Monólogo intencionado para: Empoderadas… ¡Sí! pero hasta el moño

Buenas querid@s lector@s. Antes que nada, una advertencia:
Si alguien viene buscando a la típica mujer empoderada, perfecta, feliz, que medita por las mañanas y hace yoga con una sonrisa… ¡se ha equivocado de monólogo!
Yo soy feminista, sí, pero de las que lleva una semana sin afeitarse las piernas, no por rebeldía, sino porque ¡no me da la vida, Maricarmen!

¿Empoderada? Sí, claro. Me siento poderosísima cuando llevo la compra, el niño colgando, el móvil sonando, y el tampón medio puesto porque no he tenido tiempo ni de terminar de vivir mi regla en paz.
¡Eso es multitarea y no lo del iPhone!
A mí me dijeron que podía ser lo que quisiera.
Y lo he sido: ama de casa, camarera, madre, psicóloga de mi suegra, terapeuta de mi marido, y consejera de Estado en el grupo de Whats App del colegio.
Pero ¿dónde está el reconocimiento, eh?
Porque yo el otro día me planté en una entrevista de trabajo, y cuando el de recursos humanos me preguntó:
_»¿Tiene experiencia en gestión de conflictos?»
Dije:
_»Cariño, tengo tres hijos y una suegra. He sobrevivido a seis Nochebuenas con la familia política. Me merezco el Nobel de la Paz.»
Mi interlocutor me miró, se colocó bien las gafas, cerró mi expediente y dijo:
_ Ya se le avisará_ dando por cerrada la entrevista.

¿Y la imagen?
¡Ay, la imagen! Ahora resulta que si no haces Pilates, bebes kombucha y te echas aceite de coco en las cejas, no eres mujer moderna.
Pues mire usted, yo con suerte me echo Nivea de la gorda. Y a correr.
Las redes sociales también ayudan mucho al empoderamiento, sí.

Todo el mundo colgando fotos con frases como:
“Ámate a ti misma”
_ Naturalmente, pero con filtro.
“No necesitas a nadie para ser feliz”
_Pero con pareja incordiando y metiendo prisas.
“Yo me levanto a las 5 de la mañana para meditar y visualizar mis objetivos”
_Yo me levanto a las 5, pero para poner una lavadora y sacar al perro a mea que tiene cistitis.
Pero no te lo pierdas, porque luego están las feministas de manual, las de pancarta.
Yo las admiro, de verdad, pero también os digo una cosa: ser mujer trabajadora, madre, hija, esposa y feminista en el mismo día… ¡Agota!

Yo el 8M salgo a la manifestación con toda la ilusión, pero el resto del año ¡lo que quiero es que alguien me saque la basura y me deje dormir!
Porque sí, señores y señoras, ser feminista no es andar gritando todo el día:
«¡Hermana, yo sí te creo!»
Es más bien decir:
«Hermana, si te dejo el niño media hora me salvas la vida.»
Yo propongo otro lema:
«Hermana, quédate tú con la revolución que yo voy a hacerme la siesta.»
Y que viva la lucha de las mujeres, claro que sí, pero ¡que nos dejen luchar con zapatillas cómodas, la regla sincronizada y un café bien cargado!

¡Gracias y que viva la revolución… pero con descanso, por favor!. Y que nadie se ofenda, yo sólo trato de desdramatizar una triste realidad de las mujeres que ya tenemos una cierta edad y poner un punto de humor a nuestro desmedido afán de ser más y más.

