MIRADA AL PASADO – La conquista del voto de la mujer en España

Las conquistas de los derechos, una vez naturalizados, sobre todo para las generaciones posteriores, se suele considerar como que es una prebenda caída del cielo; sin embargo siempre detrás de todo derecho, nos encontramos con una historia, que nos muestra el esfuerzo de hombres y mujeres, que en la dura lucha para su consecución, dejaron por el camino, persecuciones con resultado de cárcel y en algún que otro caso, incluso pagaron con su vida. Pero no es menos cierto que las sociedades; una vez conseguidos estos derechos, deben velar por su mantenimiento, lo que es igual que su cuidado, porque aquellas fuerzas reaccionarias, que en su día fueron contrarias a su puesta en marcha con la aprobación, no cejaran en su deseo de abolirlos.
Por esta razón es imprescindible tener presente la historia; tan denostada como la propia filosofía, materias consideradas en amplios sectores, como innecesarias en los planes de educación y tienen razón aquellos que están en su contra: Primero porque el relato histórico, no siempre está de acuerdo con aquellos que prefieren un relato mitificado, como ponía Cervantes en boca de don Quijote,” La dulcificación de la historia, es propia de Ovidio, eso siempre será poesía, pero nunca historia”, traigo esta cita un tanto interpretada, para que nos demos cuenta de la permanencia, desde hace siglos de esta animadversión hacia el relato histórico. Por otro lado la filosofía la otra hermana perseguida; sufre también acoso, hasta el punto que de forma continua, por sus detractores se insiste en su inutilidad, en este caso como en el anterior, los motivos son los mismos, la libertad de pensamiento, que es lo que supone la filosofía, pero sé que alguno se preguntara ¿Qué tiene que ver todo esto con el tema elegido, “el voto femenino en España”? Cuando vemos como responden en encuestas, jóvenes en secundaria, que creen que los derechos son cosas eternas, olvidando la lucha que a cada uno de los derechos acompaña y sobre todo su permanncia.

Antecedentes:
La historia del reconocimiento del derecho del sufragio femenino, se sitúa en el segundo tercio del siglo XIX, y tiene sus orígenes en el mundo anglosajón. En el año 1832 Mary Smith, registro en el Parlamento Británico, la primera petición de voto para las mujeres; sin embargo esta petición fue ignorada por los parlamentarios, que hicieron oídos sordos.
Pero la idea sirvió para atravesar el océano; en 1848 dos abolicionistas americanas, Lucrecia Mott y Elizabeth Stanton, convocan la primera “Convención por los Derechos de la Mujer”, el lugar elegido fue el Seneca Falls (New York). Este acto al que acudieron más de trescientas mujeres, se puede calificar como el pistoletazo de salida de la lucha, de esta convención, salió la elaboración de la “Declaración de Sentimientos”, cuyo contenido era el resultado de doce resoluciones, del citado congreso, resaltare la novena por que hace mención explícita a la reivindicación del voto, decía así. “Decimos que es deber de las mujeres de este país obtener su sagrado derecho a votar”. En el año 1866, sucede un nuevo intento en Inglaterra, de la mano de los parlamentarios, J.S. Mill y H. Fawcett presentan una enmienda a la ley electoral, para cualifique a la mujeres que cumplan con los requisitos establecidos; sin embargo fue otro intento fallido parlamentario, pero sirvió para señalar el camino a los sindicatos, que la incluyeron como una de sus reclamaciones, esta lucha entre las mujeres, paso a llamarse con el nombre de “sufragismo”. La conciencia comienza a extenderse entre las mujeres; que ven en el voto el medio para terminar con su posición social, subordinada, entendiendo su consecución como una cuestión de justicia.
Estas reivindicaciones son asumidas, por las organizaciones políticas y sindicales de carácter progresistas de todo el mundo, para los partidos conservadores, estas ideas suponían la destrucción del orden socio-familiar, con proclamas tan absurdas como esta, “Las mujeres votaran antes como mujeres que como miembros a favor de la reforma social y en contra de los intereses de los hombres”. Pero no solo los conservadores, veían a la mujer como un peligro en la toma de decisiones, también hubo reticencias en la izquierda, sobre todo por la competitividad de cargos de representación, tradicionalmente de asignación masculina.

La situación española:
En el año 1931 con la llegada de la Segunda República; durante las primeras Cortes Constituyentes, los recelos antes comentados, entre los partidos españoles también eran muy comunes, hasta el punto que a la espera de la aprobación de la nueva constitución, se opto por una salida salomónica, que fue la otorgación del voto pasivo, al tiempo que se les negaba el voto activo, con esta aprobación se permitía a la mujer acceder a las tares de gobierno, pero quedaba protegido del temor que fueran a ser influenciadas, por la voluntad de sus confesores o maridos.
En el verano del 1931 entra en la cámara, el borrador de constitución para su debate parlamentario, el artículo 36 de la Constitución establecía, “Los ciudadanos de uno y otro sexo, mayores de 23 años, tendrán los mismos derechos electorales, conforme determinen las leyes”. Este texto fue aprobado, por todos los partidos republicanos en la Comisión, pero lo más duro estaba por venir, cuando el borrador hace entrada en el Parlamento para su debate, se establecen dos grandes bloques, por un lado los de carácter progresista y por otro los conservadores, tanto de derechas como monárquicos, que veían el peligro sempiterno de la revolución de las mujeres, que podían abandonar el sagrado mandato de abandonar la familia tradicional, centrándose en sus carreras profesionales, pero también aquellas que mediante su trabajo, dejaran de estar bajo la tutela de sus padres y maridos.
Entre las voces más reivindicativas en este momento, del debate parlamentario, tenemos la figura de Clara Campoamor, que tuvo que enfrentarse a su propio partido, que en sus comentarios tertulianos, era frecuente escuchar, que dar la libertad de voto a las mujeres, podía dejar en manos de los confesionarios, las decisiones de las futuras votantes. La polémica parlamentaria tuvo su reflejo en la prensa; concretamente en los periódicos andaluces, podemos ver en las hemerotecas, crónicas de, El Defensor de Granada, que en varias de sus páginas se hace eco del reconocimiento del voto de las españolas. El 3 de octubre publica un artículo titulado “La hermanas lejanas”, firmado por Sarojini Naidu, colaboradora de Gandhi, en el cual se pide apoyo para con las mujeres orientales, en la consecución de sus derechos.

Principales protagonistas:
Siempre que surge un movimiento, como este a favor de una causa justa, al frente de las mismas, se encuentran personas sin duda por sus convicciones y preparación, que son los que pasan a liderar dichos movimientos; sin embargo la respuesta social compuesta por hombres y mujeres, desconocidos pero que al final como masa social, son los responsables de que las ideas triunfen y recalen en buen puerto.
En la lucha por la consecución del voto femenino en España; fueron principalmente mujeres, que desde la política y el derecho, supieron planificar los objetivos para alcanzar la victoria, pero no se debe olvidar a otras que desde la prensa del momento, como las escritoras que publicaron, artículos y libros, cuyos textos iban encaminados, a crear conciencia entre las mujeres, muchas de ellas entendiendo como normal su situación. Desgraciadamente y de esto los poderes saben bastante, el adormilamiento de las masas es muy importante, para dejar las cosas como están.
Fueron muchas las figuras destacadas en esta lucha; pero sin duda si tuviésemos que destacar en el plano político, las de Clara Campoamor y Victoria Kent, sobresalen como autenticas referentes de aquella lucha; sin embargo en otro espacios como la prensa o la literatura, siendo importante su labor, permaneció un tanto eclipsada a favor de sus maridos, un ejemplo lo tenemos en Carmen de Burgos, o Carmen Lejárraga García (1874-1974), esta mujer nacida en la cuna del castellano, San Millán de la Cogolla, (La Rioja), casada con el escritor Gregorio Martínez Sierra, quien la introdujo en el mundo del teatro, de esta mujer que por razones de casamiento, muchas de sus obras se conocieron con la firma de su marido, como libretista, llego a colaborar con don Manuel de Falla, entre sus obras más conocidas, en 1931 publico “La mujer española ante la República”, una obra cuyo objetivo principal, era despertar entre las mujeres la conciencia de sus problemas, aportando la solución de los mismos. Carmen como persona inconformista; no se detuvo en el ámbito literario, en el año 1933 fue elegida como diputada por Granada, pero su convicción por las causas justas, le llevo abandonar su escaño, tras los sucesos y represión de Asturias, centrando todo su trabajo a favor de la amnistía de los encarcelados. En 1936 retorno a las cortes, colaborando con varias misiones diplomáticas, a favor de los niños españoles refugiados en Francia, continuando su labor por diferentes países, recalando finalmente en Buenos Aires (Argentina), donde murió en el exilio en el año 1974, no pudiendo ver el retorno de la democracia en su país.

Como adelantábamos; en el ámbito de la política y el derecho, tenemos algunos ejemplos entre los cuales destaca, la malagueña Victoria Kent Siano (1897-1987), mujer de una gran formación, se graduó primero como maestra, iniciando la carrera de derecho a continuación, obteniendo la licenciatura en el año 1924. Desde siempre Victoria tuvo dos grandes pasiones, la primera la pedagogía y la segunda el Derecho Penal. Su primera intervención con notoriedad; fue a consecuencia del ejercicio de defensa, ante el Consejo de Justicia de Guerra y de la Marina, de Álvaro de Albornoz, acusado de los sucesos antimonárquicos de diciembre de 1930.
Diputada en las Cortes Constituyentes de la II República, su labor parlamentaria se distinguió por dar un voto femenino limitado, lo que le hizo tener enfrentamientos con los partidarios de otorgar derecho alguno a la mujer, pero también de los que no estaban dispuestos a limitar los derechos femeninos. Entre los cargos más relevantes; se encuentra el de Directora General de Prisiones, años 1931-1932, siendo la primera mujer en España que ostentaba un cargo de semejante responsabilidad, durante este mandato acometió grandes reformas en los diferentes centros penitenciarios. La guerra le llevo al exilio por diferentes países, primero en París, más tarde en México y en el año 1950, recala en Nueva York, desde donde impulso la Revista Ibérica y la Asociación Republicana Democrática (ARDE), tras la muerte de Franco, realizó varios viajes a España, en el año 1987 muere en Estados Unidos.
Clara Campoamor (1888-1972) esta fue una mujer ejemplar, que como tal es recordada por infinidad de asociaciones que portan su nombre; nacida en Madrid siendo a penas una niña, se inicia en el mundo laboral, siendo su primer trabajo como modista, posteriormente dependienta de comercio, periodista, profesora de clases para adultos, trabajos que le permitieron poder financiar sus estudios de Derecho, en el año 1923 alcanza la licenciatura de Derecho, ejerciendo a partir de ese momento como abogada, centrando su labor en dos temas que desde siempre fueron su preocupación, la lucha contra la discriminación de la mujer y la defensa de la paz.
En 1931 fue elegida diputada de las Cortes Constituyentes, siendo más tarde nombrada Delegada de España ante la Sociedad de Naciones, en 1933 fue nombrada por el gobierno de derechas, Directora General de Beneficencia, cargo del cual dimitió tras los sucesos de Asturias en Octubre de 1934.

Tras la guerra tomó el camino del exilio; primero en Francia recalando más tarde en Buenos Aires, desde donde publicó varios ensayos, entres los que destacan, “Mi pecado mortal. El feminismo y yo”. Tras finalizar la guerra realizo varios intentos de retorno a España; sin embargo no fructificaron, obligándosele a fijar su residencia en Lausanne, donde murió en el año 1972 sin poder disfrutar del retorno de la democracia a España, el amor que acaparo toda su vida.
Conclusiones:
El deber de sintetizar ante un espacio como el que nos brinda un artículo, nos impide elaborar un relato minucioso de lo que supuso la lucha por el reconocimiento de la mujer como ciudadana de pleno derecho. Vienen a mi memoria derechos conseguidos en democracia que las fuerzas oponentes a los mismos, sostuvieron pancartas en multitud de manifestaciones, pero sin embargo aquellos que más vociferaban, fueron los primeros en participar de matrimonios del mismo sexo, divorcios como si no hubiera un mañana etc., al igual que ocurre hoy con los derechos de la mujer, que muchos se piensan que esto está aquí, desde la noche de los tiempos, mientras que jóvenes como yo con mis 75 años cumplidos, vimos como nuestras madres vivieron años en los cuales, debían tener permiso de sus maridos, para hacer unas simples gestiones de compra. Quisiera rendir un homenaje; aquellas mujeres que no les importo enfrentarse a una vida difícil, por la consecución de un derecho colectivo, sacrificando su bienestar en pos de una causa justa…

