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Mujeres que dieron un paso al frente (11): Cristiana Davies De armas tomar

Diego Nieto nos acerca la fascinante historia de Cristiana Davies, una mujer irlandesa del siglo XVII que se disfrazó de hombre para seguir a su marido al frente y acabó participando en batallas y duelos. Una vida real tan sorprendente que parece salida de una novela de aventuras.

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La vida de Cristiana Davies más que la vida de una persona de carne y hueso parece extraída de una novela de aventuras tan al gusto del siglo XIX, de esas de Julio Verne, Alejandro Dumas, o Emilio Salgari (por nombrar a algunos) que tanto nos deleitaron de niño, y no tan niño, con sus aventuras y duelos a capa y espada.

Pero antes de entrar de lleno en su vida, hagamos una breve reseña histórica de qué era un duelo, algo tan ajeno a nosotros hoy en día.

El duelo, tal como lo define la Real Academia Española en su primera acepción, era el «combate o pelea entre dos personas, a consecuencia de un reto o desafío». Aparecieron con la ley germánica hacia el siglo VIII como prueba ritual (ordalía) de que uno de los contendientes era inocente: el vencedor, al que Dios ayudaba a salir airoso precisamente por su inocencia. Estos duelos estaban motivados por acusaciones graves, como homicidio, traición, adulterio, hechicería.

Durante el renacimiento, en Italia, surgió, y se aceptó, una nueva motivación: el honor personal.

Entre los siglos XVI y XVIII la costumbre de batirse por honor se expandió por Francia, España y Gran Bretaña. Las armas: estoque o espada corta; a partir del siglo XVIII se usaron pistolas.

A finales del XIX, los duelos comenzaron a prohibirse en Europa, aunque la Iglesia Católica los condenaba ya desde 1215.

Pero adentrémonos en el tema del paso al frente.

Las películas, y novelas del XIX, siempre nos presentan duelos entre hombres, entre el bueno-guapo y el malo-feo. Sin embargo esa es una historia incompleta: las mujeres, aunque con menor frecuencia, también se batían.

Comencemos por las más cercanas (de alguna habréis oído hablar): las famosas bandidas del lejano oeste: Calamity Jane, pistolera profesional; Belle Starr, conocida como “La Reina de las Bandidas; Rose Dunn, también bandida asociada a los Dalton; Pearl Hart, asaltante de diligencias; Joaquina Lizárraga, pistolera mexicana.

Por supuesto no todas eran bandidas y asesinas como en el lejano oeste, y además se trata de una práctica que empezó muchos siglos antes.

De la primera que se tienen noticias es Joan Agnes Hotot (c. 1395, siglo XIV) que reemplazó a su padre enfermo en una justa por sus propias tierras (Clopton o Clapton, Northamptonshire, Inglaterra) que, de no presentarse, irremediablemente perdería. Vestida de hombre, lanza en ristre, de esas que vemos en las películas de Ivanhoe, se enfrentó y derrotó a su oponente cuyo nombre se ha ocultado. Reconocida vencedora por el Mariscal del Torneo (Marshal), se quitó el yelmo y agitó el pelo para demostrar que era mujer, y, por si aún quedaba alguna duda, según algunas fuentes, desafiante se desnudó hasta la cintura.

El 25 de mayo de 1552, en Nápoles, se enfrentaron dos amigas: Isabelle de Carazzi y Diambra de Pottinella. Motivo: un hombre, que cortejaba a las dos, Fabio de Zeresola. A caballo, de la lanza pasaron a las mazas. Diambra desmontó a Isabella de un mazazo; Isabella no se rindió y le arrojó una espada que la derribo. Sin embargo Isabella se declaró vencida y reanudaron la amistad anterior a la disputa y el tal Fabio se quedó sin una ni otra.

En 1886, en Francia, se batieron Miss Shelby (médica estadounidense) y Madame Marie-Rose Astie de Valsayre (noble francesa). Motivo: qué médicos eran mejores, los franceses o los americanos. (Como se ve: una discrepancia digna de duelo). La médica americana se llevó la peor parte y tuvo que reconocer que los franceses eran mejores. Un mes más tarde, la susodicha Madame Marie-Rose desafiaba a Catherine Booth, cofundadora del Ejército de Salvación, la famosa entidad religioso-caritativa. Quizás Marie-Rose le había tomado el gusto al duelo, o a la sangre, no se sabe.

Citemos algunos casos más. Entre 1690 y 1700, Julie D’Aubigny, alias Mademoiselle Maupin, se batió varias veces a duelo. Primeramente, por ofensa, desafió al Conde d’Albert, al que derrotó. Y luego se batió con tres hombres más a los que provocó y salió airosa. Esta mujer tenía su renombre: a los catorce era amante del caballerizo mayor de cuadras (escándalo en la época) y luego contrajo matrimonio con Sieur Maupin (parece que los escándalos se olvidaban). Pero su ambición era la ópera y unos años más tarde aparece en los escenarios de París.

También a finales del XVII, la Condesa de Saint- Belmont, mientras su marido estaba en el campo de batalla luchando por el rey Luis XIV, se vio obligada a batirse con un okupa, diríamos hoy, un oficial francés que no quería abandonar sus tierras. Ella salió airosa y el oficial salió pitando.

Las mujeres rusas no podían ser ajenas a esta costumbre. En 1834, dos vecinas de la provincia de Orel: Olga Zavarova y Ekaterina Polesova. Motivo: no se veían con buenos ojos. Resultado: aunque con diferencia de veinticuatro horas, las dos murieron por heridas provocadas por la contendiente.

Y en 1892, se produjo el primer duelo de “emancipación”, al que se llamó así porque las personas presentes (testigos, madrinas, médica) sólo podían ser mujeres, ya que por petición sanitaria se batirían a pecho descubierto con el fin de evitar infecciones. Contendientes: Princesa Pauline Metternich y Condesa Anastasia Kielmannsegg. Lugar: Vaduz, capital de Liechtenstein. Motivo: desacuerdo en cuanto al arreglo floral en un evento en Viena. Vencedora: la princesa al herir a su contrincante en la nariz.

Pero prestemos atención a Cristiana Davies, cuyo motivo juzgamos más elevado y su trayectoria para obtener lo que buscaba, complicadísima: una verdadera novela de aventuras.

Cristiana Cavanaugh de nacimiento vino al mundo en Dublín, Irlanda, en 1667. Hija de un fabricante de cerveza, siendo muy joven, en 1688, heredó la posada de su tía. Independiente, comienza a tomar sus propias decisiones y pronto se casa con uno de sus sirvientes, Richard Welsh, con el que tiene tres hijos, uno detrás de otro, como con prisa.

Su vida era color de rosa: felices por su relación, felices criando a sus hijos, felices regentando la posada, felices bebiendo y riendo con sus amigos y parroquianos.

Pero el color rosa mudó al negro: en 1692, tras sólo cuatro años de felicidad, Don Ricardo Welsh, su marido del alma, desaparece.

Frenéticamente enamorada de su marido y padre de sus hijos, lo busca por todo Dublín y alrededores. Finalmente descubre que ha sido reclutado y se encuentra sirviendo en el ejército inglés en los Países Bajos en lo que se llamó La Guerra de los Nueve Años (1688-1697) que enfrentaba a Francia con La Gran Alianza, en la que también se encontraba España.

Cristiana, veinticinco años y decidida, entró en acción.

Pero no era una alocada, y, con su idea en la cabeza, fue tomando medidas para que todo estuviera en orden.

Primer paso: organizó todos los asuntos pendientes relacionados con la posada y la familia.

Segundo paso: aseguró el cuidado de sus hijos.

Tercer paso: se vistió de hombre y se enroló en el ejército inglés como Cristopher (Cristóbal) Welsh.

Objetivo: seguir el rastro de su marido hasta dar con él en el frente y de una manera u otra traerlo de vuelta a casa.

Como ya habrás imaginado, Cristiana, ahora Cristóbal, entraba en un mundo de hombres. Aprendió a hablar y gesticular como un hombre, a caminar y correr como un hombre. Y tenía que comportarse como un hombre, lo que quiere decir que en momentos de descanso, en las tabernas, en la calle, tenía que ligar como un hombre. Y comenzó a cortejar a la hija de un ciudadano acaudalado de Flandes.

Ese episodio tuvo consecuencias que Cristiana-Cristóbal no había previsto, y por esas consecuencias, que detallaremos al final, la expulsaron del ejército inglés.

Pero, expulsada, Cristiana-Cristóbal no se rinde: está dispuesta a encontrar a su Ricardo. Se enrola entonces en los conocidos como Scots Greys (2º Regimiento de Dragones Reales).

Entre los dos ejércitos, fue de batalla en batalla, hasta que en 1704, en Blenheim, después de doce años de combates y heridas, encuentra a su Ricardo del alma…. con otra. Y lo que es peor, su Ricardo no quiere volver a casa.

Pero Cristiana tiene la cabeza en su sitio, como suele decirse: la mujer de acción, ya de unos treinta y ocho años, controla la situación. Sin escándalo, hace prometer a su marido que no revelará su condición de mujer y sirve en los Scots Greys dos años más (1706) cuando ella misma revela esa condición.

Pero ni es castigada ni abandona el ejército. Se convierte en cantinera del regimiento aprovisionándolo de comida y bebidas. ¡Una fortuna!

Una vez terminada la Guerra de los Nueve Años, se apuntó a la Guerra de Sucesión en España. La madre-posadera en ella había desaparecido, y había surgido la militar-comerciante que llevaría escondida dentro de ella. Se casó dos veces más, con Hugh Jones y luego con Mr. Davies, de quien conservó el apellido.

Pero dijimos antes que había un incidente de graves consecuencias en su vida (como si nada hubiera sido grave) que fue lo que causó su expulsión del ejército inglés. Para comportarse como un hombre, comentamos, corteja a la hija de un ciudadano importante, el problema radica en que hay un sargento que también quiere a esa muchacha. La muchacha lo rechaza y el sargento la viola. Cristiana-Cristóbal tiene que actuar como un hombre y lo reta a duelo y le inflige tales heridas que casi acaba con su vida. Obviamente, Cristiana Davies, que no perdía la cabeza, era de armas tomar.

Cristiana regresó a Inglaterra donde se la admitió en el Real Hospital de Chelsea, institución que acogía a los militares retirados, y se le asignó una pensión militar (como si no tuviera dinero).

Era conocida en el Londres de la época y solía hablar de sus batallas, tan orgullosa estaba de su pasado militar y su condición de mujer. Nunca regresó a Irlanda.

Estando en el hospital, más una residencia que hospital, fue visitada por Daniel Defoe (sí, el de Robinson Crusoe) que escribió sobre su vida en un libro titulado The Life and Adventures of Mrs. Christian Davies (Vida y  aventuras de la Sra. Cristiana Davies).

En 1739, esa mujer que había peleado mil batallas y duelos, halló la muerte de una manera que no estaba a su altura: atropellada por un carro.

Fue inhumada con todos los honores militares en los terrenos del Real Hospital de Chelsea.

Próxima entrega: Freya Stark: Sola ante el peligro

Diego Nieto Marcó

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