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PANORAMA PROFESIONAL DE LOS JÓVENES CIENTÍFICOS ESPAÑOLES

LA DOCTORA MARÍA JOSÉ MARTÍN PEREIRA, hoy Coordinadora Vocacional (Careers Consultant) de la University Queen Mery de Londres, se licenció en Biología en la Universidad Autónoma de Madrid, realizó los cursos de doctorado en el Centro de Bioquímica Molecular “Severo Ochoa” bajo la dirección del Profesor Dr. Luis Blanco y en cuya defensa estuvo presente la Dra. Margarita Salas recientemente fallecida, nos expone el camino que usualmente siguen nuestros jóvenes científicos fuera de España tras unos años de estudios y mil problemas para conseguir al menos una beca y una posible salida hacia campos tal vez desconocidos donde desarrollar cuanto ha recibido de la universidad española.

            Pero para mayor objetividad y verídico testimonio, nadie mejor que la palabra de la Doctora Martín que forma parte de esa inolvidable legión de esos jóvenes científicos que tras sus estudios de Biología ve hoy un campo abierto a sus conocimientos y aptitudes tanto científicas como docentes que titula

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“UNA CIENTÍFICA ESPAÑOLA EN EL EXTRANJERO”

            “Muchos de nuestros jóvenes científicos ejercen su profesión fuera de España. Reciben educación excelente en nuestras universidades, sin embargo, son otros países los que recogen el fruto de su trabajo. Los destinos preferidos son el Reino Unido, Alemania, Francia y Suiza en Europa, o Estados Unidos

            La carrera científica académica tradicional consiste en pasos muy definidos: estudias una carrera universitaria, completar estudios de máster y doctorado, realizar una o varias estancias postdoctorales (normalmente de varios años de duración cada una), para finalmente establecer un grupo de investigación propio y convertirse en investigador principal.

            Muchas ocasiones, cada uno de estos pasos exige capacidad de adaptación, flexibilidad y movilidad. Conseguir el siguiente puesto de trabajo, suele implicar un cambio de laboratorio, centro de investigación país. Esto es así porque en su mayoría, los jóvenes investigadores dependen, para cubrir su salario, de becas o contratos de investigación que se obtienen por concurso competitivo. El nivel del éxito en conseguir uno de estos suele ser menor del 10 % y sus requisitos incluyen el cambio de país, entre otros (por ejemplo, cambio de tema de trabajo, o el de haber publicado artículos científicos en revistas internacionales en el Reino Unido con alto índice de impacto).

            Por lo tanto, muchos universitarios recién graduados o doctorados se ven obligados a emigrar si quieren tener una oportunidad de perseguir el sueño de convertirse en jefes de su propio laboratorio Para investigar el tema de su elección. Para algunos esta circunstancia es bienvenida: vivir durante unos años en el extranjero es una experiencia incomparable que, con poco de suerte, enriquece enormemente los conocimientos, recursos y madurez del que la vive.

            Los años que he pasado trabajando como científica postdoctoral en un laboratorio en el Reino Unido me ha hecho aprender mucho sobre cómo funcionar con éxito en trabajo internacional y una cultura anglosajona, muy distinta a la nuestra. Viviendo en Inglaterra he observado cosas muy positivas, como por ejemplo el respeto casi universal que la sociedad tiene por la Ciencia y los científicos, el apoyo económico y de voluntariado que los individuos ofrecen a las ONGs de investigación contras el cáncer y otras enfermedades, y el fuerte impulso que el Gobierno inglés ofrece al sector científico y farmacéuticos sobre todo en momentos de crisis como la actual causada por el Covid-19.

            A pesar de todo esto, y sin ser una sorpresa para nadie, una gran parte de los científicos que ejercen su profesión en el extranjero desea volver a España a corto o medio plazo. Entre ellos muchos de mis amigos y conocidos. Todos ellos planean empezar su propio grupo y llevar a cabo sus proyectos a las universidades, institutos y centros de investigación de nuestro país. Este paso es el más difícil de completar y el que más inseguridad conlleva, ya que, en la inmensa mayoría de los casos, los contratos son por un número muy limitado de años (no suelen ser más de cinco, en España tenemos el ejemplo de los conocidos contratos Ramón y Cajal, durante los cuales da tiempo a formar al poco personal para el que suele haber presupuesto). Estos estudiantes, técnicos y postdoctorales generalmente llegan al laboratorio sin ser expertos en el tema del mismo: su objetivo es aprender y especializarse, eso puede llevar meses o años.

            A la vez, durante este periodo, el laboratorio debe producir el máximo número de publicaciones posibles, en revistas conocidas en el campo de la investigación. Mientras tanto, el investigador principal debe dirigir su grupo, diseñar y hacer experimentos, todo a la vez se vuelve una suerte de gerente de su propia PYME: Siempre a la caza de dinero público o privado para pagar los salarios, y para sacar los proyectos adelante.

            Al finalizar este periodo inicial de establecimiento del laboratorio, muchos deben cerrar, empaquetar todos sus reactivos, materiales, y proyectos, y mudarse de nuevo a otro centro, unidad o país, donde les ofrezcan espacio y presupuesto para empezar de nuevo y seguir investigando. A otros, con más suerte, se les concederá, una extensión por otros pocos años, posponiendo un tiempo la mudanza. A los menos se les ofrece una plaza más o menos fija, normalmente revisable cada pocos años.

            La crisis del 2008, y posterior austeridad, trucaron los planes de muchos científicos españoles en el extranjero de volver a España. Algunos han tenido que volver a emigrar a otro país distinto para poder perseguir su sueño. Otros muchos han dejado la carrera investigadora, ya sea por decisión propia, por hastío o por circunstancias que nos han tocado vivir.

            Muchos científicos toman por decisión después de completar sus sueños de doctorado o mediante su trabajo postdoctoral. En muchas ocasiones, y a pesar de amar la Ciencia de que el laboratorio no es para ellos: puede ser un mundo solitario y competitivo, y muy poco dado a la compaginación de la vida laboral y familiar. Dejarlo supone tomar una decisión muy difícil, ya que es una carrera vocacional. La mayoría buscan profesiones en las que sigan teniendo algún tipo de relación con la Ciencia y la investigación.

            Somos muchos (científicos o no) los que a lo largo de nuestra vida nos atrevemos a cambiar de profesión. No conozco a nadie que no se sienta más feliz por ello, recompensado a diario por el nuevo camino elegido. Esta flexibilidad laboral es más común de lo que pensamos, en estos tiempos que corren va a ser necesaria más que nunca”

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Grupo de jóvenes doctores acompañados del profesor Dr. Luis Blanco, Dra. María José Martín, la Dra. Margarita Salas y la profesora Mª Julia Marilissen.

 

            Después de esta testificación de María José con clara evidencia de la necesidad de mejorar nuestro sistema investigador, hay que meditar firmemente una posibilidad de educar desde pequeños sobre la necesidad de la investigación, sea cual sea el campo a elegir, mirando hacia fuera de España y adoptando métodos y circunstancias para mentalizar a la sociedad de una colaboración efectiva y exponiendo los beneficios sociales y económicos que representan una buena planificación investigadora con la colaboración de la empresa privada y en esto sí que tenemos que copiar de otros países como Alemania, Reino Unido, Nueva Zelanda, etc. “Material” humano, es evidente que poseemos, con crédito suficiente, demostrado a través de los años en todo el mundo, con el gran número de españoles que triunfan profesionalmente y participan activamente en descubrimientos de importancia universal y en muchos casos desempeñan cargos de responsabilidad.

            Es evidente que en España hay centros de investigación de importancia mundial, pero hay que potenciar estos centros, dando seguridad y futuro a nuestros jóvenes, desechando contratos eventuales y haciendo una selección efectiva del personal para que la persona elegida se sienta plenamente comprometida con su tarea y no esté pendiente de la caducidad próxima de su puesto de trabajo.

Dr. José Luis Martín Correa

Madrid

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