Preferente con urgencia… – A TODA COSTA
Texto de Francisco Ponce Carrasco que reflexiona sobre la delicadeza y la empatía como formas de resistencia ante el ruido, la prisa y la violencia cotidiana.

Alguien tiene que romper la inercia
En un tiempo en que se celebra el ruido, el golpe, el insulto, el grito y la prisa, la delicadeza parece un gesto subversivo.
Se la confunde con debilidad, con una pausa innecesaria, con una forma blanda de estar en el mundo.
Sin embargo, basta mirar con atención para descubrir que la ternura no es ausencia de fuerza, sino su expresión más compleja y difícil.
¿Por qué tanta delicadeza, tanta ternura?

Porque el ruido agota. Porque la violencia —verbal, simbólica, cotidiana, política, humana y escandalosa — se ha vuelto costumbre y alguien tiene que romper la inercia.
La delicadeza no irrumpe: insiste. No impone: sostiene. Es una manera de decir “aquí estoy” sin levantar la voz, de cuidar lo quebradizo y mostrar respeto a los presentes.
Hay ternura en quien escucha sin interrumpir, en quien califica con cuidado, en quien se pausa y reflexiona, antes de intervenir, cuando todo empuja a correr.
No es ingenuidad: es resistencia. Elegir la delicadeza es elegir no endurecerse, no volverse impermeable al otro. Es todo lo contrario, puesto que busca, EMPATIZAR.
Tal vez por eso incomoda. Porque obliga a detenerse, a mirar, a sentir. Y sentir, hoy, parece un lujo o una amenaza.
Pero sin ternura, ¿qué queda?
Un mundo eficaz…, puede ser, pero inhabitable.
Por eso tanta delicadeza.
Por eso, también, tanta urgencia.
Francisco Ponce Carrasco
