Oda al olivo
En Oda al olivo, Germana Fernández dedica un canto al árbol milenario, símbolo de resistencia y generosidad, que regala a la humanidad el preciado “oro líquido”.

¡O olivo centenario,
ganador de mil batallas,
hoy me postro a tus pies
a ensalzar tus hazañas,
austero en tu vivir,
fuerte donde los haya,
que sabes sobrevivir
majestuoso y sencillo,
y dar tu caudal de vida
en los más diversos destinos:
desde el valle junto al río,
en la pendiente del monte,
en los bordes del camino,
en jardines, plazas, avenidas,
y en paramos de secano,
Que otros luzcan bellas flores,
de muy variados colores,
que, tú luces lo más puro,
¡la blancura!
en lo verde de tus ramas,
de donde van a pender
los frutos más deseados,
hora, verdes, luego
en negros, están tornados.
Soportas que zarandeen
y golpeen a tus ramas,
para recoger la oliva,
que llevan a la almazara,
consiguiendo el oro líquido,
que a los humanos regalas.

