Portada » Soy nuevo en el amor
final-Francisco Ponce

El amor, cuando llega tarde o llega nuevo, no pide permiso: se instala, mueve los muebles y esconde las llaves.

Se me nota en la forma en que miro el móvil cada tres minutos “por si acaso”, en cómo interpreto un “vale” como si fuera un jeroglífico egipcio y en esa sonrisa involuntaria que aparece cuando veo la luminaria de su nombre.

Somos “muy distintos”. Lo cual es una forma elegante de afirmar que venimos de planetas con climas emocionales opuestos. Yo pertenezco al planeta ¿lo hablamos?, donde todo se conversa, se analiza y se archiva en carpetas mentales.

Ella procede de la buena y mala leche (Vía Láctea), donde “nada” significa “algo” y “luego” puede ser ahora, mañana o nunca, aun así, contra toda lógica científica, orbitamos.

Las situaciones jocosas aparecen sin avisar. Por ejemplo, cuando yo pregunto con genuino interés: “¿Te pasa algo?” y ella responde “no”. Error de principiante: el “no” en pareja no es una respuesta, es un sumario argumental. O cuando ella dice “elige tú el restaurante” y, tras elegir yo con valentía épica, descubre que justo hoy no le apetece eso. No es contradicción; es carácter en ebullición.

Yo soy más de manual. Ella es de intuición pura: aprieta botones y ve qué pasa. Yo planifico una salida con tres días de antelación; ella decide cinco minutos antes… El resultado suele ser una anécdota que, con el tiempo, acaba contándose entre risas, porque el amor también es aprender a reírse del propio desconcierto.

Ser nuevo en el amor implica tropezar, confundirse y, a veces, hacer el ridículo con entusiasmo. Usemos el humor como salvavidas, una risa a tiempo evita naufragios innecesarios.

Pero también implica descubrir que las diferencias no separan: condimentan. Que no se trata de entenderlo todo, sino de querer entender. Y que, al final del día, cuando dos personalidades tan distintas logran encontrarse en el mismo sofá, compartiendo silencio o carcajadas, uno comprende que el amor no se domina… se practica. En el cristal trasero de mi coche voy a poner… EN PRACTICAS

Francisco Ponce Carrasco

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