¿QUÉ IMPLICA LA INHIBICIÓN EMOCIONAL?
La inhibición emocional es un freno interno que limita la expresión afectiva para evitar ansiedad o displacer. Este texto explora su relación con la represión, la somatización, el miedo al ridículo y la alta sensibilidad (PAS), aportando claves para comprender causas y efectos.

¿Por qué en ocasiones evitamos determinadas situaciones, que sentimos nos pueden complicar la vida? Inhibimos la respuesta a un estímulo determinado cuando intuimos que, de no hacerlo, aparecerá esta señal de displacer como antesala de la angustia. Constituye un freno, que impide dar una respuesta reflexiva y adecuada a una situación externa, una manera de defendernos para evitar estos síntomas.
Podríamos plantear distintas causas de la denominada ‘inhibición emocional’: por un lado, estaría el miedo al ridículo, situación experimentada como incómoda y no siempre tolerada; por otro, están las personas de “alta sensibilidad”, que fácilmente pueden confundir su actitud con timidez, cuando, en realidad, suelen ser las primeras que captan la situación e intuyen los aspectos más poliédricos, que genera una pregunta como consecuencia de su alta sensibilidad.
Hay causas, relativas a otras categorías, como experiencias traumáticas, una educación restrictiva o patrones de pensamiento negativos. Se trata, en estos casos, de personas, que pueden sentirse desconectadas de sus emociones o que restringen su expresión afectiva. Suelen tener dificultades para establecer relaciones interpersonales satisfactorias, por lo que necesitan conocer las causas, que subyacen a su ‘inhibición’ para poder expresar con mayor libertad sus emociones. Finalmente, hay personas, que tratan de controlar sus sentimientos por temor a actuar de forma agresiva. En consecuencia, si reprimen el enfado u hostilidad, que sienten, suelen somatizar esta carga emotiva.
Pero, volvamos a las personas de “alta sensibilidad” y que han podido confundir su capacidad con introversión o timidez[1], aunque no toda persona introversiva inhibe su respuesta, ya que depende del referente que utilizan para expresar sus emociones.
Las personas con una alta sensibilidad poseen una personalidad muy definida. Según Elaine Aron, son empáticas e intuitivas. Saben ponerse en lugar de los demás a niveles muy profundos. Son personas reflexivas que tratan de encontrar la solución más adecuada; son detallistas, cuya capacidad de análisis les permite percibir y analizar una situación desde diferentes perspectivas. Se conocen emocionalmente, posición que no les importa mostrar.
Una de sus características es que están a gusto consigo mismas. Son capaces de trabajar en equipo, aunque esto no impide que el exceso de información, que procesan, les pase factura. De ahí que prefieran repartir su tiempo con un número reducido de personas, más que frecuentar ambientes multitudinarios.
Conocerse a sí mismas les permite conocer a las otras personas y que éstas se comprendan y ayuden. Una de sus ventajas es que consiguen trasformar en positivos, sus actitudes y sentimientos negativos.
Pese a todas estas capacidades, que se convierten en ventajas, las personas altamente sensibles (PAS) pueden llegar a sentirse extrañas, raras. Son conscientes de percibir detalles, que no siempre captan los demás, por lo que tienden a encubrir estas habilidades, que, en determinadas ocasiones, hace que se sientan frágiles y vulnerables. Su carácter autoexigente y perfeccionista con el entorno les ha llevado a confundir sensibilidad con introversión, timidez, incluso ineptitud.
Entre las desventajas de las personas de este grupo destaca su sensibilidad ante el estrés, que, en circunstancias límite, hace que se sientan angustiadas o deprimidas. Otra dificultad estriba en las altas expectativas, que sitúan en las personas de su ambiente próximo, de quienes esperan recibir, dado su elevado nivel de compromiso y responsabilidad. Suelen ser personas críticas con ellas mismas y su entorno, por lo que tienden a evitar situaciones, percibidas como conflictivas. A pesar de las capacidades que poseen, la sociedad no siempre entiende a las personas “de alta sensibilidad”; este hecho hace que se sientan incomprendidas y diferentes en un mundo, en el que se potencia y valora, de manera especial, la fuerza y la extroversión.
En cualquier caso, la expresión o manifestación espontánea de nuestras emociones facilita un intercambio afectivo satisfactorio, que permite la continuidad de nuestra relación con las demás personas.
C.G. Yung. (20211921). Tipos psicológicos. Madrid: Trotta (Original del alemán, 1921. Zurich: Verlag. Elaine Aron (2016). El don de la sensibilidad. Capellades (Barcelona): Romanyà/Valls.
[1] Jungplantea la introversión y la extroversión como dos polos opuestos de la personalidad: los introversivos son personas ideativas y reflexivas, que utilizan su capacidad de pensar para resolver problemas a partir de referentes internos, tendiendo a considerar su vida interior como fuente de reflexión. Los extravertidos o (extratensivos) son personas más espontáneas y afectivas, que tienden a enfrentarse a las dificultades con mayor espontaneidad y afectividad que el tipo introversivo. Resuelven sus contratiempos a través de la relación interpersonal. La timidez es el miedo o la ansiedad, que se experimenta en situaciones sociales, aunque exista el deseo de interactuar con los demás.

