PRESENTACIÓN DEL LIBRO EL NIÑO CANTERO EN MACAEL

La tarde del 23 de mayo de 2025 quedó grabada en la memoria colectiva de Macael como una jornada de reencuentro con la identidad, con la memoria viva y con la palabra hecha piedra. El teatro municipal se vistió de gala para acoger la presentación de El niño cantero, novela de Damià Vidal inspirada en la vida del pensador y poeta Diego Sabiote Navarro. Fue un acto emotivo, hondo y festivo, presidido por la belleza de lo sencillo y el poder de lo verdadero.

La Tuna Virgen del Rosario de Macael abrió la jornada con sus canciones tradicionales haciendo la espera hasta el comienzo de la presentación más llevadera. Su participación fue aplaudida y agradecida por todos los presentes.

La encargada de abrir la velada fue Doña Carmen González Ávila, técnica de cultura del Ayuntamiento de Macael, quien supo aportar la solemnidad justa desde un tono cercano. Con voz firme evocó una frase del propio Diego: “Esta piedra no miente ni engaña, lo que muestra es lo que tiene dentro”, una sentencia que sirvió como emblema para toda la presentación. Así era Diego, aseguró: firme por fuera, puro por dentro.
En su intervención, González Ávila subrayó que la novela no era sólo literatura, sino también memoria viva. Una historia ambientada en un tiempo en que la piedra era no sólo sustento, sino también identidad. La obra, añadió, combina géneros con maestría: drama, teoría, thriller, y una mirada profunda a la educación, a la herencia espiritual, al alma de un pueblo. Aunque con ropajes de ficción, El niño cantero es también un retrato fiel de Diego Sabiote, figura humilde pero extraordinaria.

Al concluir sus palabras, dio paso al alcalde de Macael, Don Raúl Martínez Requejo.
El alcalde comenzó agradeciendo al Proyecto Global de Cultura Granada Costa su labor, y a todos los presentes por acompañar un evento tan significativo para el municipio. Sus palabras estuvieron marcadas por la emoción contenida y por el orgullo de estar celebrando no solo un libro, sino la memoria de todo un pueblo. Evocó su juventud y compartió una anécdota personal que lo vinculaba emocionalmente con Diego, recordando cómo su decisión de dejar el pueblo en busca de un sueño fue un gesto de admirable valentía.
Para Martínez Requejo, El niño cantero es mucho más que una obra literaria: es una ofrenda sensible y profunda a la figura de Diego, y por extensión, a toda una generación de hombres y mujeres que moldearon el alma de Macael con sus manos. Recordó la infancia de Diego en la cantera, su lucha por la educación en un tiempo de carencias, su llegada a la Universidad de Salamanca y su desarrollo como pensador y poeta.
“Hoy no solo presentamos un libro”, dijo, “sino que celebramos la palabra, la identidad, las raíces.” En palabras del alcalde, El niño cantero debe ser compartido, comentado y llevado como patrimonio por cada uno de los vecinos, porque en sus páginas está también escrita la historia del propio Macael.

Seguidamente, tomó la palabra Don Damià Vidal, autor de la novela, quien manifestó su enorme satisfacción por encontrarse al fin en Macael, tras tantos años de documentación, conversación y trabajo creativo. Señaló que el proceso de escritura fue, en realidad, un proceso de enamoramiento progresivo con el paisaje humano y geográfico de Macael.
Damià Vidal destacó la dureza de la posguerra, el hambre, el esfuerzo cotidiano de las familias por salir adelante, y la resiliencia de un pueblo que nunca se dio por vencido. Compartiendo sus métodos de trabajo, confesó que necesitó sumergirse en centenares de fotografías antiguas, escuchar los relatos de Diego y documentar cada detalle con el rigor de un historiador, pero con la sensibilidad de quien busca no solo comprender, sino honrar.
Fue especialmente conmovedor cuando evocó cómo el mensaje de Cristo, vivido desde la acción y la coherencia personal, caló en la juventud de Diego y guio su vida. Mencionó también la importancia de las Juventudes Obreras Cristianas y el modo en que ese idealismo transformador influyó profundamente en el pensamiento y acción del protagonista real de la novela. Vidal concluyó destacando la rectitud, la fidelidad y la templanza de Diego Sabiote, afirmando que “es de esas personas que, sin necesidad de alzar la voz, dejan huella en la conciencia de quienes le rodean”.

La emoción apenas se había disipado tras las palabras del autor cuando tomó la palabra el siguiente interviniente, el pintor, coleccionista y mecenas Don Andrés García Ibáñez, una de las figuras más destacadas del panorama artístico andaluz y nacional, fundador del Museo Casa Ibáñez de Olula del Río y promotor del Centro Pérez Siquier, entre otras muchas iniciativas. Su presencia en el acto no fue un mero gesto de cortesía, sino una manifestación clara de respeto y admiración por el protagonista de la novela y por la historia que esta encierra.
Desde el inicio de su intervención, García Ibáñez mostró una cercanía afectuosa con Diego Sabiote, a quien agradeció la invitación con palabras cálidas:
—Querido Diego, gracias por invitarme a hablar aquí, en tu pueblo, y en la presentación de este libro fenomenal.
Confesó no haber terminado aún la lectura completa de El niño cantero, pero no por falta de interés, sino por la intensidad de su actividad reciente, siempre desbordada entre viajes, compromisos y trabajo artístico. Sin embargo, quiso destacar lo que ya había podido leer:
—Está escrito estupendamente. Te atrapa desde el principio. Tiene una prosa muy amena, y te seduce para seguir y seguir y seguir…
Más allá de su valoración literaria, García Ibáñez dedicó buena parte de su intervención a enmarcar la figura de Diego Sabiote en un contexto sociocultural más amplio. Con la lucidez que lo caracteriza, recordó cómo los pueblos del mármol —Macael, Olula del Río, Fines, Cantoria— ofrecían hasta hace pocas décadas un destino casi inevitable: el trabajo con la piedra o, en el mejor de los casos, en la agricultura. Un destino duro, sin escapatoria, especialmente durante la posguerra y el franquismo.
Con una anécdota personal, vinculada a sus propios orígenes en la vecina localidad de Albox, puso de relieve lo excepcional del camino recorrido por Diego:
—La figura de Diego es extraordinaria. Porque ha cubierto en su vida todo el periplo del conocimiento. Desde la cantera hasta la universidad, desde la piedra hasta la poesía.
Y ahí estaba, precisamente, el centro de su reflexión: la conexión íntima entre la experiencia vital y la creación artística. Para García Ibáñez, El niño cantero no es solo la biografía novelada de un hombre, sino el testimonio de una evolución humana, intelectual y espiritual que tiene algo de viaje iniciático. Porque, en sus palabras:
—El arte es el tramo final del conocimiento. El lugar donde se expresa el misterio. Como decía Francis Bacon: se pinta solo lo que no puede explicarse.
Con admirable profundidad, estableció un paralelismo entre el pensamiento filosófico —al que Diego se ha dedicado durante décadas— y la poesía, como expresión última y sublime de la conciencia. Diego, afirmó, ha llegado a la poesía no por casualidad, sino porque era su destino natural.

El turno de palabra correspondió entonces a Don Antonio Segura Pérez, exalcalde de Macael (1983–1991), jurista de formación y familiar cercano del homenajeado, quien ofreció una intervención profunda y emotiva, tejida con el afecto de una amistad de décadas y el respeto de quien conoce de cerca los caminos difíciles que ha recorrido Diego Sabiote Navarro.
Segura inició agradeciendo la oportunidad de formar parte de la mesa, considerando un privilegio acompañar la presentación de un libro que recoge la “trayectoria vital de Diego”, a quien calificó de manera directa y sentida como “una persona por la que siento afecto y admiración infinitos”. Rodeado de la familia del homenajeado —esposa, hijos, nietos, hermanos y cuñadas—, evocó también la memoria del hermano fallecido, Sergio, presente en el recuerdo.
La intervención se articuló en torno a dos ejes: la dimensión poética del protagonista y su recorrido vital como ejemplo de superación. Citando el poema Hoy busco mi procedencia, Segura expuso cómo la infancia de Diego, marcada por el trabajo en las canteras desde la niñez, fue también el germen de una vocación literaria profundamente conectada con la piedra, el sudor, la dureza del entorno y la dignidad del trabajo manual.
El libro El niño cantero, explicó, no sólo revela aspectos conocidos del protagonista, sino que también desvela facetas menos visibles: su activismo en las Juventudes Obreras Cristianas, su conciencia social, su compromiso con la justicia y su vivencia de la fe como motor de cambio. Diego, dijo, es un “rebelde tranquilo”, expresión que, aunque pueda parecer paradójica, resume su coraje sereno, su capacidad para resistir sin alzar la voz, y su fuerza de convicción sin necesidad de dogmatismos.
Recordó también que, tras iniciar su formación con dificultad por carecer de medios económicos, siguió el camino que lo llevaría hasta la Universidad de Salamanca, donde cursó dos licenciaturas y se doctoró en Filosofía. Allí, en la Pontificia, su nombre quedó inscrito en el Orbi et Urbi, reservado a los mejores expedientes.
El acto, recordó Segura, no sólo es homenaje, sino testimonio: Diego es ejemplo paradigmático de que el origen no determina el destino. Desde las canteras de Macael hasta la cátedra universitaria y la poesía, su vida es un faro de esperanza. Su legado no es sólo académico o literario, sino también humano, porque, como dijo Segura, “su aportación tiene alma de cantero”.

Y finalmente, tras tantas palabras generosas y certeras, le llegó el turno al alma de la novela: Don Diego Sabiote Navarro. Lo hizo como él es: sin alardes, pero con una hondura que conmovió a todos los presentes. Su intervención fue extensa, sincera, tejida de recuerdos, gratitudes, versos y profundas reflexiones sobre el sentido de la vida, el misterio de la existencia y la fe como guía interior.
Comenzó recordando a amigos entrañables, como Pepe Martínez-Cosentino y Eusebio Santos, con poemas en su memoria. Con voz emocionada, evocó la figura de Pepe como compañero entrañable en sus años juveniles y compartió un poema de despedida que no había podido leerle en vida. También recordó a su hermano Serafín, entrelazando lo íntimo con lo colectivo, la biografía con el poema.
Uno de los momentos más impactantes fue cuando abordó el sufrimiento del mundo: las guerras de Ucrania, Palestina, África. A través del poema «¿Cómo cantar en tierra extraña?», Diego hizo una denuncia poética contra el silencio y la indiferencia de las instituciones religiosas y políticas ante el dolor de los inocentes. Su lectura fue una súplica profunda y valiente, donde pidió cerrar los templos en señal de duelo y conciencia.
A continuación, dedicó un sentido poema a su madre, una meditación lírica sobre el amor materno y el misterio de la primavera como símbolo de vida. Y acto seguido, compartió lo que él llamó su “testamento”: un relato vital desde su adolescencia, cuando a los diecisiete años vivió un encuentro decisivo con la figura de Jesús, encuentro que transformó radicalmente su vida.

Diego habló de su marcha de Macael con una sinceridad desgarradora, consciente de los riesgos y del temor al fracaso, pero también de la fuerza interior que lo sostuvo. Agradeció a la JOC (Juventud Obrera Cristiana), a sus formadores y compañeros militantes, quienes le dieron herramientas intelectuales y humanas para resistir y avanzar.
Aludió también a su trayectoria universitaria, al reconocimiento recibido en Salamanca, pero insistió en que el secreto de su vida no está en los títulos ni en los honores, sino en su fe profunda, en su coherencia vital, y en la misteriosa energía del amor.
Con palabras humildes pero poderosas, afirmó que la vida es un misterio que sólo puede comprenderse desde el asombro, y que su experiencia personal es, en realidad, un milagro de transformación desde la fragilidad hacia la luz. Concluyó citando a pensadores como Fulvio Mayer y defendiendo la dimensión liberadora de una religiosidad vivida desde el amor.
Antes de terminar, evocó con ternura a su esposa menorquina, compañera de vida y de lucha, que lo aceptó contra todo pronóstico. Reconoció cómo ella, junto a sus hijas y nietos, había hecho suya también la identidad macaelense. Fue un gesto de gratitud íntima que cerró su intervención como empezó: con amor y verdad.

El público, le tributó un largo y emocionado aplauso. Diego, como poeta, como profesor, como hombre de fe, había dejado una huella indeleble esa tarde.
Tras la sentida intervención de Diego Sabiote, volvió a tomar la palabra el alcalde de Macael, Raúl Martínez Requejo, para poner el broche final a una jornada que quedará en la memoria colectiva del municipio. En su despedida, el alcalde expresó con claridad la firme convicción del Ayuntamiento de que la cultura no es un lujo, sino una necesidad. Una necesidad que alimenta el pensamiento crítico, la libertad y la dignidad.
Agradeció especialmente a Damià Vidal por su talento y sensibilidad, a los responsables del Proyecto Granada Costa por su impulso cultural, y, por encima de todo, a Diego Sabiote por haber demostrado que, desde un rincón aparentemente pequeño como Macael, se puede alcanzar lo más alto sin perder las raíces. Conmovido, compartió además una anécdota familiar que descubrió gracias a la presentación del libro, revelando un inesperado vínculo entre ambas familias.
Requejo cerró con un deseo claro: que Macael siga siendo cuna de personas brillantes como Diego, y que las próximas generaciones encuentren en ejemplos como el suyo una guía, una inspiración. Porque —afirmó— “en cada libro, en cada historia, en cada poema, también se escribe el nombre de nuestro pueblo”.
El acto se cerró del mismo modo en que había comenzado: con música. La Tuna Virgen del Rosario de Macael, que ya había abierto la jornada con sus canciones tradicionales, volvió a tomar el escenario para deleitar al público y poner una nota festiva y entrañable a la velada.

Como colofón, se anunció que el libro, podía ser firmado allí mismo por el autor, Damià Vidal, y por el propio Diego Sabiote. Muchos de los asistentes aprovecharon el momento para llevarse un ejemplar dedicado, sellando así una jornada que fue celebración, homenaje y afirmación de la cultura como alma de un pueblo.
Carlos Álvaro Segura Venegas

Mi enhorabuena a Diego Sabiote, como protagonista del acto y al autor del libro. A Carlos Álvaro mi felicitación, como autor de la reseña.
Extraordinario y merecido acto, que, sin duda, quedará en la memoria de todos los presentes y tambien ausentes. Un abrazo a Diego y a Damiá. Enhorabuena por la documentación al autor de la reseña y a Granada Costa por tan especial contribución.
Diego, fue un niño cantero que hoy brilla en la lírica y en la humildad entre amigos, admiradores y familia. El autor, por serlo, expande ese brillo. La reseña, extraordinaria. Enhorabuena a todos, y a Paco Sabiote.
El protagonista de este libro ha demostrado que el DESTINO, como dicen algunos, está escrito y no se puede cambiar. Pero con los ingredientes de voluntad, entusiasmo, trabajo y fe, sí puede cambiar. Diego Sabiote lo ha conseguido. Su lema fue: » sí quieres puedes» ; y así fue, pudo.
Tomando las palabras de un filósofo indú que nos ha transmitido Kipling podemos aplicárselo a Diego: «la mente duerme en la piedra, sueña en la planta y se despierta en el hombre».
Enhorabuena buena al autor y a protagonista del libro.
Rogelio y Aurora
Magnífica exposición de un evento de tal magnitud … me ha llevado a esa presentación … gracias