantaor, bailaor todos a su empeño,
las penas se olvidan con vino y buen tiento.

