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María Fernández, una vida entre la enfermería, la antropología y la poesía.

María Fernández, enfermera durante 44 años, antropóloga y poeta premiada, comparte una vida dedicada al cuidado y a la palabra. Su trayectoria une ciencia, sensibilidad y humanismo.

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La voz pausada y luminosa de María Fernández Fernández esconde una vida entera dedicada al cuidado, al conocimiento y a la palabra. Enfermera durante cuarenta y cuatro años, antropóloga por vocación intelectual y poeta por impulso del alma, su trayectoria reúne tres dimensiones que se entrelazan en un mismo eje: el ser humano. Nacida en 1953 en El Valle de las Casas (León) y criada en un entorno familiar marcado por el afecto y la constancia, María creció entre los ecos del barrio de San Martín, los tebeos del quiosco del portal y las conversaciones que despertaron en ella una curiosidad infinita por el mundo.

Su vida profesional comenzó en Madrid en 1974, ciudad que la recibió con vértigo y que, con el tiempo, se convertiría en su hogar definitivo. Allí construyó una carrera ejemplar como enfermera, desde la que aprendió —como ella misma dice— a colocar cada problema en su justa medida, siempre desde la empatía, la escucha y la humildad. Paralelamente, el estudio de la antropología le permitió comprender al ser humano desde otros ángulos, confirmando su convicción de que la cultura, la memoria y la experiencia son bases esenciales para entendernos.

Hoy, ya jubilada, María vive una etapa plena en la que la poesía ha tomado un lugar central. Ganadora del premio Sócrates de las Letras, de la Estrella de Oro Miguel de Cervantes y del Certamen de Poesía Mística Clementa López, comparte una obra íntima, madura y profundamente humana. En esta entrevista, repasa su vida con serenidad y gratitud, invitando al lector a descubrir la riqueza de una mujer que ha hecho de la sensibilidad su mejor legado.

María, ¿Dónde y cuándo nació?

Nací en El Valle de las Casas, provincia de León, el 28 de abril de 1953.

¿Qué recuerdos guarda de su pueblo natal?

A los tres años me fui de allí, a León, donde viví con mis tíos, hermanos de mi madre, hasta que, al terminar la carrera de enfermería, a los veintiún años, me fui para Madrid. Los recuerdos de mi pueblo natal en la época infantil se deben a días de vacaciones, estancias cortas.

¿Cómo era la vida familiar en aquella tierra leonesa de su infancia?

León era una ciudad tranquila, me sentía cómoda en ella, eran años en los que los niños jugábamos en la calle y aprendíamos a movernos en la ciudad sin ningún problema.

¿Qué valores le inculcaron sus padres durante aquellos primeros años?

Mis tíos ejercieron de padres cariñosos, estaban encantados, solteros los tres, dos hombres y una mujer, hermanos de mi madre, de tener una niña a quien cuidar. Pero no fui una niña consentida, se me educó en valores como la constancia, la educación, el trabajo bien hecho, la empatía…

¿Tiene alguna anécdota entrañable de su niñez que aún conserve viva en la memoria?

Uno de los tíos, Emiliano, se disfrazaba de Rey Mago, Baltasar, y me llevaba los juguetes, despertándome cuando ya dormía. Años después me contó que se tintaba con corcho quemado. Nunca sospeché que Baltasar fuera Emiliano, y durante años, viendo la cabalgata, sentía que el Rey Baltasar, que iba en camello por las calles de León, me miraba y me guiñaba un ojo.

Domingo de Ramos en Leon. 1957

¿Cómo describiría el ambiente de León y sus gentes cuando era pequeña?

León era, y es, un lugar maravilloso. Vivíamos en el barrio de San Martín (hoy barrio Húmedo), un lugar repleto de bares, tiendas y con mercado en la Plaza Mayor los miércoles y los sábados; recuerdo como se llenaba de gente que venía de los pueblos a vender sus productos, y a mi tío Antonio recorriendo los puestos y regateando precios. El barrio era un lugar frecuentado por todos los leoneses debido a la abundancia de comercio, y de bares para el “chateo”.

¿Qué papel tuvo la naturaleza en su infancia y como cree que influyó después en su poesía?

Íbamos desde León al campo, según las diferentes épocas el día estaba dedicado a coger setas, cangrejos, o a pescar bogas y barbos.

En el verano iba al Valle, y allí participaba en la trilla en la era, en la recogida de garbanzos o judías o, en ir a “apañar” hojas y yerbas para los cerdos. Ordeñar no me gustaba, me daba miedo por si la vaca me daba una patada, y era una aventura subir al carro tirado por las vacas de la casa, Estrella y Bardina.

La tierra donde nací es hermosa, pero yo pasé mi infancia en la ciudad, y creo que fue ésta y los acontecimientos y lugares que rodearon mi vida, lo que ha influido en mi poesía.

¿Cuándo comenzó a sentir interés por la lectura y la escritura?

Recuerdo que siempre me ha gustado leer; a casa llegaban diariamente los periódicos locales y los nacionales, además de los que se editaban semanalmente. El quiosco instalado en el portal del edificio era una promesa de tebeos y de novelas que cambiábamos allí mismo por unos pocos céntimos. En cuanto a la escritura, en mi niñez disfrutaba más de lo que me ofrecían Julio Verne, Marcial Lafuente o Enid Blyton; no creía que yo pudiese componer poemas con princesas tristes o lagartos llorosos por la pérdida de un anillo, eso sí, les recitaba con gusto.

¿Recuerda cuál fue el primer libro o poema que la conmovió profundamente?

Recuerdo “Corazón” de Edmundo de Amicis, leído varias veces, y con el paso de los años descubrirle de nuevo en cada lectura.

Los poemas de Lorca y de los Machado, que figuraban en los libros de texto, se han quedado en mi memoria.

En su infancia, ¿hubo algún maestro o figura que despertara su curiosidad intelectual?

En casa había interés por los acontecimientos y gusto por leer; mis tíos fueron las figuras que influyeron en mí en este sentido.

¿Dónde cursó sus estudios primarios?

Fui, desde que llegué a León, a un colegio privado regentado por unas hermanas, maestras, muy religiosas. A los diez años hice el ingreso en el instituto femenino Juan del Encina, donde cursé todo el bachiller.

¿Cómo recuerda aquella etapa educativa?

Son muy buenos los recuerdos que me acuden a la memoria. Me gustaba el colegio, me gustó el instituto. Me gustaba enterarme de lo que había por el mundo. Estudiar era costoso, pero había que hacerlo, había que aprobar el curso.

¿Qué la llevó a decidirse por estudiar enfermería?

Para quedarme en León había pocas opciones. Eso, unido a que me gustaba el trato con la gente, y a que el servicio social -que debíamos hacer las mujeres entonces, -yo lo llevé a cabo en un consultorio para la erradicación de la tuberculosis, me decidió a presentarme a las pruebas de selección en la escuela de enfermería, que dependía de la universidad de Oviedo.

Practicas de enfermería durante la carrera

¿Qué valores considera esenciales en esa profesión tan vocacional?

Sobre todo, la paciencia y la empatía.

¿Cuáles fueron los mayores aprendizajes que obtuvo durante su carrera sanitaria?

Situarme cada día al lado del que verdaderamente sufre me hizo ver lo relativo de los problemas que nos acucian, me ayudó a poner en un lugar real lo que yo creía que eran problemas irresolubles. Preocuparme por “el otro”, escuchándole sin impacientarme me dio la medida de lo que el ser humano debe ser.

Se dice que la medicina nació cuando un hombre se preocupó del sufrimiento de otro hombre; estoy de acuerdo con esto, pienso que la fuente de la humildad, la generosidad, la caridad, está en el ejercicio de la enfermería.

Estoy orgullosa de haber ejercido esta profesión.

Además de enfermería se licenció en Antropología Social y Cultural. ¿Qué le motivó a ampliar su formación?

Profundizar en el conocimiento del hombre, de esta humanidad que se hizo a sí misma.

Es apasionante adentrarse en el recorrido de estos seres que han ido avanzando hasta llegar a hoy, capaces de fantásticos logros a todos los niveles, científicos y humanos; aunque de esto último haya mucho que objetar, o que aprender, quizás investigar.

¿Cómo se complementan la enfermería y la antropología en su forma de ver el mundo?

Veo el mundo a través del ser humano, disculpando sus fallos y ensalzando sus logros, teniendo en cuenta el sufrimiento que le acoge y su capacidad de superación.

El conocimiento, a través del estudio, de otras sociedades, de las diferentes formas de estar, de utilizar los medios, de avanzar hacia lo que resulte beneficioso, me ayuda y me reafirma en mi convicción de que merecemos la pena, aunque la enfermedad física nos derrote, y aunque nuestros defectos anímicos nos devengan en seres desagradables.

¿Qué le aportó su experiencia en el Instituto Madrileño de Antropología?

Contacté con personas que estudian seriamente la sociedad; aprendí de ellos que es importante profundizar en los hechos sociales, saber por qué y cómo se producen, encontrar soluciones a problemas mediante su estudio.

Durante su larga trayectoria profesional ¿hubo algún caso o vivencia que marcara su vida?

No hubo solo uno, fueron varios los que me siguen impactando cuando les recuerdo. Desde mis primeros pasos en las prácticas de la carrera, hasta el último día de trabajo en el hospital, me vienen a la cabeza caras y conversaciones.

¿Qué significa haber dedicado 44 años al cuidado de los demás?

La consciencia y conciencia de ser una persona afortunada; no recuerdo un día de esos 44 años, en que fuera a disgusto a trabajar, a pesar del cansancio o los posibles problemas personales.

¿Cómo fue compaginar su trabajo con su vida personal y familiar?

En ningún momento fueron un problema las guardias de nocheo de festivos, mi familia y yo teníamos asumido el especial trabajo que había elegido.

¿Qué papel han tenido sus amigos en su recorrido vital?

Me pongo a recordar mi trayectoria amistosa desde aquellos primeros años y encuentro risas, complicidad, empatía y añoranza por los que ya no están y por aquellos a los que perdí la pista.

¿Conserva amistades de aquella primera etapa en León o Madrid?

Si. En León tengo un grupo de amigas de la niñez (“Las niñas de Matasiete 13”) que nos reunimos al menos tres veces al año; y también el grupo de alumnos de enfermería, que nos vemos cada año.

Aquí en Madrid están todos aquellos con quién establecí mi primer contacto profesional, y mis amigos poetas, amantes de la literatura.

¿Cuándo decidió establecerse definitivamente en Madrid?

Desde el momento en que llegué aquí, en 1974. La ciudad y el modo de ejercer la profesión me convencieron al instante.

Tengo un poema(Gratitud) dedicado a Madrid, que lo ilustra muy bien.

¿Cómo fue adaptarse a la vida en la gran ciudad?

León es una ciudad en la que todo está cerca; Madrid me hizo sentir un cierto desamparo, pero esa sensación fue breve en el tiempo.

¿Qué papel ha tenido la cultura en su día a día durante estos años?

Es mi manera de estar en el día a día ocuparme de lo que ocurre a mi alrededor.

Traía inoculado el interés por el arte (cine, literatura, pintura, corrientes sociales…), con lo que, aún en los años en que los niños eran pequeños, mi acervo cultural no disminuyó.

¿Recuerda el momento en que decidió jubilarse y cómo vivió ese cambio?

Me jubilé con 65 años y no me gustó hacerlo, aunque no podía hacer otra cosa. No fue un cambio muy satisfactorio los primeros tiempos, pero encontré mi sitio.

¿La jubilación la permitió encontrarse con la poesía o ya la acompañaba desde antes?

La poesía me ha acompañado siempre. He seguido escribiendo durante mi actividad profesional.

¿Qué la inspiró a publicar su primer libro “A propósito de vida?

Este primer poemario, el libro físico (los poemas son una recopilación de mi pulsión vital), es fruto de la adjudicación del primer premio en el “I certamen de poesía mística escritora y poeta Clementa López”. Creo que sin este empujón no me hubiera atrevido a publicarlo.

¿Qué emociones quiso transmitir en “Surcando el viento”?

“Surcando el viento” es también un recorrido por los sentires que nacen de los días vividos, dejándome llevar por las emociones, sin ponerles freno.

¿Cómo describiría su estilo poético y que temas predominan en su obra?

Creo que mi estilo es sencillo, descriptivo de emociones que viven conmigo y que son provocadas por la experiencia. Predominan en mi obra temas referentes a la decepción, el perdón, el amor, la esperanza, el miedo…

¿Qué papel juega la memoria y la experiencia vital en sus poemas?

Es fundamental el acervo de memoria y experiencias a la hora de escribir, de dejar que el sentimiento aflore.

¿Cuál de sus obras o poemas considera más representativa de su voz interior?

Me decanto por mi poema “Camino”, y por el resto de mis poemas místicos. Tengo escrito un poemario místico “Caminar la Vía”, inédito, que creo retrata fielmente mi aspiración a esa eternidad tan dudada a veces.

¿Qué significa para usted haber sido reconocida con premios como el Sócrates de las Letras y la Estrella de Oro de Miguel de Cervantes?

Es un honor con el que no me hubiera atrevido a soñar, y , aunque parezca un lugar común la expresión, es totalmente cierto.

¿Qué sintió al recibir el premio por su poema “Camino” en el I Certamen de Poesía Mística Clementa López?

Incredulidad; la lectura del fallo del jurado necesitó más de una vuelta al texto, y corroboración por parte de quienes estaban presentes en ese momento.

Después la emoción y la sensación de que mereció la pena la decisión de participar en el Certamen.

¿Cómo vive su pertenencia al Proyecto Global de Cultura Granada Costa?

Con agradecimiento a todos cuantos componen el elenco del Proyecto. Me siento apreciada “in extremis”. Los premios Sócrates de las Letras y la Estrella de Oro de Miguel de Cervantes son testigo de ello.

¿Qué mensaje le gustaría transmitir a los nuevos autores que comienzan en el mundo poético?

Que crean en ellos, que confíen en su capacidad para expresar lo que desean, que participen en certámenes para afianzar su valía. Es importante sentirse reconocido.

Después de tantos años de vida profesional, cultural y humana, ¿Cómo definiría su filosofía de vida?

Vive y deja vivir es mi máxima. Reconocer y escuchar al humano que tengo al lado; no juzgar y esperar siempre lo mejor de todos nosotros.

Y, por último, ¿qué sueña aún con escribir o vivir en los próximos años?

Quisiera escribir una novela que gustase al lector hasta el punto de hacerle olvidar el tedio y los problemas.

Y vivir una y otra vez la sensación de estar con todos aquellos que me acompañaron y me quisieron bien.

José Segura Presidente del proyecto de Cultura Granada Costa

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