Pasado y presente
Diálogo íntimo entre el “Yo” del pasado y el presente: culpa, complacencia y límites. Un poema de sanación que transforma el “sí” automático en un “sí” consciente, y enseña que poner fronteras no es egoísmo, sino cuidado propio para volver a florecer.

En el silencio de un cuarto, luz de memoria,
se encuentran dos almas de una misma historia.
El Presente observa, con calma y decoro,
al Pasado que carga un pesado tesoro
de culpas ajenas y agendas extrañas,
tejidas con hilos de ajenas hazañas.
— Corro sin rumbo, — suspira el ayer,
— con miedo al vacío si dejo de hacer.
Me enseñaron que el ‘sí’ es la única vía,
que ser buena es darlo todo, todavía».
El Presente le toma la mano con fuerza:
Escucha el latido que el miedo retuerza.
— Diría que no al que usa tu tiempo,
al que apaga tu voz como el rastro del viento.
No eres moneda de cambio ni escudo,
ni el fuego que apagas es tuyo ni mudo.
—»Me siento una pieza en tablero de otros»,
responde el Pasado, sintiendo los rostros
de aquellos inviernos de entrega absoluta,
donde el propio sueño perdió su disputa.
—»Entonces di Sí», dice el Yo que ha crecido,
«pero un Sí con sentido, un Sí decidido.
Sí a la empatía, a la mano extendida,
pero sin que te borres de tu propia vida.
No es egoísmo marcar la frontera,
es cuidar la raíz para que el alma florezca».
El peso invisible se escurre en el suelo,
el Pasado levanta la vista hacia el cielo.
Ya no hay más disculpas, ni agendas prestadas,
solo una lista con letras doradas:
donde antes el nombre de otros brillaba,
ahora está el tuyo, que al fin se escuchaba.

