MICRORRELATOS AL VUELO II

Queridos amigos y lectores de Granada Costa, hoy les traigo un nuevo recopilatorio de diminutos microrrelatos (si se me permite el pleonasmo) de mi autoría. El primero, ANA, es un breve diálogo con palíndromos. DESPEDIDA se inspira en tiempos de pandemia, mientras que LA RED es más antiguo. ¿CUÁNTOS LUNARES? y LA NEGRA (autobiográfico este último) cierran el breve recopilatorio. Deseo que lo disfruten.
Ana
―¿Atará la Ana a la Rata?
―A rata Ana atará.

Despedida
¡Bendita pandemia!
Gracias a ella desarrollé la sana costumbre de burlarme de los demás en su cara. Lo hacía escondida tras mi mascarilla y nadie se daba cuenta. Inventaba muecas terribles e imposibles con la boca, parodiando a mis interlocutores, o les sacaba la lengua como cuando era niña, pero siempre con la ventaja de no ser vista.
Practicaba tan saludable arte con todo el mundo: familia, amigos, compañeros de trabajo, la cajera del supermercado, el conductor del autobús… Y me divertía mucho haciéndolo, sí. Al menos hasta que olvidé ponerme la mascarilla.
Sí. Sucedió esta misma mañana, para mi desgracia. Fui consciente de mi despiste demasiado tarde, al no sentir el habitual tacto y el áspero sabor de la mascarilla en la punta de mi burlesca lengua. Y, sobre todo, lo noté al ver brotar, a la vez, el enfado y la ira en el rostro del que, hasta hace unas horas, era mi jefe.
¡Maldita pandemia!
La Red
Aquel viejo, gordo y peludo espécimen de araña se dedicaba a tejer trampas para jóvenes muchachas que, seducidas por su nombre de usuario ―Spiderman―, acababan concertando una cita con él a través de aquella poderosa red que tan bien manejaba: Internet.
Luego las esperaba escondido, vigilando sus movimientos, planeando cómo y cuándo caería sobre ellas para poseerlas. Ana no sería una excepción.
Le pareció más mayor de lo que le había dicho en el Chat, pero eso solía ser lo normal. Resignado esperó, como siempre, a que se marchase para seguirla y, al doblar aquel oscuro callejón, supo que era el momento. La chica se había metido en su trampa.
Instantes después, sin embargo, cuando aquella astuta mujer policía lo detuvo, el tal Spiderman supo que era él quien había caído, como un pardillo, en la red.
¿Cuántos lunares?
¿Cuántos lunares hacen falta para subir al cielo y bajarte la luna? ¿Cuántos lunares son necesarios para tapar el sol? ¿Cuánto cuento le echas para evitarme? ¿Cuántos cuentos lunares habría que contarte para que pidas mi protección?
Firmado: Tu protector solar.
La negra
Aún hoy me gusta la negra.
Durante años la he buscado, pues a pesar de las decepciones, también me ha dado alguna alegría.
La primera vez que escuché sobre ella me iba de viaje a Sevilla, y me la llevé conmigo. Vente, negra, le dije. Y obtuve mi pequeña recompensa, cómo no. De eso hace casi veinticinco años.
Después pasé un tiempo sin saber de ella, pues en vez de buscarla, dejaba que fuese el azar quien la pusiera en mi camino. Muchos de esos encuentros no tuvieron mayor resultado ni recompensa. Ay, negrita, ¿es que ya no me quieres? ¿Por qué no me haces caso?, le decía.
Pero un día, hace cosa de diez años, volvió a portarse bien conmigo ―incluso mejor que la primera vez―. ¡Otra vez la negra! Si es que tengo que quererla.
Sin embargo, volvió a abandonarme. Ay, negra, si tú me quisieras como yo te quiero, no te reirías así de mí, le dije un día. ¡Y vaya si se rio con crueldad! Fue un junio de hace años. Y aún hoy, tonto de mí, la sigo queriendo y buscando.
Fue casualidad, como siempre, lo reconozco. No puedo culparla. Fui yo quien no acudió aquella vez, por diversos azares del destino. Me contaron días después que me había estado esperando toda la mañana ―¡y yo estaba avisado desde el martes!―. Ay, negra, si lo llego a saber, me he lamentado tantas veces después. Pero no fui al bar donde solíamos vernos y te fuiste con otro. Ay, negra. Nueve millones de euros, que estarían ahora en mi cuenta, algo esquilmados ya, eso sí, pero, ¡qué casualidad, negra mía!, ese viernes no compré el dichoso cupón…
(NOTA del autor: En ciertas zonas de España los dos últimos dígitos de los cupones de la ONCE tienen nombres. La negra se corresponde con la terminación del 48).
Sergio Reyes
