NOS LO PASAMOS SUPER GUAY, ¡COGIMOS UNA BORRACHERA…!

Quien no piensa más que lo que entra en su vientre no vale más que lo que sale de él
(proverbio)
Estas palabras del titular salieron de la boca de una joven que aparentaba tener unos 20 años y con 25 kilos de peso de sobra a los que correspondería por su edad, estatura, sexo y otras menudencias como estética y salud. Vestía unos “leguins deportivos”, muy ajustados de color negro que le hacía resaltar sus más que generosas redondeces y su cintura “michelín”. Sus pies calzaban unas zapatillas blancas unisex de marca y en la aleta derecha de la nariz lucía un aro plateado. En cuanto al peinado, pues en armonía con todo lo demás. No estaba moldeada con la forma de la elegancia y tampoco la belleza brillaba en su frente.
Estaba sentada en la mesa de una cafetería con otra joven algo mayor que ella que a simple vista era su antítesis en la físico, en su vestimenta y en cuidado estético. Le contaba a ésta lo bien que se lo había pasado en la fiesta de “Nochevieja”, unas cuantas parejas en casa de una de ellas aprovechando que sus padres se habían marchado a otra provincia a visitar a sus familiares. Le contó las vivencias de esa fiesta y otros pormenores que a ninguna madre, padre, hermanos les gustaría oír porque se avergonzarían. Mi pundonor tampoco me permite decir lo que escuché. Y si alguien se atreviera a decírselo a su madre con el fin de corregir su conducta exclamaría indignada, ¡mi hija no, imposible, mi hija no hace esas cosas, no es de esas…!
La otra joven, que hasta entonces sólo se había limitado a escuchar con atención le dijo: “Según me cuentas fue una auténtica bacanal esa fiesta”. La joven bacante, ignorante, puso cara de circunstancia y preguntó: ¿Qué es una bacanal? En aquel momento la otra echó una mirada a su alrededor y le dijo: “Vámonos y por la calle te lo explico”. Sin más, pagó la cuenta y se fueron. Inmediatamente yo también abandoné la cafetería.
Ya en la calle, seguí a la pareja de jóvenes durante un buen trecho observando a la bacante que no sabía lo que era una bacanal después de haber participado en una de ellas. Luego de contemplar y contemplar su figura deduje que no tenía ningún atractivo sexual a pesar de su juventud: su gordura, su forma de andar, su desaliño, su vestimenta, y, después de haberla oído hablar, pensé que era un remedio contra las tentaciones de la carne.
Me desvié en dirección a mi casa y reflexionando me pregunté qué móvil, qué frustración, qué desconsuelo había impulsado a aquella joven a abandonarse de aquella manera, tanto en lo físico como en lo moral, sustituyendo la cantidad de placeres, ilusiones, sueños que se tienen a esa edad por sólo la comida y el sexo.
Es cierto, que cada siglo, cada época trae nuevas formas de vida, su peculiar sensibilidad, sus ideas, su moral y también sus olvidos. Pero el abandono de cuerpo y alma cuando se tiene toda una vida por delante en perspectiva es porque hay una crisis en el alma. En el siglo I de nuestra era el célebre biógrafo y filósofo griego, Plutarco, ya observó que quienes se aficionaban a tener en casa monos, perros, gatos y otros animales era porque la parte amorosa que hay en su alma a falta de legítimo prendamiento, forja uno falso y privado por no hallarse vacío.
A la vista de lo que ocurre, hay muchas personas con el alma vacía, pues el número de “animales de compañía” ha aumentado escandalosamente. Y si echamos una atenta mirada a la persona que pasea al animal por la calle -que casi siempre es un perro- podemos deducir cómo está su alma. En la mirada, en el gesto, en la forma de moverse, en el vestido, en el peinado… no es difícil averiguar la persona interior.
El gran filósofo español Ortega y Gasset, dijo esto:” El hombre (también la mujer) exterior está habitado por el hombre interior. Tras el cuerpo está emboscada el alma. Los jóvenes, sobre todo, suponen que su persona interior, los vicios de su carácter son un secreto que en sí llevan, bien defendido ante las miradas ajenas por la materia opaca de su cuerpo. No hay tal: nuestro cuerpo desnuda nuestra alma, la anuncia y la va gritando por el mundo. Nuestra carne es un medio transparente donde da sus refracciones la intimidad que la habita”.
No hay asociación ni medio de comunicación que a través, libros, revistas, periódicos, radio, televisión, denuncien constantemente la falta de valores de la juventud actual, pero pocos son los que denuncian las posibles causas y menos aún su prevención. Todo se queda en estériles lamentaciones. Una gran parte de la juventud de hoy carece de horizontes a pesar de tenerlo todo y demasiado fácil. Su única meta es pasarlo bien, ¿Cómo? Como sea: alcohol, drogas, sexo, diversión y no dar golpe. ¿Esta forma de vida les hace felices? Rotundamente, no. Los hechos lo cantan.
En cierta ocasión, oí decir a una mujer que tenía un hijo que era más que sinvergüenza: “es que los hijos nacen ya torcidos”. No, señora, los hijos se tuercen después. Te lo va a decir uno de los más grandes filósofos, SÈNECA: “Te equivocas si te crees que los vicios nacen con nosotros; nos han sobrevenido, nos lo han sido inculcados. La Naturaleza no nos predispone a ningún vicio”.
Si la Naturaleza no es culpable de nuestros vicios, está claro que es la sociedad y, si ésta es dirigida, diseñada, organizada por los políticos a través de las instituciones, pues algo o mucho tendrán de responsabilidad los Ministerios de Educación, Igualdad, Justicia y todo el Gobierno y, por extensión, todos nosotros que somos también responsables por haberlos elegido.
El filósofo griego Aristóteles ya nos lo advirtió: “El hombre perfeccionado por la sociedad es el mejor de los animales; pero el más terrible cuando vive sin ley ni justicia”.
ROGELIO BUSTOS
Granada a 18 de enero de 2024

