San Isidro: el alma castiza de Madrid en flor

15 de mayo celebramos a SAN ISIDRO, el primer laico llevado a los altares. El Papa Juan XIII le declara mediante bula Patrón de los agricultores.
Cada 15 de mayo, Madrid se engalana con claveles, chotis y alegría popular para rendir homenaje a su patrón: San Isidro Labrador, el santo de la tierra, del agua… y del pueblo. La ciudad se detiene, respira hondo y vuelve la mirada a sus raíces más auténticas. Es un día en que la historia se convierte en fiesta, y la tradición, en identidad.
Un santo campesino para una ciudad de asfalto
San Isidro no fue rey, ni mártir, ni sabio. Fue campesino. Madrileño del siglo XI, labró tierras ajenas y vivió con sencillez junto a su esposa, María Toribia —Santa María de la Cabeza—. Se le atribuyen más de 400 milagros, la mayoría con un elemento común: el agua. Desde hacer brotar manantiales hasta salvar a su hijo de un pozo profundo, su leyenda está empapada de fe y de vida.
Dicen que mientras él rezaba, ángeles labraban por él. Que tenía un don para encontrar agua donde no la había. Que sus pies caminaban sobre la tierra, pero su alma miraba al cielo. Su cuerpo incorrupto reposa hoy en la Colegiata de San Isidro, y su presencia sigue viva en cada rincón de la capital.
La pradera revive: tradición a flor de piel
El epicentro de la celebración es la Pradera de San Isidro, inmortalizada por Goya y revivida cada año por miles de madrileños que acuden en romería. Allí se mezclan el fervor religioso y la algarabía popular: se bendicen las aguas del manantial, se baila el chotis al ritmo de organillo, y se reparten claveles y canciones.
Los trajes típicos no faltan: chulapas y chulapos llenan la ciudad de color, gracia y tipismo. Pero más allá del disfraz está el espíritu castizo, esa mezcla de orgullo barrial, picardía y corazón grande que define el alma madrileña.
Rosquillas y recuerdos en papel de estraza
Ninguna fiesta está completa sin sabor, y San Isidro tiene el suyo propio: las rosquillas del Santo. Tontas, listas, de Santa Clara o francesas… cada una con su textura, su historia y su rincón favorito en la memoria de los madrileños. Se venden en cajas de cartón, en bolsas de celofán, o directamente en papel de estraza, como manda la tradición.
A ellas se suman otros manjares castizos como los entresijos, las gallinejas, el cocido madrileño y la limonada con vino, azúcar y canela. Comer en San Isidro no es solo una costumbre, es un acto de pertenencia.
Música, memoria y comunidad
Los escenarios se reparten por toda la ciudad: Plaza Mayor, Las Vistillas, Matadero. La música en vivo es protagonista con conciertos gratuitos para todas las edades, desde verbenas de barrio hasta leyendas del pop nacional. En algunos años, nombres como Los Brincos, La Orquesta Mondragón o Los Manolos han puesto ritmo a la fiesta.
Pero el verdadero concierto lo da la ciudad misma, con sus acentos mezclados, sus generaciones entrelazadas, y su forma única de celebrar lo sagrado y lo profano en un solo gesto.
Más que una fiesta
San Isidro no es solo un día festivo. Es un espejo en el que Madrid se mira a sí misma y reconoce lo que fue, lo que es y lo que quiere seguir siendo: una ciudad que no olvida sus raíces, que baila en sus calles y que abraza la tradición con el alma abierta.
Porque en San Isidro, más allá de la devoción o el folklore, lo que realmente se celebra es la vida compartida.



Artes de EXVOTOS
Milagros: de los bueyes, las palomas y la aparición al rey Alfonso VIII en 1212 Estas pinturas votivas y 12 tablas más, las pintamos con motivo del IV Centenario de su canonización, se muestran de forma permanente, en el camarín del Santo, en la antigua catedral de Madrid, hoy Real Colegiata de San Isidro.

Magnífico el trabajo realizado sobre San Ididro
Me encantó
Felicidades a quien lo hizo posible
Un abrazo
Completísimo artículo y preciosas obras de Blas