MIRADA AL PASADO – CRIPTANA Y SU HABITAT TROGLODITA
Artículo histórico sobre el hábitat troglodita de Campo de Criptana: sus cuevas moriscas, el Albaicín, los humilladeros, los oficios, la expulsión de los moriscos y la necesidad actual de recuperar este patrimonio único como se ha hecho en Guadix, Baza, Galera o Alcalá del Júcar.

Humilladero de Santa Ana
DEDICATORIA:
A todos los pueblos que supieron conservar el hábitat troglodita, y que con orgullo conservan esa tradición, en nuestra memoria, Guadix, Baza, Galera, Jódar y una amplia zona de nuestras queridas Alpujarras…
La habitación en cueva, ha venido siendo a lo largo de la historia de la humanidad, un recurso muy habitual en todo el mundo; nuestra península no ha sido una excepción, pudiendo hallar complejos de habitación troglodita en diferentes regiones, los procesos de ocupación, es cierto que fueron evolucionando, según demanda y necesidad de las diversas poblaciones, las tenemos que en una primera etapa, fueron solución habitacional, para más tarde pasar a simples cuadras, almacenes agrícolas o bodegas como es el caso de amplias zonas de tradición vitivinícola en nuestro país.
Para exponer esta realidad; mencionar el sur de La Rioja y Navarra, donde poblaciones como Sesma tienen ejemplos de interés, pero por desgracia en la mayoría de los casos se encuentran en situación de abandono, sí tuviera que resaltar una zona donde el resultado viene siendo positivo, es la comarca del altiplano granadino, con Baza y Galera y por supuesto Guadix, donde la rehabilitación a conseguido, verdaderas joyas trogloditas, teniendo una fuerte demanda turística, sobre todo por ciudadanos británicos y alemanes entre otros.
Estas agrupaciones de cuevas, históricamente estuvieron ligadas a la orografía del terreno, el mismo nombre de Albaicín, no se explica sin un lugar en pendiente, (termino que de forma habitual se suele confundir con “arrabal”, cuando este tiene etimología diferente). El arrabal es un diseminado poblacional fuera de extramuros, lo que entendemos como a las afueras de la población, mientras que el albaicín, cumpliendo las premisas del anterior arrabal; sin embargo tiene que reunir las características de estar en pendiente, permitiendo la excavación en cueva.
Los moriscos:
El termino morisco se refiere a los pobladores de cultura árabe; que a partir del año 1505, optaron por cristianizarse y si no aceptaban, la alternativa era la expulsión, de esta primera medida, el priorato de Uclés, al que pertenece Campo de Criptana, conto con una población de cerca de dos centenares de personas, pero la gran llegada morisca a la Mancha en general y a Criptana en particular, se produce tras la derrota de los moriscos en la guerra de las Alpujarras. Con la llegada de estos desterrados a esta villa criptanense, la zona designada para establecerse, fue donde la ladera se hace más pronunciada, ocupando algunas de las cuevas ya existentes, muchas de ellas que venían siendo utilizadas por moriscos locales como viviendas de huso secundario y terciario, muchas de estas fueron adaptadas para los nuevos vecinos, que por necesidad se vieron obligados a construir otras nuevas, hasta conformar un censo próximo a las quinientas cuevas habitadas.
La transformación habitacional:
A medida que la vida fue evolucionando entre estos nuevos vecinos, fueron transformando sus cuevas en casas con tejado, en muchos casos por razones de prestigio taparon las viejas cuevas, pero en otros casos más inteligentes, supieron conservar dentro de la nueva casa, el aljibe y la cueva, que paso a convertirse en lugar de conservación de alimentos, “la fresquera natural”, y el aljibe elemento de origen árabe, como su nombre nos indica y de suma utilidad, que recogía el agua de lluvia, permitiendo el abastecimiento de agua sin desplazarse del hogar. De esta época también tienen su origen los conocidos como pozos de nieve, muy ligados a la cultura árabe, tanto en bebidas, la gastronomía, así como su empleo en medicina, no olvidemos que el hielo durante mucho tiempo se utilizó como anestésico, tanto en operaciones como en traumatismos.

El humilladero:
Para muchos resultara sorprendente saber el origen de este elemento urbano; conocido como “Cruz de Santa Ana”, que en su origen marcaba el límite entre la zona urbana y el (arrabal/albaicín), y el (núcleo central de la villa), el nombre como se le conoce en la actualidad, posiblemente tenga su origen en la construcción de la ermita de Santa Ana. Sobre el significado de este elemento; durante toda la Edad Media, todos los núcleos urbanos del orbe cristiano, instalaron tanto en las entradas como en las salidas de las poblaciones, una serie de elementos, unas veces cruces, otras pequeñas ermitas, donde tanto los visitantes como los que partían del lugar, se postraban y humillaban ante la divinidad, la instalación siempre estaba ubicada al pie del camino de entrada y salida de los núcleos de población.
Muchos de estos humilladeros, con los sucesivos ensanches de las poblaciones, fueron quedando en el centro urbano, adornando plazas y lugares emblemáticos, de las diversas poblaciones, como este de Santa Ana.
El Albaicín:
Este barrio troglodita en su origen tiene varias fases, pero yo voy a centrarme en tres de las más importantes; tenemos una primera que se corresponde con su pasado árabe, un territorio constreñido a lo que fueron los extramuros, de la fortaleza árabe, cuyo castillo estuvo ubicado en el espacio que hoy ocupa la ermita del cerro de la Paz, y cuyo epicentro se sitúa en torno a las fuentes del Moco y el Caño.
La segunda fase podíamos decir, que coincide con la conquista cristiana y la administración de la Orden de Santiago, durante este periodo su población más relevante, se correspondía con moriscos autóctonos, esto es moriscos que a partir del año 1505, fueron obligados a convertirse al cristianismo, recibiendo por parte de la corona castellana dos opciones:
La primera bautizarse y convertirse al cristianismo o tomar el camino de la expulsión, (no cabe duda que todos salvo alguna familia importante, opto por la primera. Estos moriscos criptanenses; fueron los autores de la primera expansión del gran Albaicín, extendiendo la aglomeración de cuevas a lo largo de buena parte de la ladera criptanense.
Pero el mayor desarrollo del Albaicín, que en la práctica supuso el gran ensanche urbano conocido hasta entonces por la villa de Campo de Criptana, fue coincidente con el final de la Guerra de las Alpujarras año 1571 y la posterior condena al destierro de los habitantes de las Alpujarras, ordenada por Felipe II, estos perdedores de la guerra, se vieron obligados a abandonar sus hogares y sus pertenencias, condenados al destierro en tierras de la Mancha.

La larga marcha a pie recorriendo buena parte de nuestra península, desde las montañas que lamen el Mediterráneo, (lo que hoy entendemos como los “pueblos Blancos”), hasta su llegada a la Mancha, cualquier viajero hoy que transite por ese territorio, desde la comodidad que nos prestan unos vehículos dotados de todas las comodidades, (imaginar un mes de febrero, con los rigores propios de la estación invernal, personas mayores, niños de escasa edad y mujeres jóvenes, ya que los hombres jóvenes habían sido mandados a galeras).
Es fácil entender lo penoso de esta agónica marcha, tanto que fueron muchas de estas personas las que se quedaron por el camino, a todo esto por los pueblos que transcurría la expedición, eran mal recibidos, insultos y apedreamientos, fueron una constante, hasta tal punto que los soldados que daban escolta, decidieron hacer la marcha de noche y dormir durante el día en campamentos improvisados.
El objetivo encomendado a la soldadesca, era su distribución por las diferentes villas manchegas; reparto según el número poblacional, a su llegada a Campo de Criptana, por censo de habitantes le correspondió admitir a unas cuantas familias, aproximadamente unos cuatrocientos cincuenta individuos. Este grupo de nuevos vecinos fue ubicado en el Albaicín, en principio sufrió un periodo de hacinamiento, pero de forma paulatina, con sus manos y la ayuda de moriscos criptanenses, fueron construyendo nuevas cuevas, hasta completar un censo superior a las cuatrocientas cincuenta, según hemos podido comprobar en diversos archivos.
La transformación habitacional:
Entendemos por transformación habitacional, la reconversión de muchas de las cuevas, en viviendas mistas, la mayoría de ellas conservando sus aljibes y parte de la cueva, que seguirán utilizando durante siglos para refrescar y conservar los alimentos, mientras que los aljibes facilitaban el abastecimiento de agua potable, con la llegada de la red de abastecimiento moderna, los aljibes prácticamente an ido desapareciendo, no así las cuevas que muchos hogares las guardan como un tesoro. Estas casas de herencia troglodita, por lo general con cubiertas a dos aguas y protegidas de teja árabe, integradas en la trama urbana, fueron conformando una gran parte de la trama urbana de la actual villa de Campo de Criptana, surgiendo calles con nombres como la del Sol, calle Nueva, calle Buena Vista entre otras muchas, en su caminar pausado por ladera abajo, estas construcciones salieron al encuentros del humilladero, que hoy conocemos como “Cruz de Santa Ana”, para cualquier foráneo que nos visite, puede darse cuenta, como la actual calle de Santa Ana, es una línea recta, que físicamente, parte en dos el casco urbano de la villa.

Es importante saber cuáles eran los oficios de estos moriscos; su principal dedicación era la agricultura, trabajando en casa de hacendados, como bien podemos hallar en los archivos de Uclés censo del año 1589, la relación es muy amplia si bien como decía muy relacionados con el agro encontrándonos con; bracero, jornalero, hortelanos, labradores, en este mismo censo vemos también la figura del, Alpargatero, Costurera, Cantero, Esterero, Tintorero, Cestero, Tejedora de lienzos, Cerrajero, Calderero, Herrero, Entallador, Guantero, Zapatero, Carpintero, Arcabucero, Cordonero, Pintor, pero también llama la atención uno tan refinado y artístico como joyero.
La expulsión de los moriscos:
La Mancha en aquel tiempo fue un ejemplo de acogida; hasta el punto que cuando se promulga la expulsión, en distintos lugares se produjeron actos de resistencia, como destaca el investigador, Trevor J. Dadson, con lo ocurrido en la población cercana a Campo de Criptana, Villarrubia de los Ojos, pero sin tener esta relevancia Criptana quizá empleo una formula muy inteligente y al mismo tiempo discreta, por un lado los que trabajaban para casas de agricultores, previamente adoptaron el apellido de estos y otros también con anterioridad, habían castellanizando los suyos, la mayor parte de los apellidos compuestos, que portan el de alguna población, se corresponden con esta época.
Es de destacar la estrategia llevada a cabo por las autoridades de aquel momento para eludir la orden real, como hemos visto anteriormente, ya se había producido la castellanización de apellidos, pero la respuesta en cuanto a que en la villa no había moriscos, el argumento fue imaginativo.” Los moriscos asentados en esta villa, hace tiempo que emigraron a Murcia para trabajar en la seda”.
De todas formas este grupo de cristianos nuevos; siempre estuvo sometido a la lupa vigilante de la Inquisición, por esta razón la llegada al hogar de nuevos hijos e hijas, eran nombrados con referencias de connotación muy cristiana, en niños alguno como, Deogracias y en niñas los nombres muy comunes de, Sacramento, Custodia, Sagrario, Iluminada, Presentación entre otras, hoy estos nombres están un tanto en desuso, entre los nuevos niños y niñas criptanenses.
La herencia cultural morisca:
Uno de los contagios que más llaman la atención; sobre todo para el viajero curioso, posiblemente sea el blanco y añil, con la que se revisten las edificaciones, esta costumbre traída por los moriscos granadinos, es la que hace despertar la admiración de los visitantes, cuando transitan por el Albaicín criptanense, pero esto no tiene como fundamento la estética, en regiones como la manchega y andaluza, con un sol que se muestra en el estío con una fuerza abrasadora , el enjalbegar las casas de cal, hacen que esos rayos del astro rey, sean repelidos permitiendo que los hogares puedan soportar esas temperaturas tan extremas sobre todo en los tórridos veranos, pero si hay una característica que resalta son esos zócalos de color añil, tan característicos del origen morisco, perdidos en sus Alpujarras de origen y conservados aquí, porque así lo quisieron aquellos nuevos manchegos.
Pero la herencia en la arquitectura; no se quedo anclada en la imagen exterior de estas fachadas, a nivel práctico contamos con elementos como los aljibes, una solución árabe como su propio nombre indica, elemento clave en muchos hogares, solucionando el abastecimiento de agua, en épocas de escasez de lluvias como suele ser habitual en estas tierras manchegas. Los contagios culturales no se quedaron tan solo en la arquitectura, viendo como todos los ámbitos sociales fueron dejando su huella, hasta el punto que entre la población, si hiciéramos un sondeo para saber si saben el origen de recetarios de cocina, vestidos como la saya en la mujer o la blusa en el hombre, seguro que una gran mayoría no sabían decir su origen.
En cuanto a la gastronomía; la mayoría del recetario popular manchego y criptanense en particular, está radicado en esta época medieval, un recetario de lo que hoy entendemos como cocina mediterránea, las ensaladas y sopas frías de verano, pero también platos que son protagonistas en nuestras fiestas populares, como la caldereta y las gachas. Sobre la caldereta diré que es un plato de labradores moriscos, en cuya cultura estaba muy arraigado el consumo de cordero, al contrario de los compañeros de tajo, que eran castellanos viejos, cuya base alimenticia era proveniente del cerdo, lo cierto es que hoy no tenemos fiesta en cualquier población manchega, que no contemple “un concurso de calderetas”. En el panorama etnográfico, vemos también como está plagado de referencias moriscas, un ejemplo lo tenemos tanto en el cancionero como en el catalogo de instrumentos populares, tanto de viento, cuerda y percusión. En cuanto al cancionero, tenemos una curiosidad, se trata de los hoy conocidos como villancicos, estos cantos populares con los cuales aquellos cristianos nuevos, celebraban el solsticio de invierno y que eran de baja consideración, con letrillas humildes no muy bien consideradas por las clases más cultas del momento; sin embargo hoy aquellos cantos, an sido reconocidos por la sociedad con toda normalidad.

Conclusiones:
El artículo de hoy viene provocado, por la buena noticia que supone la recuperación de una cueva, que permanecía en el más absoluto olvido, tanto por lo que supone de recuperación del patrimonio, pero también porque representa, un elemento que invita a conocer un hábitat muy común y generalizado en toda la geografía peninsular, pero sobre todo en Campo de Criptana.
Las causas del abandono:
No debemos perder de vista, lo que supuso esta tipología habitacional, durante los postreros años de la guerra, décadas de los 40/50 del siglo pasado, sus moradores sufrieron estigmatización solo por su condición, de pertenecer a una clase humilde, que ellos no habían elegido, pero las penurias y consecuencias originadas por los acontecimientos bélicos, supuso para estas personas, vivir con el estigma de “cueveros”. Estoy convencido que esta condición de estatus, ha sido la causa principal del abandono de estas cuevas, estas gentes que habitaban por necesidad estas cuevas en cuanto pudieron, salieron de allí, tratando de olvidar la pasada experiencia. Este abandono fue el principal colaborador, para que hoy la mayor parte de estas cuevas, pervivan tapadas por los escombros del olvido, pero la mayoría están suplantadas por una mayoría de casas, que si en su origen fueron cuevas, hoy son casas que participan del entramado urbano general.
Recuperación del patrimonio:
Creo firmemente que los poderes públicos; tienen el deber de recuperar, poner en valor y conservar el patrimonio etnográfico y artístico, en el caso que nos ocupa, hay que reconocer la iniciativa tomada para la recuperación de una de estas cuevas que permanecían en el olvido, descubierta cuando se pretendía hacer una obra en el entorno. Sería de desear que se trabajara en un proyecto de recuperación, por lo menos de las cuevas que existen en la franja que limita con la Sierra de los Molinos, sobre todo haciendo uso de resultados comparados, como los de Guadix, Galera en Granada, pero también otros no muy lejanos como los de Alcalá del Júcar y Chinchilla de Monte Aragón, en tierras de Castilla la Mancha. Las posibilidades de estos habitáculos recuperados, son varios y muy diferentes, desde el panorama cultural, la oferta museística para conocer cómo era la vida de estas personas, hasta la ampliación de oferta formativa, como puede ser, talleres escuela que impartan conocimiento y formación para jóvenes de la localidad.


