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¿POR QUÉ NO TENEMOS DERECHO AL FRUTO DEL PAÍS EN EL QUE VIVIMOS?

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            La palabra de Dios nos compara con un árbol. Un buen árbol no nace en cualquier lugar, no da frutos de cualquier manera. Para producir buenos frutos, un árbol debe estar bien regado y firme en tierra buena. Quien vive en el país del árbol tiene derecho a comprar su fruto, no creo que sea justo que vayamos a comprar sin que importe qué producto sea. Un buen árbol prospera en todo en la vida y hace que aquellos que están bajo también prosperen. Quien se alimenta de la palabra de Dios siempre da buenos frutos. Viviendo en un país tan soleado los grandes negocios compran parte de los productos en el extranjero. Por eso, al comprar las frutas y las verduras parecen frescas, en realidad son frescas por el frío del frigorífico, pero si no las comes en una semana van directas a la basura. Esto sucede porque estos frutos son recogidos cuando todavía están verdes y maduran con tanta rapidez que se pudren rápido. Además, no tienen gusto. Con las verduras pasa lo mismo, cuando vas a comprarlas están verdes y bonitas y, durante la semana, vas al frigorífico contenta a coger la verdura porque te apetece hacer una receta y lo que te encuentras es que parte de estas frutas y verduras están podridas.

            De manera similar, todo buen árbol da buenos frutos y todo árbol malo da frutos malos. Un buen árbol no puede dar malos frutos, ni un árbol malo dar buenos frutos. Todo árbol que no da buenos frutos se corta y se echa al fuego. ¡Entonces, por sus frutos los reconocerás! Si los vendieran en sus respectivos países, podríamos disfrutarlos, pero no es así. Y si vas a un comercio o a otro podrás ver que proceden de lugares diferentes pero son de la misma calidad, esto es así porque no se compran los productos en el mismo país que se producen. Cada árbol es reconocido por sus frutos. Nadie coge higos del pino ni uvas de las malas hierbas. El hombre bueno toma las cosas buenas del buen tesoro que hay en su corazón, y el hombre malo toma las cosas malas de lo malo que hay en su corazón. Yo vine a vivir al país del sol, ¿por qué no comemos buenas naranjas dulces? Tanta buena fruta que va al extranjero y nosotros nos comemos la verde madurada a la fuerza que cuando la sacas del frigorífico y la dejas un día fuera se pudre. Creo que la compran fuera del país porque es más barata. Y, por este motivo, se crean las huelgas donde vemos cantidades enormes de frutas tiradas por las carreteras. Yo vine a vivir a un país con sol para comer buenas frutas y buenas verduras y para estar cerca del puerto donde veo los barcos y para comer buen pescado.

            Me ha ocurrido en dos ocasiones que he comprado productos con fecha correcta y estaban en mal estado, una de las veces fue con nata para cocinar, cuando abrí el producto tenía moho y su fecha de caducidad era hasta un mes más, así que tuve que tirarla. Yo fui jefa de cocina y siempre me han gustado los productos de calidad. Es triste cuando llega la temporada de las fresas, melones o sandías y saben a agua, parecen plástico. Es una pena que sea extraño comer buena fruta con el sol tan rico que hay en este país. Cuando voy a comprar pierdo mi tiempo leyendo las etiquetas para saber de dónde vienen los productos. Además, muchos supermercados cambian los productos habitualmente porque compran lo que les sale más barato. Entiendo que tienen que mirar por su negocio y su economía, pero no intenten tapar los ojos al pobre.

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            Mi corazón está lleno de pena. Qué feliz es aquel que no sigue el consejo de los impíos, no imita la conducta de los pecadores, ni se sienta en la rueda de los burladores. Al contrario, tu satisfacción está en la ley del Señor y en esa ley medita día y noche. Es como un árbol plantado junto a corrientes de agua: Da fruto en el momento adecuado y sus hojas no se marchitan. ¡Todo lo que hace prospera! El que tiene oídos escucha lo que el Espíritu dice a las iglesias, “le daré al ganador el derecho a comer del árbol de la vida que está en el paraíso de Dios. Todos los árboles del campo sabrán que yo, el Señor, hago que el árbol alto caiga y hago crecer bien alto el árbol bajo. Seco el árbol verde y hago florecer el árbol seco”. Yo hablé al Señor y lo haré. Entonces Dios dijo: «Cubre la tierra con vegetación, plantas que dan semillas y árboles cuyos frutos producen semillas según su especie”. Y así fue. Entonces, el señor, hizo nacer todo tipo de árboles agradables a la vista y buenos para el alimento y, en medio del jardín, estaba el árbol de la vida y el árbol del conocimiento del bien y del mal. Dios se llevó a varios amigos míos, otros siguen aquí, Dios se lleva a mis amigos a pares a veces con diferencia de días o meses. Yo también me iré, pero fruta no daré porque no estoy plantada en la tierra ni en ella seré enterrada.

            Hay mucha fruta y verdura de tantos tipos, hasta exótica, este país en el que vivo es un río de vitaminas, no entiendo que no lo vendan aquí. Somo comemos productos cogidos verdes para que se conserven en los frigoríficos, adoro que en el norte de Portugal los labradores que recolectan sus frutos se van al día siguiente a venderlos al mercado, donde todo es de calidad: uvas, fresas, etc. Cuando iba de vacaciones disfrutaba mucho. Además, es la cultura en la que nací y crecí, nunca olvido que cuando tenía 15 años iba a vendimiar y cargaba cestos de 20 kg con uvas y subía la escalera para meterlas dentro del lagar para, después, pisar la uva con los pies. Menos mal que los teníamos lavados, algunos dudo que se los lavaran. Dicen que cuando el vino hierve saca las impurezas fuera.

            Es triste que ahora tengamos que comprar cosas del extranjero, los comercios deben comprar el producto español con el bueno sol que hay aquí, por otro lado, no deben vender este producto de tanta calidad al extranjero. Porque con ese sistema lo que acaba sucediendo es que en otros países hacen lo mismo y recogen sus frutos verdes y cuando llegan a su destino no valen nada. Cuando vivía en Francia intentaba comprar los productos de Francia y aquí igual, aquí los productos de calidad son diferentes a los que hay en Francia, porque cada país tiene sus cualidades y calidades: chirimoyas, aguacates, naranjas, etc. Ahora no vale nada, incluso las gallinas, gallos y conejos son de mala calidad, cuando yo trabajaba en el campo eran mejores. Ahora cuando compro la fruta y es bonita y cuando la abres lo sabes lo que te vas a encontrar, como pasa con las nueces, ¡su interior es un secreto! Quizá sea porque ahora ya no puedo comer muchas cosas debido a mi enfermedad que se lleva consigo mi pelo, dientes y todo. Pero eso no quita que siga gustándome ver productos buenos y bonitos, como flores de jardín preciosas.

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            El Señor mandó al hombre: Coma libremente de cualquier árbol del huerto, pero no coma del árbol del conocimiento del bien y del mal, porque el día que lo coma, morirá. Después de expulsar al hombre, colocó querubines y una espada de fuego que se movió hacia el este del jardín del Edén, guardando el camino hacia el árbol de la vida. Dios, deme bellos productos para mi salud y para mi vida, para que pueda estar alegre en el final de mis días, pues querría reír y estar feliz aunque no pueda hacer mucho. Pido sol y calor en el corazón, que pronto vendrá el verano y que pueda ir a comprar frutas dulces plantadas con amor, ya que entre la primavera y el verano hay mucho donde elegir: cerezas, nísperos, fresas, melocotones, etc. No compren fuera, ayudemos a nuestro país que está mal, no dejen las ganancias fuera, porque tanta juventud hay para trabajar y no encuentran trabajo. Espero, de todo corazón, que este virus se vaya y nos deje ser libres. Por suerte hay quienes pueden trabajar sus huertas y jardines, pero muchos ni casa tienen donde vivir. Señor, protege al mundo.

 

FRANCELINA ROBIN

Molvízar web

 

TRISTE QUIEN SUFRE Y QUIEN LLORA

Solo querría dar a quien necesita

Porque vi miserias en mi vida.

Dar, a todo el que llora en Sion,

una hermosa corona en lugar de cenizas,

El aceite de la alegría en lugar del llanto

y un manto de alabanza para ti, Señor,

en lugar de un espíritu deprimido.

Ellos serán llamados e irán conmigo.

Árboles, los robles de la justicia,

los ordenó plantar el Señor

para la manifestación de su gloria.

Dios, mi salvador, perdona al pecador.

Para que el árbol crezca, le tiene que dar

al menos esperanza y agua para vivir,

si lo cortan, vuelve a brotar, y frutos dará,

y sus brotes vendrán con frutas.

Al día siguiente, cuando estaban

saliendo de Betania, Jesús tuvo hambre.

No veía nada alrededor y vio un huerto

y, a lo lejos, una higuera con hojas.

Fue a ver si lo encontraba

pero Jesús quería comer y no veía fruto,

se acercó, pero no encontró nada,

porque no era la temporada,

No tenía hojas porque no

era el tiempo de los higos. Entonces dijo:

Que nadie más coma de su fruto.

Y sus discípulos le oyeron decir eso,

como yo cuando moría de hambre

y cuando llegaba, a veces, me pegaban

y ahora que puedo comprar no como,

¡Qué triste es la vida!

Cuando veía un fruto que no podía tocar

porque estaba prohibido, la niñita morena y ágil,

el sol que da el fruto, ella cosecha el trigo

y teje las algas, con tu cuerpo alegre

y tu boca que tiene sonrisa de agua.

El sol, Señor, es negro y me pone ansiosa

y te envuelve en las hierbas mojadas,

y mi corazón oscuro te busca, sin embargo.

FRANCELINA ROBIN

Frutas Fajardo

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