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PROTEGER A LAS ABEJAS

He leído con mucho interés una serie de  artículos relacionados con la influencia de las abejas en la polinización de nuestras especies arbóreas andaluzas y las muertes que en los últimos años vienen padeciendo los que se ocupan de tan delicada profesión, llevando y recogiendo panales e insectos por las carreteras españolas a la  llegada de  la primavera. Sabido es, que las abejas juegan un papel esencial en los ecosistemas, porque el 90% de las plantas  dependen de la polinización.

He querido informarme en directo, preguntando  al proveedor que  desde hace  muchos  años   se viene  ocupando  de poner junto a  mis árboles sus colmenas,  para que ambos  nos  beneficiemos  del interesante trabajo de  estos peligrosos  animalitos que trabajan en comunidad,   y a las órdenes de la reina madre que con tanto celo  las organiza. Y  me decía  que evitaba llevar sus abejas  a ciertas zonas  de Málaga  a cultivos convencionales, porque el pasado año se le murieron  300 panales envenenados por algunos productos tóxicos para los insectos y cuyos tratamientos para las plantas estaban prohibidos; y que por ello, había decidido dejar sus colmenas exclusivamente en fincas dedicadas a la agricultura ecológica donde los riesgos eran mucho menores. Aprovechó para anunciarme el envío de sus enjambres, y recordarme que  sus abejas estaban encantadas de libar las flores de mis  litchis porque  producían una miel especialmente deliciosa…

Los que nos dedicamos al cultivo de tropicales,  sabemos  que la polinización de las flores  es vital para nuestras futuras producciones  y por ello debemos tratar por todos los medios de evitar aquellos productos que  puedan causar la muerte de las abejas que  se encargan de tan generosa misión y pudieran  llegar a desaparecer. Junto a las abejas, otros insectos como abejorros y mariposas son los responsables del proceso y según los informes que se vienen publicando,  las poblaciones vienen  disminuyendo de manera alarmante,  y ha llegado el momento de que el agricultor colabore en la medida de sus posibilidades, dejando de emplear  aquellos  plaguicidas tóxicos  para la salud de  estas obreras,  sustituyéndolos  por otros especiales  que los técnicos aconsejen para  cada especie. Porque no sería posible, y tal vez  ni aconsejable,  cambiar  el sistema de agricultura convencional  por una agricultura ecológica total, como viene aconsejando al parecer  la  UE. Las estadísticas dicen,  que un tercio de las plantas  silvestres dependen de la polinización, y la FAO viene advirtiendo, que el problema  de la disminución de abejas está ocurriendo en todo el mundo,  y que  otros insectos también polinizadores están en la misma situación.

Diferentes informes señalan como los plaguicidas más dañinos los siguientes:  imidacloprid,  clotianidina, tiametoxam,  fipronil,  clorpirifos,  deltametrin  y  cipermetrin entre otros).

Por todo ello, el agricultor debería cambiar sus prácticas de cultivo si fuera necesario  de una parte, y por otra, los laboratorios procurando investigar y  desarrollar  líneas  de productos y técnicas ecológicas capaces de evitar el gravísimo problema que nos ocupa;  porque de persistir  el declive,  implicaría la pérdida de productividad  de  la mayoría de los cultivos que dependen de la polinización  y que en Europa representan un 84% de los alimentos  que consumimos y el noventa por ciento de  las plantas silvestres y cultivadas.

Un recordatorio puntual cada año a principios de marzo,  ayudaría  al agricultor a preocuparse y colaborar en el empeño y sus cuidados protegerían a  las abejas, mientras ellos beneficiarían también  con  una mayor producción  en sus cosechas.

Julián Díaz Robledo.

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